Rosalía y la liturgia del Lux Tour

Teresa Martínez escribe sobre el Lux Tour en Monterrey: “Creo que Rosalía nos conectó a todas: a las santas, a las decepcionadas y a las del corazón roto.”

agosto 25, 2026

Por Teresa Martínez

Compré los boletos el año pasado: los del viaje y el del concierto.

Eran planes de un año para otro. Todo cambió cuando llegó la fecha del viaje, íbamos a ser dos y al final solo volé yo. Para el concierto solo compré un boleto sin saber que no necesitaría uno adicional.

Desde que salió el álbum Lux (2025), de Rosalía, lo he escuchado varias veces. Me gusta poner “La Perla” y cantarla en el carro. Ese vals me recuerda a las canciones de Disney. Al principio pensé: “Yo no tengo una perla, ¿o sí?”.

Ilusa.

Pasaron nueve meses y por fin fue el concierto. Con el tiempo justo, llegué a mi casa, me arreglé, me puse un vestido naranja y salí corriendo.

Parecía una convención religiosa: casi todos de blanco, con atuendos de monja, alas, coronas de espinas o mantos en la cabeza. Lejos de criticarlo, creo que todos íbamos preparados para una comunión espiritual a través de la música.

No tardó en salir al escenario. Los violines se empezaron a afinar alrededor de las 9:15 de la noche y Rosalía llegó en una caja que, al abrirse y deshacerse, formó un crucifijo.

El setlist siguió el orden del álbum. Hay algo en la conformación de las canciones y su relación entre ellas que convierte al orden en un asunto importante; quizá por eso organizó las famosas fiestas de escucha para promover el disco. Lo mismo sucedió en su producción anterior, El mal querer, que tenía una narrativa a través de la secuencia de las canciones.

Aunque cada canción tiene su individualidad, en Lux la primera pista es “Sexo, violencia y llantas”, la misma con que abrió el concierto. Es una oda a lo terrenal y a lo espiritual, y reflexiona sobre la posibilidad de experimentar lo divino mientras se vive en el mundo; es una canción dedicada a las santas, en quienes se inspira para el álbum.

Salió vestida con un tutú, zapatillas de ballet y un cinto negro. Me recordó un poco a las bailarinas de Degas. Cuando interpretó “Mio Cristo piange diamanti”, se cubrió con una manta blanca como si se tratara de una virgen. Conforme avanzaba la canción y se intensificaba su voz, se iba descubriendo el cuerpo. El cambio de vestuario ocurrió en “Berghain”; ahora era un cisne negro con botas color vino. Fue el momento de mayor dramatismo tanto en su gesto como en el vestuario de los bailarines, algunos portando prendas que recordaban a las del Siglo de Oro español, aunque esa solemnidad se rompió al final con el desenlace techno.

Esta es la segunda vez que Rosalía se presenta en Monterrey. En 2022 estuvo en el Auditorio Banamex con el Motomami Tour, un espectáculo minimalista y muy performático. Lux en la Arena fue más escénico, con una producción nada saturada. Con pocos elementos, la atmósfera adquirió dramatismo y elegancia mediante la iluminación, estructuras sencillas y elementos relacionados con lo religioso. Por ejemplo, la orquesta se encontraba en el área general entre el público, delimitada por una estructura en forma de crucifijo, o el aparato de neblina que recordaba al incensario usado en las misas.

Como una pausa al tono de recital en la velada, a mitad de la velada se incluyeron éxitos de su álbum anterior: “Saoko”, “CUUUUuuuuuute”, “La Combi Versace”.

Su orquesta tuvo un momento musical, justo antes de que un bastidor gigante se abriera. Rosalía salió a contraluz, rodeada de humo mientras cantaba “El Redentor”, una pieza de flamenco tradicional que habla del sufrimiento y la Pasión de Jesús, incluida en su primer álbum Los Ángeles; desde entonces lleva a la música su interés por lo espiritual y la cultura católica.

Antes de cantar “La Rumba del Perdón”, dijo ante el micrófono que el flamenco ha influido en su música. Años atrás, figuras de la tradición flamenca la criticaron duramente por apropiación cuando publicó El mal querer, con el que ganó cinco premios Latin Grammy. De lo que quizá se habla menos es de cómo ha llevado el flamenco a las masas, al fusionarlo con ritmos latinos y urbanos con un estilo que distingue su propuesta musical. Eso es de reconocerse.

En el espectáculo hubo referencias a la tradición pictórica y escultórica occidental. Cuando hizo un cover de “Can’t Take My Eyes Off You”, de Frankie Valli, fue enmarcada a la manera de La Gioconda de Da Vinci, una con guantes rojos. Y cuando cerró con “Magnolias”, parecía que salía de un sepulcro, y en el escenario había una estructura en forma de pliegues de tela, como las esculturas de los mausoleos. 

Rosalía Lux Tour. Fotografía de Teresa Martínez.

En otra de las pausas, el público tuvo una dinámica de Art Cam, en la que se invitaba a que imitaran los gestos de algunos cuadros famosos, como El grito de Edvard Munch; El desesperado, de Courbet; o Magdalena penitente, de Tiziano. La cantante también mantuvo una interacción con los asistentes a lo largo del concierto. Después de “La perla”, leyó la pancarta de un chico que viajó desde Matamoros: “Demandé a la perla (Mi papá)”. Fue conmovedor que le dedicara “Sauvignon Blanc”, una balada inspirada en la poetisa mística española: santa Teresa de Jesús. Es una letra llena de esperanza que habla de renunciar a lo material y mundano, tal como promovía la santa, y de buscar un acercamiento espiritual puro.

Realmente fue un gran concierto: un recital, un espectáculo coherente con el concepto de Lux, un momento para atestiguar la impresionante capacidad vocal de Rosalía. También fue un momento para conectarse con las creaciones de la artista, sus influencias visuales muy relacionadas al arte y a la mística católica, y sentir su música, sus letras y su emoción. No fui la única en conmoverme, vi a varias personas con los ojos húmedos.

Sigo cantando “La perla” en el coche, mi karaoke personal. Las letras de esa y otras canciones de Lux ahora me llegan distinto en comparación de cuando se estrenó el álbum. Creo que Rosalía nos conectó a todas: a las santas, a las decepcionadas y a las del corazón roto.

Teresa Martínez (Nuevo León, 1985) es periodista freelance que ha colaborado en distintos medios corporativos y culturales como El NorteReformaLa TempestadRevista ReplicanteVida Universitaria y Leer Mejora tu Vida. Es egresada de la licenciatura de Artes Visuales de la UANL. Organizó y editó un diálogo que moderó entre los colectivos de artistas Tercerunquinto y marcelaygina, publicado en el libro Nos gustaría contestar algunas preguntas. Colectivo marcelaygina 1997-2010 (MARCO-UANL, 2023). Se desempeñó como reportera durante 14 años en el periódico El Norte, donde produjo y realizó el programa Visita Guiada, una serie de videos acerca de las exhibiciones en museos, y en 2019 editó la revista Miradas. En 2016 fue galardonada con el Reconocimiento a la Excelencia en el Desarrollo Profesional de la UANL. Actualmente, es coordinadora de atención a medios en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey.

Fotografías: Teresa Martínez 

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