Por Arturo Roti
Hay noches que uno sabe desde antes que van a ser especiales. El jueves 30 de abril era una de esas. Men at Work en Monterrey, por fin, después de décadas de espera para una ciudad que los quiso siempre desde lejos, desde la radio, desde los casetes rayados que circulaban en los recreos de los ochenta. El Showcenter Complex fue el escenario elegido para el arranque de la gira 2026, y la ciudad lo sabía: desde temprano, los grupos de WhatsApp de cuarentones y cincuentones no paraban de moverse.
El tráfico regiomontano, fiel a su reputación, hizo de las suyas. El inicio programado para las 8:30 de la noche se corrió media hora, una concesión necesaria para que los fans pudieran llegar sin perder el aliento ni el primer acorde. A las 9 en punto, el Showcenter ya respiraba con esa mezcla particular de anticipación contenida y nostalgia a flor de piel. El público era exactamente el que uno esperaría: mucha cana distinguida, muchas parejas que probablemente se conocieron bailando Down Under en alguna fiesta de preparatoria, algún que otro hijo arrastrado con afecto por sus papás para que «conociera lo bueno». Y funcionó. Vaya que funcionó.
El grito llegó antes que la música. Colin Hay, sin más preámbulo que su propia presencia en el centro del escenario, soltó un «¡Viva México!» que arrancó la primera ovación de la noche, y sin más tiempo que perder, la banda se lanzó de lleno con «Touching The Untouchables», el track que abre Business As Usual, ese primer disco que los puso en el mapa del mundo. El sonido del Showcenter esa noche era limpio, impecable, sin las distorsiones ni los picos que tantas veces arruinan los conciertos en recintos de ese tamaño. «No Restrictions» llegó inmediatamente después, dos cañonazos seguidos del catálogo original, y el salón ya estaba templado.
Luego vino el primer giro de la noche hacia el Colin Hay solista, ese capítulo de su carrera que en México conocen pocos pero que los que saben, saben bien. «Broken Love», extraída de American Sunshine, introdujo al público a una faceta más íntima del músico australiano, y ahí fue cuando Hay se tomó el primer momento de verdad con la sala. En un español claro y limpio, soltó: «Buenas noches, gente hermosa de Monterrey. Muchas gracias por venir.» Aplausos. Calor. Algo que se sintió genuino.
«Tumblin’ Down» y «Can’t Take This Town» siguieron en ese registro solista, y el público, sentado en su mayoría, escuchaba con esa paciencia curiosa que tiene la gente que respeta a un artista aunque no conozca cada rincón de su obra. Nadie se impacientó. Salvo algunos pocos que ya pedían los hits. La mayoría: primero escuchamos, después festejamos. «Down By The Sea» cerró ese segmento con un final que se robó la ovación de la primera mitad: Jimmy Branly, detrás de la batería, se despachó un solo que le puso a uno los brazos como tabla de lavar. Limpio, poderoso, con el criterio de alguien que sabe exactamente cuándo parar.
De vuelta al primer álbum con «I Can See It In Your Eyes» y «Looking For Jack», donde los conteos para arrancar cada tema eran eternos, casi litúrgicos, nada del típico uno-dos-tres-ya. Colin se tomaba su tiempo, miraba a la banda, dejaba respirar el silencio antes de que todo explotara. Hay directores de orquesta con menos autoridad escénica. Antes de «Upstairs In My House», se dirigió de nuevo al público con esa naturalidad suya que no se puede ensayar: «Is this the first show of the tour?» Como si preguntara, como si necesitara confirmación. Claro que sí, Colin. Y Monterrey lo tomó muy en serio.
«Upstairs In My House» y «Blue For You», ambas del disco Cargo, le dieron a la noche una textura distinta, más densa, más oscura en el mejor sentido. El recinto respondió bien. «Everything I Need», «Catch A Star» y «No Sign Of Yesterday» continuaron el viaje, y fue en este último donde el bajo de Yosmel Montejo hizo su aparición protagónica: un pequeño solo al cierre del tema, breve pero magistral, de esos que uno no espera y que por eso duelen más bonito. El Showcenter lo premió con un aplauso sincero.
Aquí vale una pausa para lo que no debería mencionarse pero que sería deshonesto omitir: justo detrás de donde estábamos sentados, dos tipos pasaron buena parte del concierto charlando casi a gritos entre ellos, ajenos por completo a lo que ocurría en el escenario. Una conversación paralela, intrascendente, que interrumpía la experiencia de todos los que teníamos la mala suerte de estar en su radio. Gente así en un concierto como este es como llevar bocina bluetooth a una biblioteca. Pero bueno.
De regreso a lo que importa: «The Longest Night» bajó la temperatura de golpe. Colin la dedicó a su amigo Greg Ham, el flautista y saxofonista original de Men at Work, fallecido en 2012. El silencio que siguió a esa dedicatoria fue de los que se sienten en el estómago. El público, muchos de ellos que vivieron el auge de la banda en tiempo real, aplaudió largo. Y luego, sin aviso, sin transición, sin respirar demasiado, llegó «Overkill». Ese riff inconfundible encendió al Showcenter de una manera que solo encienden las canciones que llevan décadas instaladas en la memoria muscular de una generación. El recinto se levantó. Bueno, el recinto hizo lo que puede hacer un recinto sentado: se movió, gritó, cantó. Y sin decir nada, sin parar, la banda se metió directo a «Dr. Heckyll & Mr. Jive», otro clásico del catálogo que llegó como un golpe de adrenalina pura.
Entonces ocurrió algo que nadie del todo esperaba: Cecilia Noël, esposa de Colin Hay y presencia constante en su vida musical, tomó el micrófono principal para cantar «Helpless Automaton». Fue el momento de las presentaciones formales. Colin fue nombrando uno por uno a los integrantes de la banda con la cadencia pausada de alguien que sabe que cada músico merece su propio aplauso: Jimmy Branly en la batería, San Miguel Pérez en la guitarra, Yosmel Montejo en el bajo, Rachel Mazer en saxofón, flauta y teclados —y que esa flauta se hizo presente en más de un momento de la noche, anotada en el setlist con un rotundo «FLUTE!» escrito a mano, como para no olvidarlo—, y Cecilia Noël cerrando el círculo con su nombre y su sonrisa.
«Underground» e «It’s A Mistake» siguieron como una forma de preparar el terreno para lo que todos, con mayor o menor paciencia, habían estado esperando. Y entonces llegó: el riff de «Who Can It Be Now», esa línea de saxofón que atraviesa décadas, que suena igual de urgente y misteriosa que la primera vez, y el Showcenter se transformó en otra cosa. La gente cantó. La gente bailó en sus lugares. La gente se miró entre sí con esa expresión que no tiene nombre pero que todos reconocemos, la del recuerdo compartido que de pronto es presente. Y detrás de eso, como si todavía quedara algo por dar, llegó «Down Under». La más aclamada de la noche, la que hizo que más de uno cerrara los ojos un segundo. Rachel Mazer sacó la flauta, y fue lo que tenía que ser: perfecto.
El cierre tuvo que ser exactamente lo que fue. «Into My Life» y «Be Good Johnny» despidieron a una sala que no quería irse pero que salió feliz de todas formas, con esa sensación extraña y buena de haber estado en el lugar correcto en el momento correcto. Men at Work en Monterrey, finalmente, con un Colin Hay que a sus años sigue siendo exactamente lo que siempre fue: un tipo que sabe cantar, que sabe pararse en un escenario, y que sabe, sobre todo, cómo hacer que una ciudad que lo esperó décadas sienta que valió cada año de espera.
El Showcenter quedó como queda siempre la escena después de algo bueno: con el olor a concierto, las luces ya encendidas, y la gente saliendo despacio, sin prisa, como quien no quiere que la noche acabe del todo.
Para muchos de los que estábamos ahí, Men at Work además de ser una banda ochentera: es un pedazo de vida. Son las tardeadas de secundaria, las luces bajas, los nervios de invitar a bailar a la chica que te gustaba, el momento exacto en el que una canción se volvía tuya sin que te dieras cuenta. En mi caso, fue reencontrarme con ese Roti que vivió todo eso, que se sabía estas rolas sin pensar y que, por un par de horas, volvió a estar ahí, en medio de la pista, creyendo que la vida apenas comenzaba.




