Por Daniel Espartaco Sánchez

Bien tarde en el día
Claire Keegan
Traducción de Jorge Fondebrider
Eterna Cadencia, Buenos Aires, 2024
En el mundo de los ya demasiados libros de ficción y muy poco qué decir, un caso como el de Claire Keegan resulta ejemplar. A sus 57 años, esta autora irlandesa apenas si cuenta con cuatro publicaciones en un cuarto de siglo: dos colecciones de historias, Antartica (1999) y Walk the Blue Fields (2007) y dos novelas cortas, Foster (2010) y Small Things like These (2021). Todas estas obras han sido candidatas o merecedoras de importantes premios en Irlanda, e internacionales, y todas ellas han sido traducidas al español por Jorge Fondebrider y publicadas por la editorial Eterna Cadencia de Buenos Aires con los títulos de Antártica, Recorre los campos azules, Tres luces y Cosas pequeñas como esas, respectivamente. Tres luces fue llevada al cine en 2022 como The Quiet Girl, dirigida por Colm Bairéad, filme que refleja muy bien el clima gótico sureño irlandés de la historia original. Pero más recientemente, apareció una recopilación, So Late in the Day (2023), que incluye dos historias publicadas previamente en sus dos primeras colecciones y una nueva, la homónima, que Eterna Cadencia decidió publicar de manera solitaria, algo que siempre resulta insólito más no inaudito. Aunque una posible inclusión del relato “Antártica” y “La larga y dolorosa muerte” podría haberle proporcionado a un lector nuevo una idea clara de la evolución de Keegan en veinte años.
Bien tarde en el día es un relato que requiere de una lectura pausada y al menos otras dos relecturas, como a menudo ocurre con los relatos de Keegan, llenos de detalles y de una rica simbología que se refleja en la descripción de los paisajes, la presencia de objetos que al principio parecen estar puestos ahí, como parte de un decorado, y también de diálogos que nos parecen fútiles, pero que construyen de manera cuidadosa un significado ulterior. Aparentemente, muchas de estas cosas sobrarían, pero forman parte de una construcción, detrás de la cual se percibe la mirada comprensiva de la autora. Esta es la razón, y también la publicación a cuentagotas de una obra en donde puede verse paciencia y artesanía, por la que el nicho de lectores de Claire Keegan esperamos siempre la aparición de material nuevo.
Su obra se ha construido alrededor de ciertos temas, entre ellos la violencia contra las mujeres en el entorno rural y semirural de Irlanda, desde la forma más brutal hasta aquellas que apenas vemos, pero que solapamos; formas en apariencia inofensivas, que parecen no venir al caso, pero que Keegan desenmascara, como en “La larga y dolorosa muerte”, que trata del resentimiento de un hombre contra una joven escritora que se ha ganado el reconocimiento gracias a su trabajo y talento. Otro ejemplo es la novela corta Cosas pequeñas como esas, que lidia con un tema muy recurrido en Irlanda, pero no por eso menos terrible, que es el caso de las lavanderías de las Magdalenas, instituciones que operaron en el país desde el siglo XVIII hasta bien entrada nuestra época. Se suponía que estos establecimientos albergaban a “mujeres caídas” (que habían perdido su virginidad antes del matrimonio, madres solteras, prostitutas, etcétera). Fueron dirigidos por monjas católicas y en ellos se forzaba a estas mujeres a efectuar trabajos muy duros y de sol a sol, privadas de la libertad, y sin recibir un salario. A pesar de ser lideradas por las religiosas, fueron las propias autoridades irlandesas las que en muchos de los casos consignaron ahí a las reclusas por diversas causas, siendo de las más extremas, por ejemplo, mujeres que fueron sorprendidas viajando solas en el tren y sin boleto.
Sin embargo, Bien tarde en el día trata de un tema familiar, que incluso podría ser baladí, pero no lo es: la manera como el machismo de una sociedad se manifiesta en pequeños gestos y actitudes egoístas y la forma en que afecta las relaciones de pareja e incluso nos impide comprender al otro, y sus necesidades. Sí, claro, el machismo, qué original, dirá algún lector descreído, pero la novedad está en que Keegan lo trata desde el punto de vista de un hombre joven irlandés (no muy diferente de uno mexicano) que conoce a una chica francesa y le pide matrimonio sin saber si será capaz de acercarse realmente a ella y sus necesidades. De hecho, logra describir tan bien los sentimientos de un hombre que se siente amenazado por una amenaza exterior, que uno no puede sino sentirse identificado y expuesto. El protagonista, como muchos otros en el universo peculiar de Keegan, es un hombre egoísta, pero también herido, educado en el patriarcado y que enfrenta una crisis romántica. En Bien tarde en el día salimos de los espacios abiertos y cielos diáfanos, de las casas pequeñas y miserables de la Irlanda rural, para llegar a una oficina en Dublín, donde Cathal intenta trabajar como cualquier otro día, sin embargo, no logra concentrarse y cree que los otros lo miran con especial interés. En el camino de vuelta a casa, no quiere ver los mensajes del celular. El tiempo diegético del relato es de un día, tan sólo unas horas, pero por medio de analepsis se va develando la historia detrás, desde que conoce a Sabine, una francesa que gasta a manos llenas, le gusta cocinar, trabaja como empleada igual que él y es un poco bizca, para llegar a varias escenas de pareja: en la galería, en el supermercado, en la cocina. Así descubrimos a un Cathal al que le preocupan los gastos de Sabine. Sin embargo, mientras ella cocina un pastel de cerezas, él le pide que se casen. No hay aspavientos de alegría de ninguna de las dos partes, no hay ceremonias, incluso hablan de que podrían tener un gato; es decir, casarse es algo que pueden hacer como cualquier otra cosa. Comienzan los preparativos de la boda, en el transcurso ambos se develan ante el otro más claramente, él se molesta por el costo del ajuste del anillo de bodas, también por las muchas cosas con las que se muda Sabine a su casa y por cómo se va a transformar su vida. Finalmente descubrimos que ese día, en el que Cathal ya se encuentra solo, es el día en que se iba a realizar la supuesta boda. Y recibe un mensaje de su tío, qué bueno que te deshiciste de esa perra, que él no contesta. Recuerda entonces una discusión en la que Sabine le llama misógino, también la vez que él, su padre y su hermano se burlaron de su madre al hacerla caer al piso luego de quitarle la silla donde se iba a sentar a la mesa. Keegan nos deja ver que quizá esa misoginia de la que habla Sabine es aprendida y no innata, un comportamiento que vemos en muchos otros de sus cuentos, por ejemplo “Barbecho”, donde el padre se burla de su mujer frente a sus hijos y demás vecinos en una fiesta de fin de año.
Las historias de Keegan pasan en lugares donde se preparan pasteles, entra el sol por la ventana, se miran pedazos de cielo entre los árboles, la nieve, el olor a estiércol y humedad de los campos, por nombrar algunos escenarios, en todos vemos una suerte de cotidianidad que esconde la monotonía de un mundo que se desarticula para sus personajes. En el caso de Bien tarde en el día nos encontramos con un hombre incapaz de compartir, de comprender al otro que ha llegado a su vida con un mundo propio. Cathal pregunta: ¿Entonces ahora soy misógino? A lo que ella responde que más bien se trata simplemente de egoísmo. Y Cathal, hombre educado, que tiene la capacidad de realizar un autoanálisis y salvarse, tomar consciencia desde el puro punto de vista argumental, no puede trascender su propia educación rural, pero termina doliéndose más por el costo del anillo y de los gastos de la boda desde el fondo de su gélida soledad. «Son unas conchudas», profiere, no sólo refiriéndose a Sabine sino a todas las mujeres en general, algo que podrían haber dicho su tío —el del mensaje—, su padre y su abuelo. Una conclusión pesimista: no hay salvación, muy pocos pueden trascender su propia formación; muy pocos están preparados para dar ese salto a lo desconocido que es conocer al otro, y por lo tanto, muy pocos están preparados para amar.



