Frente a la pantalla

Pertenezco a la generación en las que la televisión no entraba ni ocupaba todavía un lugar en el espacio doméstico

julio 27, 2026

Por Eduardo Ramírez

Lo que han hecho los modernos medios de reproducción ha sido destruir la autoridad del arte y sacarlo o mejor, sacar las imágenes que reproducen de cualquier coto.

John Berger, Modos de ver

Si la generación hace algo diferente de aquello a lo que la televisión parecía invitarla (aunque demostrando haber absorbido en abundancia sus formas expresivas y sus mecanismos pensantes), esto significa que ha leído la televisión diversamente de cómo la leían, por este orden, quienes la hacían, parte de quienes la consumían de otro modo, y la totalidad de los teóricos que la analizaban.

Umberto Eco

18/07/26. La mayor parte del día la paso frente a la televisión encendida.

Pertenezco a la generación en las que la televisión no entraba ni ocupaba todavía un lugar en el espacio doméstico. Fue aproximadamente hasta que tenía 5 años que llegó a la casa familiar una televisión (de bulbos, en blanco y negro y accediendo solo a 3 canales, dos nacionales y uno local).

Como éramos seis hermanos, yo me sentaba a un lado de mi madre desde la tarde a ver telenovelas (Lucía Sombra, La Gata) para ganar un espacio cómodo para ver en la noche los programas que me interesaban (comedias como Mi marciano favorito, Mis adorables sobrinos o series como Misión imposible y Los invasores).

Desde entonces el medio a través del que interactúo con la realidad es la televisión.

Por esos años —y desde entonces— se le empezó a llamar “la caja idiota” y se le asignaba la completa responsabilidad de comportamientos pasivos, obedientes que generaban conductas masivas imitadoras y sumisas.

Desde entonces a la pantalla se le achaca el contagio lineal de una conducta zombie.

¿Realmente estamos indefensos ante la permanente mediatización en la que, desde mediados del siglo pasado, se procesa la representación de la cultura?

¿Es vigente, en esta época multiplantalla, esa “idiotización” a la que los medios nos someten?  

¿Depende de nosotros y de nuestra manera en la que nos acercamos o respondemos a los medios el mantenernos críticos y utilizarlos como una fuente más para nutrirnos de contenidos e información?

Ya a inicio de los setenta hubo opiniones que cuestionaban esta “condena lineal idiotizante” de la televisión.

En 1972, en Ways of seeing, un programa de televisión para la BBC, John Berger establece un relevo en las imágenes de la alta cultura (la pintura al óleo) hacia las de la cultura de masas (publicidad), tanto en el elitismo de su estética como en la objetualización de la mujer.

Lo curioso es que, antes de que YouTube rescatara los programas originales, la mayoría accedimos a las discusiones de Berger a través de su versión en formato de libro.     

En su artículo de 1974 ¿El público perjudica a la televisión?, Umberto Eco se cuestiona si la televisión realmente moldea por completo a los espectadores y los vuelve conformistas, ¿cómo explicar que la generación que creció viendo televisión a inicio de los sesenta, fuera también la que cuestionó la autoridad, la familia tradicional, las jerarquías y las normas sociales en los movimientos del 68?

A estos cuestionamientos colabora Nam June Paik con su pieza TV Buddha (1974): una estatua de Buda sentada frente a un televisor, mientras una cámara de circuito cerrado transmite en tiempo real la imagen de la estatua al monitor.

¿Puede la televisión llevarnos a estados de reflexión?

W. Benjamin plantea que aunque las formas/lenguaje de representación de imágenes a través de la tecnología pueden ser revolucionarias, mientras sus contenidos sean tradicionales, el efecto revolucionario se desactiva (la fotografía pictórica). Para potenciar la función revolucionaria de estos nuevos medios, también los contenidos deberían ser revolucionarios (collages o fotomontajes dadaístas).

La tele, en su función de Black Mirror, nos bombardea de imágenes que nos dan a entender de una manera particular la realidad, y también nos refleja una imagen de nosotros mismos.

¿Esta fascinación/acceso de aparecer en las pantallas permanentemente es lo que nos atrae y mantiene en las redes sociales?

¿Su función es mantenernos absorbidos por las narraciones distractoras y afirmantes de las plataformas?

A pesar de que la televisión tradicional ha perdido auge, todavía a través de las pantallas podemos acceder a videopodcasts, documentales, documentos visuales de otros momentos. Contenidos de los que podamos extraer algún contenido y reflexión.

¿Tendremos la capacidad de frente a la pantalla —al ver realities, concursos, series que repiten fórmulas— entender algo sobre el comportamiento humano y sobre la función que los medios ejercen en él?

¿Hay alguna manera de tomar la distancia precisa de estos contenidos para consumirlos de manera crítica?

No sé. Yo solo me levanto cada día y enciendo la televisión como encendiendo una vela.

Eduardo Ramírez es editor, autor, maestro y asesor de proyectos. Escribe porque no aprendió a andar en bici y ve la televisión tratando de entender al ser humano y no aburrirse. Editó velocidadcrítica de 2000 a 2007. Publicó los libros El Triunfo de la cultura y El Cuauhtémoc de Troya. Ha escrito columnas y capítulos de libros en México y España. Lo han corrido de todas las universidades de Monterrey.

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