Por Flora Nakazone
Madre, tu oscuridad sin manos quema en mí.
Que tu cerques mi silencio
con lluvia olvidada, pétalos de ella
Que tu cerques mi silencio
hasta que yo sólo pueda decirlo
Cuando amé,
yo estaba sola y un árbol ardía a mi lado
El destino quema como la primera visión del rostro de la madre.
Soy un dios inocente–
Quiero el amor muerto
en mis manos.
Yo espero. Yo digo palabras nulas al viento.
Mi sueño es la respiración inmóvil del miedo.
Tú no mueres. Sombra escurriendo oscuridad adentro. La
respiración inmóvil es un cielo dentro de mí. Yo me recuesto
bajo el cielo envejezco sin que nadie vea.
Al acercarte, ve:
no hay exuberancia.
Hay pobreza–
Hay esta muerte
de orquídea.
La boca es la marca de mi orfandad.
Lo átono floreció en los ojos.
La mano que imitó el viento
raya un pez en la arena.
Yo escucho
la mano con un pájaro dentro.
Traducción de Sergio Ernesto Ríos


