Elena Ferrante: la otra necesaria

¿Es Elena Greco un trasunto de Ferrante? Quizá sí y también Delia, Olga, Leda, las protagonistas de sus primeras novelas, e incluso Lila, pues en todas ellas están las mismas obsesiones: la escritora, la amante, la madre, la hija, la mujer abandonada o la que abandona.

septiembre 6, 2025

Por Gilma Luque

La tetralogía de La amiga genial de Elena Ferrante ha sido considerada como el mayor éxito del siglo XXI por The New York Times después de una votación de 503 literatos, entre novelistas, periodistas, poetas, etcétera. Sus novelas, incluidas las primeras tres —El amor molesto, Los días del abandono y La hija oscura—, publicadas con años de diferencia, y ahora reunidas en un libro llamado Crónicas de amor, junto con La vida mentirosa de los adultos, han sido traducidas a más de 45 idiomas y vendido más de diez millones de copias en todo el mundo. Aunado al éxito de la serie de televisión de Max y a las adaptaciones de sus libros a la pantalla grande, está el misterio de su anonimato: una gran combinación.

            ¿De qué se trata La amiga genial? Es la historia de dos amigas durante sesenta años, que se conocen en un barrio pobre de Nápoles, en la posguerra. A lo largo de los cuatro libros, las vemos dejar de ser esas niñas que tras leer Mujercitas se prometieron escribir una novela juntas, para convertirse en unas adolescentes: Elena Greco, la narradora, insegura, pero sobresaliente y Rafaella Cerullo, segura de sí misma, muy lista, pero con la familia en contra, pues no ven necesario que una vez terminada la primaria Lila, como todos le llaman, continúe en la escuela. En el conjunto de la obra vemos desarrollarse no sólo la vida, sino la personalidad de ambas, sus deseos y errores. Mientras que Elena Greco avanza en los estudios y escribe una novela, Rafaella Cerullo se casa con un muchacho del barrio, dueño de un negocio de charcutería. Los detalles son infinitos en la vida de ambas amigas: los amores, desamores, los hijos, el barrio en el que crecen y su transformación, los vecinos, amigos, la época, la ciudad, pero sobre todo, una amistad nada idílica y  por eso tan auténtica y entrañable. Sin embargo, me atrevería a decir que la idea central de la obra es la construcción de uno mismo como individuo y la necesidad de subrayar los mitos que se han construido alrededor de la idea de ser mujer; la fatiga de hacerse valer en un mundo con ideas ya formadas, dice Elena Greco.

            Elena Ferrante se decidió por el anonimato con el fin de darle a su obra el lugar principal. En casi todas las entrevistas publicadas en La Frantumaglia, los reporteros le cuestionan su anonimato, a lo que ella responde que si quieren conocer a Elena Ferrante sólo tienen que leer sus libros. ¿Es Elena Greco un trasunto de Ferrante? Quizá sí y también Delia, Olga, Leda, las protagonistas de sus primeras novelas, e incluso Lila, pues en todas ellas están las mismas obsesiones: la escritora, la amante, la madre, la hija, la mujer abandonada o la que abandona. También la ciudad en la que creció, en el Nápoles de la posguerra y la pobreza, la diferencia de clases, los privilegios para algunos, las injusticias para los más, la vergüenza y la traición. Durante los cuatro libros vemos a una Elena Greco que intenta encontrar su lugar en un mundo literario liderado por hombres. ¿Qué escribir, cómo, desde dónde? Aparecen los celos que Elena siente frente a la facilidad con la que Lila escribe cartas o historias sin importancia, por sus ideas genuinas, su imaginación y belleza. Yo diría que esa es la búsqueda más importante en la historia hasta que Elena Greco, con sesenta años, decide escribir la historia que había prometido no escribir, la propia y la de su amiga desaparecida.

            En En los márgenes Ferrante nos habla de cómo le afectó haber crecido leyendo literatura masculina, de cómo deseaba escribir como hombre, de cómo le parecía falsa la escritura propia, de cómo buscaba temas cultos y lo que le costó tener un estilo propio. ¿Y cómo escribe ella? De una manera tan sencilla que muchos lectores la subestiman, porque leerla no requiere ningún reto, todo está ahí para que entremos a su universo y lo disfrutemos, aunque los temas sean fuertes (asesinatos, traiciones, injusticias sociales y políticas, celos o maltrato). Elena Ferrante dispone todo para que nosotros regresemos a las raíces de la lectura, que es el placer de leer. El hechizo de leer.

Lo más difícil de escribir es lograr hacerlo como si fuera fácil.

            También se le ha subestimado por temas como la amistad, el amor, los celos… como si eso fuera banal, como si enamorarse de un mal hombre no fuera importante, como si enamorarse de un mal hombre y seguirlo durante años no fuera importante, como si confesar que se ama más a ese hombre que a las propias hijas fuera banal, como si perdonarle a ese hombre las traiciones, ambigüedades, manipulaciones fuera fácil. No lo es, y quizá es un lugar común, pero Ferrante le da la vuelta al cliché de la pasión cuando Elena Greco, aún con la conciencia absoluta de estar cometiendo un error, decide seguir haciéndolo.

            Nada en Ferrante es rosa, porque nada es idílico: ni la pobreza, ni el poder, ni el deseo, ni el tiempo. Mucho menos la amistad, en la que hay un apego feroz (como del que habla Vivian Gornick), en donde se ama sin remedio, pero se odia y se traiciona de la misma forma, sin embargo, es un lazo que no se puede romper. Así es la amistad entre Elena y Lila: feroz. También así es el amor que Elena siente por Nino Sarratore y la necesidad de escribir. Y para crear ese universo se necesita tener un arsenal literario muy basto y, además, saber utilizarlo. Darle la vuelta a los lugares comunes con la violencia de lo real. Si se quiere escribir sobre la realidad, es necesario hacer uso de los artilugios de la ficción.

            Dice Ferrante que quien escribe no tiene nombre, también lo dijo Virgina Woolf: quien escribe no es una persona sino la pura sensibilidad que se alimenta de un flujo incontenible. Ferrante confiesa escribir garabatos mientras espera la escritura verdadera, es decir, la escritura convulsa, en la que las cosas son como son, en donde se dan golpes y se reciben.

            La última temporada de la serie de televisión de La amiga genial  fue estrenada en el otoño del 2024. Casi siempre me salto los intros cuando veo series, pero en el caso de ésta me gustaba mucho ver el dramatis personae: los Cerullo, los Carracci, los Solara, los Sarratore… etcétera. La introducción además establece el  tono gracias al tema musical a cargo de Max Richter. Uno de los hechizos de Ferrante es dejarnos ver el paso del tiempo, por esa razón vemos correr a dos niñas tomadas de la mano, a dos amantes, a dos mujeres maduras después de un terremoto, es el tiempo que pasa y con él la historia de esas dos amigas.     

            Quién es verdaderamente Elena Ferrante es algo sin importancia, pues al leerla uno la conoce y entiende que para escribirse a uno mismo es necesario la invención del otro, de otra: la otra necesaria. 

Gilma Luque (Ciudad de México, 1977) es autora de Hombre de poca fe (Mondadori, 2009), Mar de la memoria (Ediciones B, 2014), Obra negra (Almadia, 2016) y El hombre en el jardín (Hachette, 2025), entre otros libros. Fue miembro del Sistema Nacional de Creadores del año 2020 al 2023.

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