El día que salí a ver las flores, llovía

Desde que leí a Aya Koda, pienso en el ímpetu de los árboles, en el esfuerzo que han hecho por crecer, por estar vivos. Los escucho gritar.

octubre 30, 2026

Por Gilma Luque

Notas sobre Árbol de Aya Koda

En casi todos los lugares en los que he vivido hubo uno o varios árboles que le dieron sentido al paisaje. Como las dos gomeras frente a la casa de Louisiana en la colonia Nápoles: altas de troncos gruesos y oscuros y un follaje tan abundante que apenas permitía que llegara el sol a través de las ventanas orientadas al sur, razón por la que la casa era fría y Fátima, mi gatita, buscaba el calor a un lado del refrigerador o sobre el módem. Cuando vivimos en la colonia Narvarte, desde la ventana que daba a la calle Concepción Beistegui, veíamos una hilera grande de jacarandas que, cuando estaban en flor, daban un espectáculo violeta. Bembo, mi gatito, no tenía problemas de frío porque la casa tenía múltiples ventanas que lo dejaban seguir el transcurso del sol desde el amanecer hasta el ocaso. Ahora vivimos frente al árbol de flores amarillas llamado lluvia de oro y en verano iluminan el comedor donde vemos colibríes, abejorros, gorriones y mariposas.

Muchos años antes, en Guanajuato, renté una casa casi en ruinas en la colonia Pastita por dos razones: la primera fue un limonero con plaga (eso no lo sabía) que estaba en el patio, y la otra fue porque el sol del oriente bañaba la mesa de la cocina, y la estufa vieja, bien cuidada. En Sorel (Quebec), más que la nieve, me impresionaron los arces del otoño y los múltiples colores de sus hojas antes de caer. Flor, mi perra, se aventaba a las hojas secas que parecían alfombrar el parque. Me pregunto cómo es que podemos estar entre árboles y no vivir impresionados al contemplar, por ejemplo, los troncos de los eucaliptos tan altos, grises y lisos o las plantas bicolor del álamo plateado cuando se mecen por el viento.

Conocí a un poeta albanés que un día que talaban un árbol sobre Félix Cuevas le dijo al fresno: ¡Grita! Esa anécdota me la contaron en un bar al que fuimos varios amigos el día de su muerte para brindar por él. También recuerdo el cuento El árbol de María Luisa Bombal, donde la protagonista no se da cuenta de la realidad hasta que ya no puede negarla a causa del vacío y la luz que deja el árbol talado frente a la ventana de la habitación matrimonial.

Árbol, de Aya Koda, no tiene una trama, pero sí un hilo conductor: el respeto por los árboles y por la naturaleza en general que tiene una niña que intenta adivinar a qué árbol pertenecen las hojas que su padre le muestra; los celos que siente porque su hermana responde sin dudar; y, tras la muerte de la hermana, ella y su padre en un jardín ajeno, en medio del silencio de las glicinas, la misma planta que no le comprará a su propia hija años después, cuando ya sea la madre soltera que ha vuelto a vivir con su padre.

Acompañamos a la narradora en sus visitas a distintos bosques en busca de una experiencia específica como la de los árboles caídos y su renovación (de los muertos nacen otros) como el Ezo o los cipreses hinoki en las distintas estaciones del año. Los árboles callan, dice, se esfuerzan por vivir, hay contratiempos que superar, se acompañan unos a otros, se protegen y sin querer se desamparan. Tienen anomalías feroces que no les permiten pasar a su otra forma de estar vivos: la madera. Recordé a Nicanor Parra cuando dice que los árboles no son sino muebles que se agitan. Vamos a la isla de Yakushima y bajo la lluvia incesante vemos al árbol más viejo del mundo, el Jomon Sugi, de siete mil doscientos años más o menos. En otro viaje nos encontramos ante un cementerio de árboles devastados por la erupción de un volcán, un paisaje que apenas soporta quien lo ve. Sin embargo, ella, la narradora, necesita ver esos fantasmas. Los viajes, sobre todo cuando ya es anciana, se le dificultan por los caminos que tiene que recorrer para llegar al árbol deseado. En una ocasión un hombre del grupo la lleva en brazos. Más de una vez siente expectación ante lo que mirará, pero cada vez termina siendo una experiencia numinosa: raíces grotescas, troncos que en vez de expandirse adelgazan, el tiempo en el árbol, su lucha por sobrevivir.

Árbol es un libro del que no sales ileso. Acostumbro a caminar, tengo la fortuna de que en la colonia donde vivo hay muchos árboles, siempre los miro, los aprecio, pero desde que leí a Aya Koda, pienso en su ímpetu, en el esfuerzo que han hecho por crecer, por estar vivos. Los escucho gritar.

Como siempre, nada sustituye la experiencia lectora. La prosa, las emociones y pensamientos de la autora en ese viaje que hace, desde pequeña hasta su vejez, con el único fin de contemplar las formas de vida de los árboles tan sublimes.

En Perfect Days (2023), de Wim Wenders, un hombre con una cotidianidad que da envidia por simple y llena de hábitos compra Árbol, de Aya Koda. La empleada de la librería le dice que es un gran libro, de una autora que merecía más reconocimiento (como la mayoría de los grandes autores). Los árboles juegan un papel dentro de la rutina del hombre: en su descanso, después de lavar los baños públicos de Tokio, come en un parque y después, con una cámara análoga, hace una fotografía del follaje, que los domingos imprime y clasifica sin ninguna justificación, o al menos no una que sepamos los espectadores. Los árboles aparecen en sus sueños o en un indigente que, con su cuerpo, recrea algunas formas de troncos. La película es bella, los paisajes de Tokio también y el soundtrack (los casetes que escucha el hombre de camino al trabajo en su camioneta) forman parte de la historia, como la canción Lou Reed que da título a la película.

De qué se trata Árbol, de qué se trata Perfect Days. Quizá de la belleza de lo simple.

Gilma Luque (Ciudad de México, 1977) es autora de Hombre de poca fe (Mondadori, 2009), Mar de la memoria (Ediciones B, 2014), Obra negra (Almadia, 2016) y El hombre en el jardín (Hachette, 2025), entre otros libros. Fue miembro del Sistema Nacional de Creadores del año 2020 al 2023.

Compartir:

Artículos Relacionados

Usamos cookies para mejorar tu experiencia y personalizar contenido. Al continuar, aceptas su uso. Más detalles en nuestra Política de Cookies.