Por Daniel Espartaco Sánchez
No cabe duda que las series de televisión hace tiempo ya que sustituyeron a la novela de aventuras, ese género romántico con el que antaño los lectores le robaban unas horas a la realidad de la mediocre existencia. Sandokan y sus Tigres de Mompracem, y los Tres Mosqueteros de la reina, ahora podrían ser personajes de una serie de televisión de gran presupuesto. También Ivanhoe y Rob Roy MacGregor, Jim Hawkins y Long John Silver. En cierta medida, la novela de aventuras ha dejado ya de cumplir el solitario cometido de entretener a ciudadanos letrados y ociosos, y aunque esa necesidad sigue estando ahí, ya no participamos de ella de manera activa sino como meros pasivos espectadores. No soy un nostálgico, no sé mucho de cómo funciona en el cerebro el hábito de la lectura, y me quedo dormido cada vez que escucho exhortaciones desesperadas de maestros y promotores culturales para que los niños lean, pero sin duda algo perderemos y hemos perdido como especie, si es cierto eso que dicen los medios liberales de que cada vez somos menos inteligentes. Selah.
Pasando a otros temas, después de ver los primeros capítulos de Chief of War, no queda sino hacerse un par de preguntas: 1) ¿Por qué Jason Momoa siempre tiene cara de enojado? y 2) ¿Habrá una cláusula especial para que el único trasero al aire que aparezca sea el del protagonista? No es que me interese precisamente ver otros traseros, pero no me parece una coincidencia que sólo veamos el de Momoa, ya que también funge como productor ejecutivo, director, estrella y creador de la serie. Una tercera pregunta: ¿a qué se dedica Temuera Morrison cuando no lo llaman de Star Wars para ponerse un casco o cuando Hollywood necesita de un polinesio? La respuesta flota en el viento.
Y que no se malentienda, en mi opinión Chief of War tiene una trama que se deja ver, con masacres shakesperianas si se quiere, porque supuestamente el arte imita a la vida. Persecuciones en canoa y por la selva, conspiraciones palaciegas, reyezuelos hambrientos de poder, y mucho pescado crudo; etnografía que será el deleite de los infortunados que leyeron los clásicos de la materia. No falta la crítica del colonialismo y del capitalismo sin caer en los lugares comunes del buen salvaje: porque la ambición y el deseo de poder son inherentes a la naturaleza humana, por más que durante casi trescientos años nos hayamos tragado ese cuento del buen salvaje y por más que Hollywood nos haya vendido la idea de los amigables habitantes de las islas de Hawái, siempre dispuestos a complacer a los visitantes blancos, especialmente a los que vienen a cumplir sus deseos a la isla del señor Roarke.
A mí, de joven, siempre me fascinaron las migraciones polinesias, todo lo que tuviera que ver con estos pueblos y entre mi educación de colonizado estuvieron los relatos de Melville y Stevenson, así que miré Chief of War con mucho interés, aunque mi novia se quedó dormida, pues es difícil entender la geografía, el entramado de linajes y costumbres, y acostumbrarse a los nombres de los personajes: Ka’iana, Ka’ahumanu, Küpule, etcétera. No está de más tener algunos conocimientos previos de historia, porque supuestamente está basada en hechos reales, que fue la unificación de las islas por Kamehameha I, el Grande, que puso freno a la expansión colonialista europea en el Pacífico, aunque nomás puso el freno. Sin duda, no es para todos, pero Chief of War tiene de todo: tiene a Temuera Morrison (aka Boba Fett, aka el clon de Boba Fett, aka el tipo violento de la maravillosa película Alguna vez fuimos guerreros, aka el papá de Aquaman, al que rejuvenecieron por computadora con muy malos efectos especiales); tiene batallas épicas, masacres, una profecía —siempre hay una profecía, ya se sabe: el guerrero que unificará los reinos, bla, bla, bla—; Chief of War es algo así como un Juego de Tronos hawaiano sin escenas injustificadas de incesto, sexo y muchos pechos; pero sobre todo, tiene a un Jason Momoa siempre enojado y bufando y rompiendo cráneos con una espada de madera, sobre todo bufando, porque digamos que su registro actoral es bastante limitado.
No faltan los malvados blancos que llegan a la isla a la saga del infortunado capitán James Cook, al que estos amigables pueblos le rompieron la cabeza, como a Magallanes, pues bien empleado que se lo tenían por colonialistas. Así que también hay tricornios, pescadores y calcetas largas, mosquetes y pistolas de esas que sólo disparaban una bala, y algo de la leyenda negra española que tanto ofende a los hispanistas mexicanos que le van al Real Madrid. ¿Algo más? Sí, escenas de relleno, muchas escenas de relleno.
¿Vale la pena verla? Tal vez, aunque da la impresión de que podrías perder el tiempo de formas más interesantes



