por Minerva Reynosa
Primera parte
Tuve conocimiento de la literatura de María Luisa “La China” Mendoza cuando la UNAM lanzaba, en el 2019, los primero cinco títulos de la Colección Novela y Memoria del proyecto Vindictas. Después de cuarenta años, se reeditaba la segunda novela de la autora, publicada por primera vez en la editorial Joaquín Mortiz en 1974: De Ausencia. Esta novela, narra la historia de Ausencia Bautista Lumbreras, una niña criada por su padre minero, cuando su madre muere en el parto. Éste, se hace rico al descubrir una veta valiosa y le transforma la vida a su hija. Ausencia se convertirá posteriormente en una prominente potentada de mucho mundo, respetable y parte de la clase gobernante de Guanajuato, a finales del siglo XIX. Ausencia, en su máximo rol protagónico, nos sorprende por abocarse a vivir una vida plena, llena de gozo y sin límites; todas aderezadas gracias al poder que otorga el dinero. Un personaje paradigmático ya en la literatura mexicana por su ahínco de mujer independiente, que no complace ni satisface los estándares del deber femenino de la conservadora sociedad mexicana y guanajuatense de la época; al poseer, al mismo tiempo, audaces fantasías sensuales y sexuales:
Una mañana, sin más, sin faldas y los remoños de la prisionera le revolotearon a Macedonio por las mejillas, a él que machihembreaba hasta distraído una pata coja en el asiento muy bien lijado. El jugo de naranja que Ausencia le ofreció se le hizo tragos de pulpa en el gaznate y lo calentó en las entrañas con el calor que le vino como inundación de junio en la sangre tan joven de ella, tan fuerte bajo la tierra y tan paradora sobre la cama de sus lindas pirujitas de las afueras del pueblo. De las diez de la mañana a las diez de la noche el muchacho se la pasó metido en Ausencia y en las cobijas perfumadas haciendo práctica de tiro, marcha forzada, arrejuntamiento de pepitas de oro y otra vez el azadón en la veta madre de Ausencia que se le perdía por momento geológicos y solamente la línea de los pirules del pubis de su bienamadísima lo tornaba a esa irrealidad del sexo amoroso esperado y reconocido con la luz de la distinta hora, entre ronquidos de Enedina que se atragantó con una probada de mole que relamía, al salir de la cocina rumbo a la huerta para divisar al carpintero de lejos y gritarle que ya estaba la comida, y no verlo, y entender sin más en dónde carpinteaba el miserable, comprenderlo sola en cuerpo, allí de pie, sintiendo la temblorina del miedo, de la ira, del despegue, del perdimiento, del es el colmo no tienen abuela, no tienen, y ahora qué hago, puta por toujour, me voy, me quedo, me toco, me regreso… Enedina se regresó a la cazuela que echaba chispas y con la parsimonia de la que nunca ha tenido nada ni loca se puede volver, le retiró de la lumbre con las manos pelonas y luego se dedicó a untarse manteca en los dedos para que se le quitaran las calenturas en las llagas que se merecía.
La trama es muy atractiva por la peculiaridad de los personajes, la destreza narrativa de los detalles psicológicos y las escrupulosas descripciones. Y la autodeterminación que Ausencia manifiesta se muestra, como diría Paul P. Preciado, a través de una fuerza orgásmica, esa capacidad de experimentar el placer y la libertad más allá de las normas de género y sexuales establecidas. Pero esa libertad femenina se convierte en una cárcel de su narcisismo, al querer detener la lozanía de su juventud y explotar el desenfreno sexual. De Ausencia, es una novela que remite a la tradición de las novelas costumbristas por su ubicación temporal, retrato de los usos culturales del Bajío y el contexto histórico del momento. Al mismo tiempo que hilvana un complejo lenguaje narrativo barroquizante, chistes de la literatura obscena; pero también con elementos del saber popular como las paremias, las frases, las consignas, los dichos, los aforismos, los cuales resignifica:
Viajaré siempre en papalote, de marquesa que sabe menear el zepelín, pensó Ausencia Bautista acomodándose el muaré del enfaldo que hacía juego con el muaré de la sombrilla humillada de los izamientos que la subían, con Ausencia, rumbo a los cielos, ella: sombra de sol, sombrilla, sombrita en los altos de los sombreros, de los buenos y malos pensamientos, de los globos de palabras, de las miradas que matan como puñaladas, de los entrecejos miopes o de los parpadeos deslumbrados de colores o sabores, o promesas, o, a veces, besos masculinos masculladores, maculadores, anunciadores de otros besos que la sombrilla no atestiguaba porque sus testimonios eran siempre de sol, repisa solar, colcha solar, entre sol y tornasol, hacedora la sombrilla de penumbras, y de murmuraciones, y de listas de compras y de pecados.
Como menciona la cuarta forros de la edición de la UNAM: “La China” Mendoza desborda todos los límites, especialmente los del lenguaje: en una sintaxis abigarrada se tejen lo mismo que neologismos, arcaísmos, cultismos y expresiones populares. Ahí el vuelco, cada enunciado que compone, se forman de palabras como estratos; que por secuencia y acumulación, nos acerca a sus consideraciones de la prosodia del Bajío. Sus piruetas verbales hacen que la alta literatura confluya con la expresión popular de una manera hiperbólica y llena de humor; invitando al lector a ser parte de la propia construcción del significado de sus construcciones lingüísticas y también, del sentido. Esa manera de escribir, indica que la proliferación narrativa con esas características, fue recurrente en la prosa de María Luis Mendoza. A propósito, Rosario Castellanos en su ensayo titulado “María Luisa Mendoza: el leguaje como instrumento” del libro Mujer que sabe latín, apuntó sobre el estilo de la autora: Tan peculiar, tan propio de ella, que aunque apareciera sin firma se reconocería. Por el uso novedosos de los vocablos, por el alzamiento de hombros ante las reglas, inexorables todas y obsoletas muchas, de la Academia. Las anteriores referencias, efectivamente articulan el gran valor literario, lingüístico y de la imaginación de la autora guanajuatense. Pero a propósito de la reedición de la novela y traer a la autora a los lectores del presente; del ensayo que le dedica Rosario Castellanos, de los variados homenajes que tuvo en vida y post mortem —los cuales se pueden consultar en la red— me pregunto ¿por qué en la introducción de la edición de Vindictas no se habla más sobre el resto de su obra de narrativa literaria? Las cuales, no algunas obras: Con él, conmigo y con nosotros tres (1971), El perro de la escribana (1982), Fuimos mucha gente (1999) y De amor y de lujo (2002); así como su libro de cuentos, Ojos de papel volando (1984). Me parece irregular, porque fue una escritora prolífica en el periodismo cultural, ensayo, crónica y guion cinematográfico. Pienso por supuesto y entiendo los criterios editoriales de las instituciones, sus objetivos por la divulgación y el rescate de obras de mujeres artistas; que de alguna manera fueron silenciadas por el paso de los años. También, por su pertinencia y valor cultural. Pero me parece genuino cuestionarlo, dado que no le hace justicia a la prosa de María Luisa “La China” Mendoza. Hubiese sido más provechosa una introducción al lector del ahora, si al menos otro par de libros se comentaran. Porque sí, efectivamente y por fortuna en varias librerías online, sitios de libros usados como Mercado Libre, algunas bibliotecas públicas y universitarias; tienen suficientes o muchos ejemplares de su obra. A partir de esa inicial duda y de la profunda curiosidad, asombro y admiración de haber leído De Ausencia, la cual ahora clasificaría a lado de otras escrituras barrocas como la de Tres Tristes Tigres de Cabrera Infante o algunos de los poemas narrativos de Gerardo Deniz; desde entonces, me he dedicado a buscar sus libros. En el intermedio, pude leer que hasta los últimos años de su vida, la autora estuvo participando en las actividades del mundo literario. María Luisa “La China” Mendoza fue una escritora productiva, inalcanzable y poderosa. Hizo periodismo durante toda su vida, viajo por el mundo, fue acreedora a premios por su escritura, fue diputada federal priista por Guanajuato y departió con Juan Rulfo, Sergio Pitol, Elena Poniatowska, entre otros. Así que también me pregunto: ¿cómo es que una escritora tan valiosa, tan barroca, hiperbólica, lúdica, no está en los apartados de narrativa mexicana de cualquier librería en México o al menos, las del Fondo de Cultura Económica? ¿cómo no han reeditado sus obras completas? Definitivamente en esta reincorporación y difusión de la obra de algunas mujeres escritoras, la de “La China” Mendoza debería ser una tendencia. Me pregunto ¿por qué no está siendo renombrada como Rosario Castellanos o Elena Garro?

María Luisa Mendoza (Guanajuato, Guanajuato; 1930-2018). Ensayista y narradora. Estudió Letras Modernas en la FFyL de la UNAM y Escenografía en la Escuela de Arte Teatral del INBA. Escenógrafa, periodista, comentarista de televisión cultural, diputada federal por el estado de Guanajuato, fundadora de El Día y Mujer de Hoy. Fue becaria del Centro Mexicano de Escritores en 1968 y miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Premio Magda Donato 1971 por su novela Con él, conmigo, con nosotros tres. Premio Nacional de Periodismo y Premio Bernal Díaz del Castillo 1972 por Crónicas de Chile. Premio de la SEP 1973 al mejor comentario televisivo sobre la drogadicción. Premio 1974 con mención honorífica a la serie de reportajes enviados desde la URSS a El Universal. Premio con mención honorífica Francisco Zarco 1975 para trabajo periodístico de mayor interés nacional. Presea Miguel Hidalgo y Costilla 1983, Congreso del Estado de Guanajuato. Premio Nacional de Periodismo 1984 por su programa Un Día un Escritor y por su trayectoria profesional. Premio Nacional de Novela José Rubén Romero 2001 por De amor y lujo. De Ausencia se re reditó en el 2019 en la Col. Vindictas, de la Dirección General de Publicaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México.



