Apuntes sobre Me acuerdo. Sí, me acuerdo
Por Penélope Montes
Mi primer recuerdo es un sueño.
Anne Carson
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¿Cuál es tu primer recuerdo? ¿Hasta cuándo llega tu memoria? Recordar es bocetar quien eres y registrarlo en un diario es como una rutina de gimnasio.
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Hice una lista para esta charla de avistamientos en el libro o sobre el libro o a propósito del libro.
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Nuestra Anne Carson, del epígrafe de aquí arriba, hizo un rutina de ejercicios con el personaje de Albertine, de la novela En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, empieza así: «El nombre de Albertine aparece 2,363 veces en la novela de Proust, más que el de cualquier otro personaje.»
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Queridos asistentes, su rutina de lectura con el Me acuerdo. Sí me acuerdo podría empezar contando cuantos recuerdos contiene esta lista y en cual de ellos aparecen, aunque la narradora no los nombre obsesivamente como Proust nombra a Albertine.
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En la página 32, tercer párrafo, enuncia la narradora: «Me acuerdo del incendio en PEMEX, San Rafael, 23 de junio de 1988. Ese día cumplí XV años.»
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Yo viví esa explosión: ocurrió a unos cientos de metros de mi casa de la calle Urano, donde Martha, mi madre, preparaba comida para el festejo de cumpleaños de una vecina. Las cazuelas llenas se quedaron sobre la estufa cuando hicimos la evacuación.
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La explosión fue el presagio de que me volvería experta en los nacidos bajo el signo de Cáncer.
Sí, es pregunta.
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En la página 20, tercer párrafo, enuncia la narradora: «Me acuerdo que mi primer poema hablaba de la vida de un escritor.»
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«No me acuerdo de mi vida sin ti» es la frase inicial del primer cuento que escribí en el otoño de 2015.
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En la página 21, octavo párrafo, enuncia la narradora: «Me acuerdo de la máquina de escribir de mi papá: Olivetti Lettera 25.»
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Mi primera máquina de escribir fue un regalo de cumpleaños: una Olympia vintage setentera de cuerpo metálico. Me acuerdo que llegó por paquetería y salí a recibirla en la banqueta, venía embalada con madera y película plástica. Se sintió como si me colocaran una arma de fuego en la sien.
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En la página 22, séptimo párrafo, enuncia la narradora: «Me acuerdo de la noche del concierto de
U2 en el Estadio Tecnológico.»
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La noche anterior a ese concierto de U2, dormí en una tienda de campaña instalada en la banqueta del extinto Estadio Tecnológico y así logré estar adentro de la pasarela en círculo que había en el escenario.
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El durmiente que me acompañó en el lecho de la acera y yo, seguimos ejecutando osadías. Estén atentos de con quién duermen y quien duerme con quién. Nuestra entrenadora o couch Anne Carson titula su elogio al sueño: Toda salida es una entrada.
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En la página 45, quinto párrafo, enuncia la narradora: «Me acuerdo cuando vi por primera vez a una persona tomando siesta. Se me hacía inconcebible que alguien tuviera tiempo de dormir durante el día.»
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¿Quién es tu durmiente favorito? Después de una noche desperté y traduje una canción de Radiohead: el título que le colgué a Pyramid Song fue Canción de tumba, plagio del título de la novela de Julián. ¿Se les ocurre una traducción mejor?
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En la página 42, quinto párrafo, enuncia la narradora: «Me acuerdo de la cena entre arquitectos y Dulce en el Trece Lunas; de madrugada bailamos “Claridad” escuchándola desde mi celular.»
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No creo que Lorena se refiera a la Dulce María que murió el día de su cumpleaños, el 11 de julio de 2014, otra persona nacida y acaecida bajo el signo de Cáncer. Desde entonces me dio miedo cumplir años pero cabalísticamente el taller de acompañamiento literario que coordino La celda y la travesía inició el 11 de julio de 2024.
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Por cierto, es cumpleaños de Óscar David a quien vi en una presentación como esta pero de su libro Cancer Queen en este mismo edificio, en un día como hoy del 2019. Luego me invitó a presentárselo unos meses después en la otra feria, el texto que escribí se tituló La amistad de los enfermos, está inédito.
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En la página 113, tercer párrafo, enuncia la narradora: «Me acuerdo de lo intenso e increíble que fue el coincidir con Irene Vallejo en la lectura colectiva de El invencible verano de Liliana de Cristina Rivera Garza, el 8 de marzo de 2023. Fue una lectura trasatlántica que permitió trastocar la soledad en solidaridad.»
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Me acuerdo de la tarde escuchando a Irene Vallejo en el Teatro de la Ciudad hace unos meses apenas. No me he animado a leer El infinito en un junco, le tengo idea pero me animé a ir a su charla porque Lorena le tejió una mañanita y me confió que se embarcaría en la misión de entregársela. Hice las fotos de ese momento.
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Tomen fotos y súbanlas con el #UANLeer2026, hoy más que en otro momento tenemos los medios y dispositivos para registrar lo que nos sucede aunque solo sea un punto de partida para un archivo en construcción.
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Me acuerdo escuchar audios con la voz de Lorena como Rafael Chirbes narrando las peripecias que anotó en su diario publicado por tomos en Anagrama.
Me acuerdo de la voz telefónica de Lorena, casi ida entre flemas y suspiros de neumonía.
Me acuerdo de la voz de Lorena, la obrerista, una tarde en la Casa de la Cultura inaugurando una exposición fotográfica del necio de Aristeo.
Me acuerdo de Manuela, su madre, a quién conocí sin conocerla. En la página 147, noveno párrafo, enuncia la narradora: «Me acuerdo cuando se enterraba el ombligo en la casa donde habías nacido». Hace unos días le leí a Martha, mi madre, unos cuantos recuerdos de Lorena mientras atendía la prescripción médica de reposo absoluto y afirmó que su mamá enterró su ombligo en la casa de Torreón. También recordó que mi papá le compró unas copas elegantes en la tienda PH con las que brindaron en su primer aniversario. Y que mi abuela Inumides aprendió a escribir para firmar en su acta de matrimonio.
Me acuerdo del curso sobre Susan Sontag que impartió Violetta y que fue lo primero que me animé a hacer después de la convalecencia del húmero fracturado. Lorena vino por mí antes de cada sesión para llevarme y regresarme a mi casa. Me acuerdo que cada vez que abordé su auto y antes de arrancar me pedía: «abróchate el cinturón de seguridad.»
Me acuerdo de la bufanda color menta que le compré y fui a recoger a la Plaza del Chorro.
Sí me acuerdo de Lorena Sanmillán, tejedora, fan de Madonna.
Sí me acuerdo de la primera vez que leí un texto, era muy breve, era su cumpleaños, era una mesa del Sanmillano, encuentro literario con el que la festejábamos y donde Dulce María festejó mi lectura, un gesto inolvidable y auténtico, inédito para mí.
Sí, me acuerdo.
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Afortunada o desafortunadamente no me acuerdo de Nohemí Hinojosa Rivera, estudiante de la Facultad de Arquitectura pero tengo en mi escritorio su trabajo del taller de crítica de enero del 2000 que comprueba que fue asistente del seminario de Armando y estampó su firma autógrafa al final de la hoja de las conclusiones. No me acuerdo de Jan Cejka, de Enrique de Anda, de Christian Norberg-Schulz, de Arnaldo Puig Grau o de Santiago Roel autores que menciona como fuentes de información.
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Me gustaría cerrar leyendo el inicio del libro, solo unos cuantos renglones muy cortos, dice:
Me acuerdo de ella.
Me acuerdo. Sí, me acuerdo.
Me acuerdo cuando era feliz.
Tal vez, si hiciera mi tarea y escribiera un libro así, mi narradora empezaría diciendo:
Me acuerdo de las salas de espera.
Me acuerdo de ti.
Me acuerdo. Sí, me acuerdo.
Me acuerdo de nosotras.
¡Me acuerdo!
Monterrey, Nuevo León.
Domingo, marzo 15, MMXXVI
16:29 h



