Por Marcel del Castillo
De la Bienal FEMSA hay mucho que hilar y deshilar tras 30 años en el mundo del arte. Es una historia que se compone de inventivas, cambios y presupuestos que la constituyen como una de las instituciones culturales de arte contemporáneo más influyentes.
La importancia de este evento va más allá de un asunto de edad, también es cuerpo. Si la confrontamos a otras gestiones que se llevan a cabo en este país “como la Bienal de Fotografía del Centro de la imagen, la Bienal de pintura Rufino Tamayo de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, cuyas convocatorias son nacionales pero limitadas a una sola práctica artística; la Bienal de Veracruz, gestionada por la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Veracruz desde 2011; o el Premio estatal de las Artes de Nuevo León, realizado por Conarte, cuya limitante fundamental es que los participantes deben ser residentes locales” 1 el resultado es evidente. El despunte que la Bienal FEMSA tiene en la gestión de las artes en México es extenso y caudaloso.
Quizá su carácter privado, evitando largos tiempos de burocracia, o el pertenecer a un corporativo que estudia y aplica el concepto de innovación en todas sus tareas, le ha otorgado esa personalidad de cambio y riesgo constante en cada una de sus ediciones. O, quizá, también, porque ha convivido con museos o centros de arte públicos de diversas vocaciones, así como se ha hecho acompañar de profesionales de las artes con un entusiasmo por lo contemporáneo y por cuestionarse qué más hay detrás del tiempo y la producción artística de la época. No podemos pensar sino en una conjunción de factores que han permitido a esta Bienal cruzar el tiempo sin desgastarse, dogmatizar o desaparecer, que son los destinos de la mayoría de las iniciativas y gestiones de este tipo.
En 1992, su primera edición, se anunciaba con un título aún decimonónico: Primera Bienal Monterrey Pintura y Escultura y como un certamen de convocatoria y selección de sus participantes a presentarse en el Museo de Monterrey. A la par de esta primera experiencia comenzó también su transformación. Para 1994, aceptó, premió y adquirió la instalación Refugio para un lecho de rosas de Betsabeé Romero. Este gesto abría las puertas a otras disciplinas, pero especialmente comenzaba a revelar el eclecticismo y la experimentación de los artistas de finales de siglo y que se constituirá en un reto para el futuro de la bienal.
En la edición de 2009 aparecen otros ejercicios que son importantes: La participación de artistas invitados y la gira a Puebla y Tijuana de la exposición. Los curadores Osvaldo Sánchez y Agnaldo Farías incluyeron en la exposición obras de artistas que podían ampliar y dialogar con los autores seleccionados por el jurado. Es aquí dónde ubico el inicio de lo que conocemos hoy día de la Bienal, pues esta ampliación e invitación hacían de ella un espacio no sólo de muestras de artistas en competencia sino un lugar de enunciación discursiva curatorial e institucional. Es decir, una bienal como cuerpo de trabajo de investigación, de construcción de conversaciones entre los artistas y su vecindario, alejándose de la versión de ser sólo una vitrina de lo que acontece.
La explosión de las redes sociales en la segunda década del siglo XXI en un mundo ya interconectado por el Internet y el capital, así como un fluir indomable de visualidades e información, impactó al arte y a los artistas en sus modos de crear, producir y distribuir sus creaciones. En el ámbito de la gestión de salones o bienales esta hipervisualización derribaba uno de sus mayores argumentos y fortalezas: Hasta 2010, en un mundo de monopolios mediáticos, las Bienales fueron los espacios primarios de visibilidad y difusión de los artistas y sus obras. Pero ¿y ahora? con la web 2.0, Instagram y YouTube ¿Para qué los artistas requieren de una bienal? En ese terreno de dudas el curador Willy Kautz fue el encargado de asumir la Bienal XII en 2016 con el título de: “¡Bienales!… ¿Cómo y para quién?”2
Esa práctica revisionista desde la gestión y la dirección artística de la Bienal propuso encuentros en diversas sedes de la ciudad de Monterrey, para, en palabras del curador “reflexionar en torno a las Bienales…se revisarán casos de estudio latinoamericanos como la Bienal de la Habana, Sao Paulo, Porto Alegre y Cuenca, por lo que estas actividades traen a la luz los retos detrás de la continua reinvención de lo que entendemos por este formato expositivo”3. Es así como el evento atajó el golpe del cambio de los tiempos, de la visibilidad y de las posibilidades del arte más allá de una exhibición y un concurso, convirtiéndose en una propuesta reflexiva sobre su propio cuerpo de trabajo y su relación con el mundo, más allá del entorno del arte.
A partir de esa edición la Bienal asume un formato de “Plataforma curatorial itinerante”4. En otras palabras: Elaboración de un discurso institucional a partir de investigaciones artísticas en entornos específicos. Es así como a partir de la Bienal XIII se conforma con un director artístico y un grupo de curadores a modo de satélites relacionados con un lugar, un tiempo o un tema en particular.
El resultado de estos ejercicios, por supuesto, es diverso, amplio y propositivo. Asume el ejercicio de dinamizar el arte alrededor de un tema, sus investigaciones y sus posibles ramificaciones discursivas, y deja de lado la ingenua pretensión de que mediante una convocatoria se puede tener un panorama amplio de la producción artística en México. La Bienal Femsa atraviesa, entonces, esa gruesa pero porosa frontera que separa el mundo del arte del mundo de la cultura. Ya no es sólo un espacio para artistas sino un lugar donde el arte traspasa y afecta a la sociedad en general.
Y ahora, las tres décadas son la excusa para reunir, mediante la curaduría de Daniel Garza Usabiaga, un conjunto de obras que forma una exposición que nos exige acercarnos a su historia. Titulada 30 años en el mundo del arte, Una revisión de la Bienal Femsa presentada en el Museo de Arte e Historia de Guanajuato, en la ciudad de León y ahora en el Centro de las Artes de Monterrey, es un revuelto de discursos, técnicas y estéticas muy difícil de transformar en trama narrativa, sino asumimos los altos riesgos que se tomaron durante años para hacer de este evento, no una máquina de visibilidad o un catálogo de ganadores, categorías o disciplinas; sino un contenedor de encuentros, conocimientos, experiencias artísticas, culturales, políticas y sociales. La exposición es ya un entramado denso de un México y un mundo sometido al escrutinio de la mirada sensible y crítica de los artistas.
Y de todo eso nos dan cuenta las obras y los títulos de algunas de ellas que a modo de ejercicio lúdico cruzamos en una oración: Escuelas de arte, trayectos, archivo, unfolded architecture, estudios sobre la felicidad, la máquina distópica, ellos habían aprendido que todo lo que sueñan puede existir, en medio del camino, semper ascendens…
Lo que la Bienal FEMSA se llevó nos abre muchas posibilidades para repensar los salones y las bienales de un siglo XXI cada vez más veloz, ecléctico y polarizado. Propuestas que reivindiquen el encuentro y el intercambio artístico en vez de la competencia disciplinaria, donde el conocimiento sensible guía los diálogos y fomenta conversaciones; exposiciones colectivas como epicentro sociocultural de las comunidades; potenciar nuevos imaginarios y formas de mirar y acercarse al mundo. Me parece que los artistas estamos un poco en deuda con esto también, pero a las instituciones públicas les urge repensar sus actividades para la integración y vinculación del arte, los artistas y la sociedad.
Marcel del Castillo es artista, curador y docente. Vive y trabaja en Monterrey. Sus prácticas artísticas son espacios de especulación y juego entre documento y ficción. En la actualidad su trabajo se ha enfocado en la representación de las vinculaciones culturales al agua en México.
Referencias:
1 Del Castillo, Marcel, 2025, El triunfo de las ferias de arte. https://revistaposdata.com/el-triunfo-de-las-ferias-de-arte/ 2,3 Femsa (16 noviembre 2016). La XII Bienal FEMSA da a conocer el Programa Público de su Programa Curatorial, https://www.femsa.com/es/sala-de-prensa/comunicado/la-xii-bienal-femsa-da-a-conocer-el-programa-publico-de-su-programa-curatorial/
4 FEMSA. (29 de febrero de 2024). Prensa. La Bienal FEMSA celebra tres décadas de existencia con la exposición 30 años en el mundo del arte. Una revisión de la Bienal FEMSA https://www.femsa.com/es/sala-de-prensa/comunicado/la-bienal-femsa-celebra-tres-decadas-de-existencia-con-la-exposicion-30-anos-en-el-mundo-del-arte-una-revisionde-la-bienal-femsa/#:~:text=La%20Bienal%20FEMSA%2C%20instituida%20en,certamen%20a%20plataforma% 20curatorial%20itinerante.
Foto: Bienal FEMSA.



