Por Eduardo Ramírez
Es casi imposible discutir de arte en general sin expresarse por medio de tautologías.
Joseph Kosuth
La idea se convierte en una máquina que produce arte.
Sol Le Witt
Se aprovecha de la sobrecarga de riqueza que permite decir dos cosas diferentes con una sola y misma palabra.
Michel Foucault, Esto no es una pipa.
9/05/26. Me invitan a una charla. Se realiza en una casa donde el arte ocupa un lugar importante. En la terraza donde nos emplazamos hay una pieza elaborada con dos mecedoras típicas de los porches norestenses que habla de la relación trabajo/capital y ocio.
Las sillas de la mesa donde se desarrollará la charla son una actualización de ese mismo estilo tradicional y popular norestense.
Pregunto si esas sillas/mecedoras pertenecen a un estudio de diseño industrial local que se dedica a retomar y resignificar los oficios y diseños regionales.
Me contestan que preguntaron a este estudio por ellas y les contestaron que solo trabajaban mobiliario bajo pedido específico de un proyecto/espacio y a una escala más amplia (restorants, hoteles y oficinas). Además, el precio que les dieron se les hizo un poco elevado.
Me dijeron que las consiguieron con un herrero que las hacía y que les recomendó el productor artístico al que pertenecía la pieza de las dos mecedoras encontradas.
Esta situación cotidiana, que se da en menos de cinco minutos, me hace pensar en Una y tres sillas de Joseph Kosuth (1965). Pero ahora coinciden y se contraponen una y tres mecedoras: mobiliario artesanal :: pieza de arte :: producto de diseño.
Lo que la pieza conceptual de Kosuth planteó en los sesenta es una pregunta sobre en qué consiste y cómo se construye el significado. Lo que se pone en juego es una reflexión sobre los procedimientos de significación propios del lenguaje (referente, signo, código…): objeto :: definición de diccionario :: fotografía del objeto.
¿Lo que en Kosuth era una reflexión sobre el significado y los lenguajes de representación (objeto :: fotografía :: escritura), actualmente se vuelve un asunto de apropiación cultural, capital e industrias creativas: objeto artesanal :: objeto artístico :: marca o firma de diseño?
¿En el capitalismo cognitivo actual, esta reflexión sobre el concepto en el arte (esa «idea como máquina de producción artística» que cita Le Witt), se vuelve esa «fábrica de experiencia» que hoy se materializa en el diseño de objetos cotidianos estetizados?
¿Para entender estas otras Una y tres sillas/mecedoras necesitamos operar otros conceptos de significación social? ¿La desmaterialización de la obra de arte y su dependencia de procesos discursivos referidos a lo socioeconómico y lo autorreferencial? ¿La marca dentro de la producción industrial y sus procesos de publicitarlas para crear un estilo de vida como mercancía? ¿Procesos culturales de apropiación identitaria y la emergencia de valor en los mercados globales hacia lo artesanal como apariencia de economías locales, ecofriendly y sustentables?
Me viene —tal vez como en negativo dialogante de Una y tres sillas— la pintura de Magritte La traición de las imágenes (1928) donde hace el juego entre la representación de una pipa con el texto al calce “Esto no es una pipa”. También un juego de códigos visual/verbal para abrir un espacio absurdo en el que uno empieza a dudar de la cotidianidad de objetos y sistemas significantes. Tal vez así me sentí ante esas tres mecedoras, en un absurdo absorto de “esto no es una mecedora” donde, al crearse el vacío de la negación y cuestionamiento de significados —precisos, pero aparentemente contradictorios—, pueden insertarse todos o cualquier valor significante.
¿Ese vacío donde todo cabe y a lo que todo se traduce y cuestiona es hoy el capital?
Un último referente de comparación. Ya no son esas Una y tres sillas de Kosuth, sino los tres Spiderman del meme (2011) que muestran la manera en la que me sentí ante esta experiencia cotidiana. Estas tres mecedoras (objeto artístico :: objeto artesanal :: firma de diseño) se ubican (y desubican) frente a frente y se señalan entre ellas, confrontativas y cómplices.
Iguales en apariencia (pero no lo son), es cuando apelan a su contexto/origen cuando cobran su otro significado y valor. Provocando una relectura, una acusación indicativa, una apropiación que en vez de dialogar, se contradicen entre sí.
¿El valor de los objetos habla de los procesos de significación que hoy están puestos en el capital (simbólico o económico)? ¿Los valores simbólicos que hoy tienen los productos del diseño son herederos de la desmaterialización del arte conceptual?
Termino con la reflexión que ya en 2015 hizo el maestro y diseñador industrial Ricardo León M. sobre esta mecedora tradicional, «Es discreta, de bajo perfil, serena pero firme. Espera paciente en terrazas, patios, azoteas y hasta en la banqueta, encadenada. Presta a acoger al que regresa del negocio o de la chamba. […] su autor es el ingenio del colectivo local; toda esa gente dedicada y entregada al trabajo duro de la industria (y a las industrias de otros: los no jodidos, cuyo buen ocio tiene un precio muy caro). Una mecedora modesta no ha logrado balancear las desigualdades sociales en cualquier lugar del mundo. Menos aquí».
Eduardo Ramírez es editor, autor, maestro y asesor de proyectos. Escribe porque no aprendió a andar en bici y ve la televisión tratando de entender al ser humano y no aburrirse. Editó velocidadcrítica de 2000 a 2007. Publicó los libros El Triunfo de la cultura y El Cuauhtémoc de Troya. Ha escrito columnas y capítulos de libros en México y España. Lo han corrido de todas las universidades de Monterrey.
Foto: One and Three Chairs (Una y tres sillas). (n.d.). Museo Nacional Centro De Arte Reina Sofía. https://www.museoreinasofia.es/colecciones/obra/one-and-three-chairs-una-y-tres-sillas



