Ace “Spaceman” Frehley: el as que ahora vuela entre las estrellas

Se apagó una luz que para muchos brillaba con la intensidad de una supernova. Ace Frehley, el Spaceman de Kiss, nos dejó este jueves 16 de octubre de 2025, y con él se lleva una parte de nuestra juventud.

octubre 19, 2025

Por Arturo Roti

Se apagó una luz que para muchos brillaba con la intensidad de una supernova. Ace Frehley, el Spaceman de Kiss, nos dejó este jueves 16 de octubre de 2025, y con él se lleva una parte de nuestra juventud, de nuestra inocencia y de ese asombro que sentíamos frente a las revistas, las portadas y los pósters que recortábamos con fervor. Para muchos de nosotros, Kiss no empezó por la música, sino por la imagen, por esos trajes plateados y el maquillaje que nos parecía mágico, casi prohibido, como un rito secreto al que solo unos pocos teníamos acceso.

Ace nació el 27 de abril de 1951 en el Bronx, Nueva York. Desde joven mostró una independencia y un carácter que más tarde se verían reflejados en su guitarra, en su estilo, en su risa. Cuando se unió a Kiss en 1973, se convirtió en el Spaceman: un astronauta del rock, con su guitarra que lanzaba humo y destellos, con su maquillaje estelar, y esa risa —a veces tan estridente que opacaba incluso a Gene y Paul— que incomodaba y encantaba al mismo tiempo. Una risa que, en aquella famosa entrevista, dejó claro que Ace tenía su propio ritmo y no se plegaba a la solemnidad calculada de los fundadores.

Su legado dentro de Kiss es imborrable. Fue compositor de himnos que seguimos tarareando: “Cold Gin”, “Shock Me”, “Rocket Ride”, “Parasite”… Cada una de esas canciones llevaba la firma de Ace, su estilo único, esa sensación de que la guitarra podía hablar, gritar y volar al mismo tiempo. Su disco solista de 1978, Ace Frehley, fue un fenómeno: “New York Groove” aún retumba en las radios y en nuestra memoria. Más tarde, con “Frehley’s Comet”, exploró otros sonidos, adaptándose sin perder su esencia, mostrando que el Spaceman podía reinventarse y sobrevivir a los cambios de décadas enteras.

Y si hablamos de líneas que nos llegan al alma, está la de “Rock Soldiers”:

“When I think of how my life was spared from that near-fatal wreck

If the Devil wants to play his card game now

He’s gonna play without an ace in his deck…”

Esa frase no solo habla de supervivencia, de haber enfrentado sus demonios, sino de que Ace era el as que nadie podía quitar, ni la vida, ni el Diablo, ni los que alguna vez dudaron de él.

Su relación con Kiss fue un vaivén de amor y conflictos. Se alejó en 1982, cansado de fricciones internas y de tener que adaptarse a reglas que no eran las suyas. Luego fundó Frehley’s Comet y siguió su camino, con la guitarra como brújula. Regresó a la banda en 1996 para la gira de reunión y se despidió nuevamente para siempre en 2002, dejando claro que su libertad era sagrada. Entre medias, su espontaneidad y sus bromas —esas carcajadas que Gene a veces detestaba— nos enseñaron que la música también podía ser irreverente, humana, imperfecta.

Recuerdo como muchos otros chavitos de mi edad: recortando revistas en tercero de primaria, defendiendo la banda frente a burlas de mayores que decían que eran satánicos o que el maquillaje era ridículo, ignorando las críticas mientras yo pensaba que Kiss era mi mundo y Ace mi héroe. Su traje espacial se me figuraba capaz de volar, como un puente entre mi imaginación y la realidad de la música. Luego llegó mi gusto por géneros más extremos y, sí, le hice un feo a su etapa solista, pero con el tiempo entendí que Ace tenía un lugar propio en mis recuerdos, en mi música, en mi vida.

Ace Frehley murió a los 74 años, y aunque su cuerpo ya no esté, su legado sigue vivo: en la guitarra que nos hace vibrar, en los riffs que nos transportan y en esa figura plateada que flotará para siempre entre nuestras memorias. Fue incluido en el Rock & Roll Hall of Fame en 2014, reconocido como uno de los guitarristas más influyentes del rock y el metal, y como un artista que nos enseñó que ser auténtico vale más que cualquier regla o convenio.

Hoy, mientras pienso en Ace, recuerdo Rock Soldiers y esa frase que ahora retumba más que nunca: el Diablo jugará su juego sin un as en su baraja… porque ese as, nuestro Spaceman, ya vuela entre las estrellas.

Gracias, Ace. Siempre serás nuestro as, nuestro Spaceman, nuestra carta secreta en la baraja del rock.

Arturo Roti (1968): Comunicólogo egresado de la UANL, rockero de corazón desde que Queen lo bautizó en su primer concierto. Fan del cine, el fútbol y de opinar de todo (aunque nadie lo pida). En el año 2000, dio vida al blog Ojo Eléctrico, donde desmenuzaba discos, rolas y conciertos, y que más tarde se transformó en una cápsula de televisión para el programa Amplificador de TV Azteca. Ha colaborado para El Norte y pintado casas con su jefe en los veranos. Vive con una banda sonora perpetua en la mente, porque, para él, la vida siempre tiene un soundtrack.

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