Rock y gol: la otra hinchada de la Música

Vale la pena recordar algo que muchos rockeros sabemos de memoria pero rara vez lo contamos: el rock y el fútbol llevan décadas siendo la misma religión para varios de sus protagonistas, sobre todo del lado inglés, cuna tanto del metal como del propio juego.

junio 24, 2026

Por Arturo Roti

Monterrey vive estos días una fiebre que pocas veces se repite: ser sede de un Mundial. Y en medio de esa efervescencia, vale la pena recordar algo que muchos rockeros sabemos de memoria pero rara vez lo contamos: el rock y el fútbol llevan décadas siendo la misma religión para varios de sus protagonistas, sobre todo del lado inglés, cuna tanto del metal como del propio juego.

Ahí está Steve Harris, bajista y cerebro de Iron Maiden, que de chico estuvo en las inferiores del West Ham antes de que el bajo se le impusiera sobre las botas. Esa devoción nunca se le quitó, y en 1998 la mezcló sin pudor con el lanzamiento de Virtual XI: el título mismo es el guiño, «XI» es tanto el número del álbum en su discografía como el once que sale a la cancha, y el disco salió meses antes del Mundial de Francia 98. Harris decidió que su banda necesitaba su propio equipo, y de ahí nació la imagen que vuelve loco a cualquier coleccionista: en el booklet interior aparece la banda vestida de futbolistas junto a un combinado real de la época —Gascoigne, Pearce, Vieira, Overmars, Asprilla, Wright—. «Son todos jugadores de nivel mundial… y nosotros no», bromeaba Harris.

Esos futbolistas nunca jugaron con Maiden: era pura foto promocional. Lo que sí hubo fue una gira paralela de partidos reales por Europa, que arrancó en la propia mansión de Harris en Essex —con cancha en el jardín y bar a un lado— y siguió en París, Estocolmo, Madrid y Milán, reforzados por dos ex profesionales fans confesos de la banda: Terry Butcher, ex capitán de Inglaterra, y Neil Webb. Butcher terminó tan metido en ese rollo que llegó a jugar con el equipo de Maiden en Edimburgo y subió al escenario a cantar con ellos esa noche. También jugó codo a codo con Rod Stewart en un partido de beneficencia, según cuenta Terry, Stewart terminaba tan reventado que ni para cantar le quedaban fuerzas.

Del lado empresarial, el caso más grande de Inglaterra es Elton John con el Watford FC: hincha desde los cinco años, chairman desde 1976, llevó al club de la Cuarta División a subcampeón de liga y finalista de FA Cup en apenas siete años, lo volvió a comprar después de venderlo, y hoy tiene una tribuna completa con su nombre y la letra de «Your Song» pintada en lo alto.

Rod Stewart, por su parte, es el caso del hincha que se volvió leyenda por una sola noche: su papá era de los Rangers, pero en 1973, de gira con The Faces por Glasgow, conoció a Jock Stein, Kenny Dalglish, Mo Johnstone y Harry Hood, y quedó tan impactado por Stein que desde ese día se declaró del Celtic de por vida.

Y si hablamos de devoción hecha identidad, ahí está Geezer Butler con el Aston Villa: creció a unas cuadras del estadio, viendo medio partido gratis desde la colina porque no le alcanzaba para el boleto. Esa pasión nunca se movió: gritó «Up the Villa» en la inducción de Black Sabbath al Salón de la Fama, y el show de despedida definitivo de la banda se hizo justo en el Villa Park. Ozzy, su compañero de banda y de barrio, también era hincha del Villa, y este 2026 Butler festejó la Europa League del club con la alegría agridulce de saber que Ozzy ya no estaba para verlo.

En Deep Purple, el balón se vivió más como pleito de vestidor: Roger Glover es fan del Arsenal F.C. Jon Lord era fan del Leicester City Football Club, su relevo en los teclados Don Airey es del Sunderland, Ian Paice del Nottingham Forest, y de esa rivalidad interna nunca se salvaron. Ian Gillan, hincha del Queens Park Rangers, hizo amistad con el ex futbolista Rodney Marsh, y fue en una cena luego de un concierto donde Marsh le soltó que su banda solista no era tan buena como Deep Purple, hecho que terminó empujando a la reunión de la banda en los 80.

Y en Def Leppard el «clásico» se juega dentro del propio grupo: Joe Elliott es del Sheffield United, Rick Savage del archirrival Sheffield Wednesday. Lo insólito es que de joven Savage fue reclutado para jugar en el equipo rival del que era hincha, antes de optar por la música. En 1993, ante 50 mil personas de su propia ciudad, ambos salieron a tocar el encore vestidos cada uno con la camiseta de su equipo.

En Pink Floyd el fútbol nunca provocó las rivalidades de vestidor que se vivían en Deep Purple o Def Leppard. Roger Waters creció siguiendo al Arsenal, mientras que David Gilmour también ha sido relacionado con los «Gunners», algo lógico para dos londinenses de su generación. Nick Mason, en cambio, siempre mostró más pasión por los autos de carreras que por el balón.

Sudamérica no se queda atrás. En Argentina, Charly García y Luis Alberto Spinetta son riverplatenses de cuna, mientras el Indio Solari era de Boca, Cerati y Aznar de Racing. Pero el caso más definitivo está en Brasil: Jorge Ben Jor metió su amor por el Flamengo directo en la letra de «País Tropical», una de las canciones más importantes de la música brasileña, con el verso «Sou Flamengo» repetido en cada estribillo. Tim Maia llegó a cantar el himno oficial del club, y Gilberto Gil —que nunca fue de ese equipo, sino del Bahía— le mandó igual un saludo cariñoso a esa hinchada en el tema  «Aquele Abraço».

En México, Alex Lora es el caso más errante: le fue al Atlante «cuando era el equipo del pueblo», luego a los Toros de Neza, y desde hace años a los Pumas, «porque es el equipo de la raza»; los cuatro integrantes de Molotov están en ese mismo bando. Del otro lado, Saúl Hernández (Caifanes/Jaguares) confiesa haber sido futbolista antes del rock y es hincha de Cruz Azul, al igual que Meme del Real, de Café Tacvba, que solía echarle porras a La Máquina desde el extinto Estadio Azul.

Y aquí en casa, el Clásico Regio también se juega entre nuestros músicos: del lado felino, Tony Hernández de El Gran Silencio, Flip de Jumbo y Pato Machete; del lado rayado, Chetes, José Madero, Inspector y Joel Jáuregui, pionero de ese movimiento que hoy llamamos «futrock». Y para cerrar con la imagen perfecta del momento: Toy Selectah, ex integrante de Control Machete, fue el elegido por la FIFA para componer el Sonic ID oficial de Monterrey en este Mundial 2026, esta vez aderezándolo con el acordeón y el bajo sexto con ese sabor regio de siempre.

Y quizás por eso el rock y el fútbol se entienden tan bien. Los dos nacen de la pasión, de la pertenencia, de esa necesidad humana de sentirse parte de algo más grande. Los dos tienen himnos, ídolos, camisetas y multitudes cantando al unísono. Y los dos son capaces de regalarnos esos momentos que recordamos toda la vida. Hoy que Monterrey vuelve a respirar ambiente mundialista, vale la pena recordarlo: detrás de cada riff poderoso y de cada gol inolvidable late exactamente la misma emoción. La que nos hace levantarnos del asiento, apretar los puños y gritar con el alma.

Arturo Roti (1968). Comunicólogo egresado de la UANL, rockero de corazón desde que Queen lo bautizó en su primer concierto. Fan del cine, el fútbol y de opinar de todo (aunque nadie lo pida). En el año 2000, dio vida al blog Ojo Eléctrico, donde desmenuzaba discos, rolas y conciertos, y que más tarde se transformó en una cápsula de televisión para el programa Amplificador de TV Azteca. Ha colaborado para El Norte y pintado casas con su jefe en los veranos. Vive con una banda sonora perpetua en la mente, porque, para él, la vida siempre tiene un soundtrack.

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