Atmósferas: una experiencia perceptual para enfrentar a la vorágine de la ciudad contemporánea

Para poder compartirse, Atmósferas ha adquirido la forma de un suceso escénico inmersivo en el que un grupo de artistas/investigadorxs proponen una experiencia que juega con la escucha, la atención y la sensorialidad.

febrero 25, 2026

Por Patricio Juárez Flores

Cómo imaginar tiempo para nosotrxs mismxs en la vida contemporánea.

Cómo escucharnos y cómo dejar al cuerpo escuchar.

Cómo tomar una pausa…

Ya lo advertía Simmel a principios del siglo XX, refiriéndose al fundamento psicológico de las personas que viven en la ciudad, como «la intensificación de la vida nerviosa, que proviene de una sucesión rápida e ininterrumpida de impresiones tanto internas como externas» (1986, p.5). La vorágine como condición de vida y el estrés como sostenimiento de los cuerpos. Un siglo después, esto no sólo no ha cambiado, sino que la intensidad de los estímulos se ha complejizado y diversificado. Así mismo, la aceleración y el movimiento incesante como único modo de existencia anula, la mayor parte del tiempo, la posibilidad de un respiro, de un espacio en el que las personas puedan reconocerse no sólo como un engranaje de una maquinaria cuyo objetivo es el consumo y la producción de estímulos mercantilizados, sino como seres sintientes: como humanos cuyo propósito es la vida misma.

Cómo imaginar en el contexto de nuestras ciudades espacios que permitan poner un alto, aunque sea momentáneo, a esta interminable aceleración, a esta necesidad de ser productivos todo el tiempo, a este mandato de reducirse a consumidores y productores de mercancías; a esta inercia insostenible. Cómo imaginar respirar con más calma. Cómo permitirnos otras formas de existencia sin miedo a pagar el precio por desear la experiencia de la vida más allá de su propia reproducción económica.

Sin duda el arte es un camino posible para pensar otras formas de existir en el mundo. Así lo expresa Shantí Vera (2015) hablando sobre la obra de André Lepecki, cuando este último propone pensar los espacios públicos desde los cuerpos afectivos. Pensar en los cuerpos que desde el arte proponen una mirada crítica y dislocada —como lo enuncia Salcido (2019) para hablar del arte contemporáneo— sobre el mundo que vivimos, permite pensar al arte como una apuesta que confronta las lógicas hegemónicas que constriñen la vida a fines productivistas. El arte y la investigación inadecuada y dispuesta como una mirada crítica frente a una realidad totalizante puede generar que, «lo absolutamente inesperado [..] performe lo infinitamente improbable» (Arendt, 1998, como se citó en Lepecki, 2015). Qué es lo absolutamente improbable que queremos abordar en este texto: el respiro, el cuidado, la escucha y el tiempo como potencias vitales frente a las tácticas que buscan su anulación.

¿Cómo re-encontrarnos con la pausa y con la distensión del tiempo como apuesta por una escucha más sostenida, por un sentir más activo hacia nosotrxs mismxs y hacia los otrxs? No hay fórmulas mágicas, sólo vivencias compartidas como la que deseamos abrir en este texto. Así, estás interrogantes encuentran cauce como parte de un proceso de investigación llamado «Atmósferas: la coreografía perceptual del espacio como un rito de paso contemporáneo». 

Atmósferas, antes que nada, es un deseo por investigar nuestro lugar en el mundo, por abrirse a la indagación, como señala Ingold cuando habla del arte de la investigación como un experimento: “en el sentido de forzar una abertura y luego seguir hacia donde nos lleve” (Ingold, 2015, 227). La experimentación como una forma de abrirse al mundo y dejar que el mundo entre en unx.

Atmósferas es también el investigar la forma en que somos afectadxs por nuestros entornos, por las personas con las que convivimos, por los espacios que habitamos, las palabras que enunciamos y los cuerpos que sentimos. Es el arrojo por investigarnos como un todo complejo que resuena afectando el mundo y que se reconoce afectadx por ese exterior que le es constitutivo. En este sentido vale la pena imaginar la potencia de los cuerpos que se mueven intencionadamente:

un cuerpo que danza es un cuerpo que posee una capacidad de sentir-se distinto a otros cuerpos, un cuerpo que danza está habituado a saberse epidermis en contacto permanente, posee una sabiduría respecto a la capacidad de expansión y contracción de su cuerpo y su energía. Un cuerpo que danza se sabe «resonante» y «en resonancia», capaz de crear tiempo y espacio (Kent, 2021, p.72).

Resonar, permitir que dos registros disímiles coincidan. Traslape, fusión, emergencia de algo nuevo a partir de la confluencia. Apertura experimental hacia el registro en el que las resonancias de los cuerpos y el mundo configuran texturas que devienen atmósferas. Cómo reconocemos que un espacio tiene una atmósfera melancólica, tensa o apacible. Qué es aquello que al transitar de un lugar a otro nos hace cambiar entre estados anímicos. Cómo se relacionan los cambios de temperaturas, dimensiones o sonidos con nuestra experiencia de estar en el mundo. Atmósferas es una investigación que busca disponer el cuerpo hacia una apertura sensorial capaz de advertir y sentir esas texturas que generamos y que nos envuelven cotidianamente. Es la exploración de una disposición específica hacia la apertura perceptual.

Atmósferas como proyecto ha transitado (en tiempo pretérito perfecto compuesto, por su relación, al momento que escribimos estas palabras, entre el pasado y el presente) por diversas etapas. Desde su estado como laboratorio de investigación, pasando por un taller y una conferencia performática, a su configuración como dispositivo escénico experiencial, ha sido en todo su existir un espacio de experimentación psicoafectiva. 

En todas sus etapas, a través de ejercicios corporales —guiados por Irasema Serrano— hemos explorado nuestra relación con el mundo, con el tiempo, con otrxs y con nuestrxs propixs cuerpos. 

¿Qué quiere decir esto? que diseñamos un espacio de investigación entendiendo a nuestros cuerpos como dispositivos perceptuales más allá de la mirada cómo único medio de contacto con el mundo. Que buscamos entender que nuestra relación con el tiempo puede sentirse desde otro lugar que no sean los segundos y minutos que marcan la hora, y que los espacios pueden ser percibidos como atmósferas que nos afectan y que son afectadas por nuestro habitar en ellos, entendidas estas últimas como la relación perceptible entre cuerpo-espacio y espacio-cuerpo (Böhme, 2017).

¿Cómo se hizo esto? Durante meses exploramos con abrazar el silencio, nos sumergimos en la oscuridad y dialogamos con el sonido y la ausencia de él, permitimos que el tiempo entrara en contacto con nuestra piel. Exploramos un universo atmosférico que se devela cuando nos permitimos escuchar más allá de la vorágine que impone la vida citadina. Un universo que puede reconocerse cuando queremos escuchar al espacio y a los elementos que delinean nuestros paisajes cotidianos.

¿De qué relación hablamos? de aquella que podemos establecer reconociendo nuestro vínculo con nuestros entornos: con la temperatura de las cosas, con sus ecos, con su materialidad, con su temporalidad, con su vibración. Con la relación que aparece cuando queremos escuchar aquello que nos dicen. Didanwy Kent señala que: 

la capacidad de vibrar que tienen todos los cuerpos, es la manera en la que la onda, audible o no, hace que las cosas vibren, lo que nos lleva a comprender que todos los cuerpos o materias físicas poseen una frecuencia de resonancia, tanto una pared, un edificio, una copa o un puente, así como el cuerpo humano (Kent, 2015, p.66).

En el arrojo a percibir los universos atmosféricos se apertura un espacio para la escucha, el cual se revela en medio de ejercicios corporales y psicoafectivos que buscan ralentizar el tiempo: permanecer en quietud o deambular con los ojos cerrados por periodos prolongados de tiempo. Explorar cómo el cuerpo, los oídos, la nariz, la piel son parte de un todo perceptivo. Acompañarse en el proceso y confiar. Explorar las vibraciones del espacio como cuerpo y el cuerpo como espacio, así como su resonancia conjunta. Explorar perceptivamente como el espacio entre los segundos puede distenderse, permitiendo percibir detalles que normalmente pasan desapercibidos: detalles sobre nuestros cuerpos y nuestra mente; sobre nuestras emociones y sentires. Experimentar con un espacio-tiempo que permite percibir con calma el espacio que habitamos, las personas con las que nos relacionamos y la forma en que vibramos y resonamos con ellas. Qué ocurre cuando podemos escuchar(nos) y percibir(nos) al margen de la vorágine de la vida es la pregunta que mueve a Atmósferas.

Para responder esta inquietud, lo que la experimentación que propone Atmósferas posibilita, es una suspensión temporal de la inercia en la que vivimos cotidianamente en las ciudades contemporáneas. La aceleración permanente y los estímulos desbordados nos mantienen en un estado de tensión y estrés del cuál es difícil escapar. Desde este proyecto encontramos que, si bajamos la velocidad esa inercia cede permitiendo respirar y escuchar con más calma. Atrapados en una vida vertiginosa, la calma es una apuesta por una forma distinta de vivir. De ahí la importancia de poder negociar con ese estado matérico y psicoafectivo que nos impide parar y respirar.

Podemos decir, de forma muy esquemática, que la experimentación en Atmósferas deviene un dispositivo para la escucha distendida y sutil, y que ese dispositivo se configura a su vez como un espacio liminal, en el sentido de Turner (1988), para percibirnos y sentir fuera de los ritmos y estímulos cotidianos de la ciudad. 

¿Cómo compartir estas experimentaciones? Para poder compartirse, Atmósferas ha adquirido la forma de un suceso escénico inmersivo en el que un grupo de artistas/investigadorxs proponen una experiencia que juega con la escucha, la atención y la sensorialidad. Durante alrededor de cuarenta minutos, quien asiste a vivir este experimento se introduce a un espacio-tiempo que hace uso de la oscuridad, de los sonidos en forma de murmullos, de la voz en forma de mantra, del contacto como forma de vínculo, cuyo objetivo es abrir una disposición perceptual. Un conjunto de acciones pensadas para estimular una experiencia psicoafectiva que trastoque nuestro estado mental y emocional por un breve periodo de tiempo, como una experiencia sensorial que se disloca de los ritmos acelerados de la ciudad. Un ejemplo de este trastocamiento lo encontramos en las siguientes palabras: «…todavía no lo tengo muy claro, difícil ponerlo en palabras. Me hizo sentir calma. Darles espacio a mis sentidos, agudizarlos. Me hizo bajar la velocidad» (Anónimx, enero del 2026)[1].

Revelar a detalle qué se hace en Atmósferas durante este suceso escénico inmersivo no es nuestro objetivo en este trabajo. Nuestro empeño surge del deseo por compartir estas reflexiones como un testimonio de lo necesarias que son las prácticas de escucha y exploración sensible, así como de su importancia en un mundo que ha instaurado un sistema total de control sobre nuestros cuerpos y mentes con un propósito instrumental. Un sistema en el que la velocidad y la sobreestimulación son tácticas diseñadas para que nuestra vida esté enfocada única y exclusivamente en la utilidad al servicio de una lógica hegemónica capitalista, y donde nuestros cuerpos se encuentran en una inercia de la que parece imposible escapar. Como ya lo señalaba Michel Foucault hace medio siglo:

Una «anatomía política», que es igualmente una «mecánica del poder», está naciendo; define cómo se puede hacer presa en el cuerpo de los demás, no simplemente para que ellos hagan lo que se desea, sino para que operen como se quiere, con las técnicas, según la rapidez y la eficacia que se determina. La disciplina fabrica así cuerpos sometidos y ejercitados, cuerpos «dóciles» (Foucault, 2002, p.142).

Generar espacios en los cuales sea posible ralentizar la aceleración permanente de nuestros días se convierte en estrategia vital para enfrentar esta «mecánica del poder» que nos desea permanentemente útiles, permanentemente en movimiento; incapaces de parar e incapaces de sentir y de pensar más allá de este mandato utilitarista que es vivir para producir, vivir para generar dinero, vivir para satisfacer el apetito insaciable de la máquina capitalista que impera en nuestras vidas.

Como corolario, compartimos aquí algunos testimonios en forma de retazos que dan cuenta de lo que esta escucha posibilita; de lo que la pausa puede generar como táctica de interrupción frente a la inercia que impide sentir y pensar sobre el cuidado de nuestras vidas. Estos retazos se recabaron entre los meses de diciembre del 2025 y enero del 2026, en el marco de una primera temporada de «Atmósferas: la coreografía perceptual del espacio como un rito de paso contemporáneo», que tuvo lugar en la Ciudad de México, en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo, del Instituto Nacional de Antropología e Historia. En este tiempo, alrededor de 60 personas asistieron a esta experiencia escénica inmersiva y compartieron parte de lo que experimentaron. Estas son algunas de sus palabras:

Creemos entonces que Atmósferas se configura como un dispositivo experiencial que abre un espacio en el que es posible ralentizar temporalmente el tiempo y que permite, a quienes la viven, experimentar un momento para escuchar y escucharse a sí mismxs en un entorno en el que las estructuras normativas de la cotidianidad se desvanecen, donde las expectativas sobre el deber ser pueden dejarse a un lado, y donde el cuerpo puede abrirse como un artefacto introspectivo o amplificarse como dispositivo sensorial. De esta forma, Atmósferas es un proyecto que busca abrir un espacio marginal, en el sentido de Delgado (1999) cuando señala que lo marginal no es aquello que está en la orilla de lo social, sino que refiere un tipo de acción no integrada a la normalidad en que se realiza. En consecuencia, un espacio marginal como el que propone Atmósferas es aquél que posibilita, en el centro de la vorágine de la ciudad, un espacio-tiempo al margen de la vida en su estado contemporáneo de aceleración y sobreestimulación permanente. Es un dispositivo para la suspensión de la inercia, un ejercicio que busca abrir espacio para la pausa, una apuesta por escuchar lo sutil y de esa manera, encontrar momentos de fuga para dar espacio a la sensibilidad como medio para vivir mejor.

Atmósferas está conformado por Irasema Serrano como directora y artista-investigadora, Fátima Elideth Santiago, Diana Díaz, Monserrat Ponce, Viridiana Barbosa y Andrea Estefanía Carrillo como investigadoras de movimiento y performers, Patricio Juárez Flores como antropólogo de escena, Jonathan Hernández como documentalista audiovisual y asistente de producción, Cecilia Garduño como escenógrafa, Ali Geraldine Fragoso como asistente de escenografía y Mariem Pino Dorantes como asistente de producción.

Patricio Juárez Flores es Doctor en antropología por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, maestro en estudios culturales por El Colegio de la Frontera Norte y licenciado en sociología por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Sus líneas de investigación se centran en el trabajo artístico, sus condiciones laborales y, de forma particular, en los procesos de construcción de sentidos en torno a la danza contemporánea. Recientemente ha enfocado su trabajo en el acompañamiento y colaboración en procesos creativos en danza contemporánea y teatro, en un esfuerzo por construir una antropología de y para la escena contemporánea mexicana.
Bibliografía

Böhme, Gernot (2017) Atmospheric Architectures. The Aesthetics of Felt Spaces. Bloomsbury.

Delgado, Manuel (1999). El animal público. Hacia una antropología de los espacios urbanos. Editorial Anagrama.

Ingold, Tim. Conociendo desde adentro. Reconfigurando las relaciones entre la antropología y la etnografía. Etnografías contemporáneas, 2(2), 218-230.

Kent, Didanwy (2021). La <<experiencia>> de los cuerpos que danzan. En Lachino Hayde, y

Matos Lúcia. (Eds.). La danza en tiempos de crisis y de re(ex)istencia. Difusión Cultural UNAM/Dirección de Danza UNAM:

Foucault, Michel (2002) Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión. Siglo XXI Editores S.A de C.V.

Salcido, Miroslava (2019). Performance. Hacia una filosofía de la corporalidad y el pensamiento subversivos. Secretaría de Cultura, Instituto Nacional de Bellas Artes.

Simmel, Georg (1986). Las grandes ciudades y la vida del espíritu. Cuadernos Políticos, (45), 5–10.

Turner, Victor (1988). El proceso ritual. Estructura y antiestructura. Taurus.

Vera, Shantí (2015) Prólogo. En Lepecki, André. Coreopolítica y coreopolicía. FLUIR EDICIONES. Cuadernos Políticos, (45), 5–10.


[1] Esta reflexión forma parte de un conjunto de testimonios que se recopilaron entre diciembre del 2025 y enero del 2026, al finalizar las experiencias de Atmósferas.

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