Los viernes bajo la velocidad

¿Qué hacer con la memoria? ¿Cómo preservarla y para qué? Sin memoria, no hay historia, y sin historia estamos condenados a repetir errores y a perder la oportunidad de aprender. Lo que percibimos como "original" en realidad tiene raíces profundas en un pasado que, con frecuencia, desconocemos.

noviembre 16, 2024

Por Emma Molina

Hoy, viernes, la aceleración vertiginosa del mundo nos obliga a repensar nuestra relación con el tiempo. La edad, ese sabio consejero, nos susurra sobre la fragilidad de la existencia y la urgencia de valorar cada instante.

Monterrey, un crisol de arte y cultura, vive hoy la ausencia de figuras fundamentales como Marcela Quiroga, directora del CEIIDA, artista, maestra, y amiga, quien logró poner ese espacio misterioso y bello en el mapa cultural del país. Su visión y dedicación demostraron el potencial de un lugar que, bajo su liderazgo, alcanzó un carácter único. Y Virginie Kastel, directora de Plaza Fátima, editora, maestra, curadora y escritora, dejó una marca indeleble un proyecto que, en apenas cuatro años, dio visibilidad a artistas locales e internacionales en un nivel jamás visto. Sus contribuciones al CEIIDA y a Plaza Fátima son un recordatorio del valor de preservar y enriquecer nuestra memoria cultural.

El arte, como lenguaje universal, nos conecta con nuestra esencia más profunda. En este contexto, surge la esperanza de que Alejandra Álvarez, la nueva Secretaria de Cultura de San Pedro, continúe este legado, fortaleciendo y expandiendo la escena artística de nuestra ciudad.

Sin embargo, la velocidad de nuestra vida moderna nos amenaza con el olvido. Las nuevas generaciones desconocen, por ejemplo, que Diego Sada fundó (el)MARCO. Al preguntarles, responden con indiferencia: “¿Quién fue?”. Ignoran la obra y el impacto de figuras como Ramis, y pronto olvidarán también a Memo, recientemente fallecido. Así, nos enfrentamos al inexorable destino de convertirnos en polvo.

¿Qué hacer con la memoria? ¿Cómo preservarla y para qué? Sin memoria, no hay historia, y sin historia estamos condenados a repetir errores y a perder la oportunidad de aprender. Lo que percibimos como «original» en realidad tiene raíces profundas en un pasado que, con frecuencia, desconocemos.

En Nuevo León el arte a menudo queda atrapado en la ficción de su propio aislamiento. Mientras que en otras partes del mundo cuidan su historia con esmero, reconociendo que el pasado es esencial para la madurez y la trascendencia, aquí necesitamos aprender a honrar nuestro propio camino. Solo así podremos distinguir lo que realmente importa, superar nuestras limitaciones y avanzar con un propósito claro.

Preservar la memoria cultural no es solo un acto de reconocimiento; es una apuesta por un futuro más consciente, enraizado y auténtico.

Emma Molina es Galerista. Ha colaborado con Museo Marco y participado en las principales ferias de arte en el mundo, entre ellas Zona MACO y ARCOmadrid. La Galería Emma Molina ha posicionado la obra de creadores de distintas latitudes, siendo un punto de referencia para el arte contemporáneo en la ciudad de Monterrey.

*Carta publicada el viernes 15 de noviembre en las redes sociales de la autora.

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