25.
tú eres una especie de Matisse
me dijiste
mientras bebíamos
en una callejuela estrecha un vino barato de la casa
jarras de pingüino aromas de tabaco
tú eres un sillón suavecito
estampado de flores, tejido con Montes Fujis
made in China
donde espero poder desparramarme
al final del día
44.
no vemos a las cosas
hacerse añicos
y en el instante inmediato
en que suceden
no notamos una vértebra
cuando se rompe blanquecina
mineral y porosa
en hilachos
no vemos las puntas de las uñas
pasar de rosas a blancas
o un hilo plateado despuntar en el mar
espeso de cabellos negros
no vemos, grado a grado,
la temperatura bajar de tarde
ni la tristeza menguar por las horas
las cosas de repente son
una caries
un paso y de repente un tropiezo
algo mordido
una rasgada en el vestido nuevo
un collar de perlas, las perlas
regadas por el suelo
el café que ya se enfrió
55.
¿qué sucedería con los poemas
si les agregáramos materia sólida
si, como en las canciones,
donde hay sonido voz cuerdas de metal
depositáramos
alguna savia y un poco de aire?
si lanzáramos sobre ellos
un puñado de semillas
y entonces nos sentáramos para esperar
por mucho tiempo
algún movimiento sutil
alguna oscilación inaudible
sólo un pliegue que fuera
sobre la página un pequeño rumor
de cualquier tipo, capaz de levantar
del suelo blanco alguna voz
lo que le sucedería a los poemas
si pudiéramos esperar un poco más
56.
escribir no es comenzar
es casi siempre cortar en seco
el día a la mitad, una manzana por mitad
la superficie intacta de una piscina
tirando agua por los bordes
lanzar un bumerang
afeitar los pelos en sentido contrario
escoger una palabra nueva
apartar el matorral verde claro
del camino
escribir no es lanzarse al vacío
es tener en el bolso dos o tres piedras
recolectadas en la calle
y arrojarlas en el agua
observar de cerca
el movimiento rotatorio que hacen
hasta hundirse en la arena
72.
quizás no estaría
retocando los versos durante meses
golpeando las esquinas y el barandal
y apenas escupiera sobre ellos
alguna cosa cualquiera
hecha de saliva o algo amargo
–tal vez un analgésico
y eso fuera, la saliva
que cintilaría a nuestros ojos
y no el poema
Traducción de Sergio Ernesto Ríos



