Por Rocío Cárdenas
En las obras de Mónica Fernández el tiempo de ser madre y ser artista se cruzan mostrándonos detritos de esos procesos. Su trabajo devela ciclos de pérdidas como la caída del pelo, ante el inevitable paso del tiempo, dejando una huella que se atribuye a la maternidad, asumiéndola sin disfraces. No hay eternidad en el cuerpo, en el poder, ni en los afectos. Solo queda la conciencia de que todo termina, y en ese reconocimiento, encontramos la posibilidad de vivir con más libertad.
Al pasar el tiempo, los roles se transforman. Hoy cuidas y mañana serás cuidada.
El tiempo de ser hijos es efímero, pero deja huellas profundas. Es un momento para apreciar, escuchar y aprender de nuestros padres, quienes, aunque a veces parezcan inquebrantables, también necesitan cariño y cuidado.

Con el paso de los años, los roles se transforman. Aquella madre que cuidaba se convierte en alguien que necesita ser cuidada. Así, en su trabajo Fernández despoja a la maternidad de ese romanticismo dogmático que se atribuye a “la belleza de ser madre”.
Esta mirada nos confronta con la decadencia, un aspecto natural y universal de la vida que trasciende el cuerpo y se extiende a los vínculos, los proyectos y las propias identidades. La vida está marcada por ciclos que inician y terminan, y cada final —ya sea el declive físico, el ocaso de una relación o el cierre de una etapa vital— es, en esencia, una pérdida.
Sin embargo, en esa decadencia también reside una verdad incómoda pero profunda: todo lo que tiene vida está destinado a transformarse y, finalmente, a desaparecer. Liberarnos de las idealizaciones —de la maternidad y del amor romántico— permite reconocer la crudeza de ese final, pero también su autenticidad.
En la forma de narrar este tiempo “de los cuidados” que son actividades invisibles realizadas por todas las mujeres del mundo; mientras cocinamos, limpiamos la casa, cuidamos a lxs niñxs, ayudamos a lxs ancianxs, compramos comida; hay una naturaleza oculta en los espacios íntimos de lo doméstico que a todas las mujeres nos desgastan, nos cansan, ¡nos dejan pelonas! La pieza que da nombre a esta exposición (un trapeador de cabello natural, delicadamente reunido e injertado) que emulando este utensilio de limpieza que visibiliza esas pérdidas femeninas.
Asumir la decadencia, lejos de ser pesimista, es aceptar la vida sin disfraces. Y esta es la apuesta a la que nos invita Momo Fernández con la muestra «Me van a dejar pelona», cuyo cierre está previsto para el próximo 21 de marzo.

Título de la exposición individual: «Me van a dejar pelona», de la artista Momo Fernández.

Apertura: Miércoles 5 de marzo. Cierre: Viernes 21 de marzo.
Yo Studio
Av. Ricardo Covarrubias No. 3300
Distrito Tec
Monterrey
Fotos: Cortesía.



