Por Eduardo Ramírez
06/01/26. Si hoy escribiera un editorial de velocidadcrítica, en vez de una entrada más a este diario, ¿qué diría?
Los modelos de análisis sobre lo que pasa en el entorno político han sido rebasados. Resultan insuficientes/caducos, incluso ingenuos porque apelan o utilizan conceptos “éticos”/”valiosos”/”humanos”, pero que hace tiempo que son inútiles para entender e incidir en algo más allá del apego a ideologías de la modernidad a las que todavía nos aferramos sin que éstas sirvan para proveernos de instrumentos conceptuales para construir y participar en un diálogo crítico medianamente interesante.
¿Qué conceptos considero que ya no nos sirven para “defender”/”críticar” ciertos hechos? Me sorprende escuchar que la crítica se ancle (a falta de otros argumentos de credibilidad) en “el orden internacional”, “la autodeterminación de las naciones”, “la ‘no violencia’”. ¡Cómo si todavía viviéramos en un contexto y una narrativa que era válida en la posguerra para conciliar y solidificar dicho “orden mundial”!
A partir de la caída del muro, la única lógica (y violencia) que rige y regula la estabilidad mundial es la de los mercados más que las ideológicas. Los bloques económicos, sean de Norteamérica (y los intentos sudamericanos por defenderse o participar de ellos); la Comunidad Europea (y su continuo desprestigio e imposibilidad de impedir —manteniendo su discurso democrático— la migración africana y turca); desde Rusia y su esfera subterránea de sometimiento que hoy excede e inyecta de capital a todo el mundo; sin olvidar, la potencia avasallante de la economía China bajo la que hoy todos nos rendimos consumiendo sus productos o participando en sus redes.
Ya no naciones, sino bloques económicos. Ya no economías nacionales; empresas “sin chimeneas”, de servicio y experiencia que hoy rigen los modos de vida de la humanidad global. Inclúyase turismo cultural y de entretenimiento, medios de producción audiovisual sea de ficción o de noticias (también hoy frontera indistinguible), narcotráfico y farmacéuticas alterando la consciencia y adormilándola.
Hace tiempo que la invasión militar es el método de menor violencia hacia las comunidades y a las zonas y países marginados. La invasión ya no viene en portaviones ni en bombarderos, sino en contenedores, en diseños y a través de la petición de productos en red hasta nuestro domicilio.
Es una violencia de baja intensidad la que nos afecta y nos merma. La violencia de la economía salvaje, la agresividad de las industrias de la experiencia la que margina imaginarios comunes y de sentido e impone —y no— una narrativa, sino la confusión entre nosotros, mientras minorías privilegiadas se alían, deciden y protegen sus intereses.
¿Por eso no nos queda claro que el único “orden mundial” es el que, en las crisis financieras de la primera década del siglo XXI apoyó a los bancos y al sistema financiero, antes que a los clientes deudores a los que debía apoyar y sobre los que se basa su esquema de negocio?
¿No nos hemos dado cuenta que ese “orden mundial” hoy no es representado por Instituciones, ni Estados; sino que permanece oculto tras una red de intereses de los capitales oscuros (narco/trata de personas/desplazamiento de inquilinos para “construir” ciudades/mantenimiento de la migración Sur-Norte para mantener mano de obra barata y alta ganancia…)?
El resultado es que hoy, tomar partido por alguno de estos señuelos visibles, sean líderes, ideologías, partidos, naciones, falsos o inexistentes conceptos (democracia, esfera pública, justicia…), solo contribuye a confundirnos más y ayudar —al momento de opinar/criticar/tomar postura— a producir más confusión para que los grandes pescadores (incluso, robusteciendo las redes a través de las que opinamos y nos informamos) capitalizan esta sobre-oferta de opinión inútil para el cambio, pero utilísima para sus cuentas de inversión y para consolidar las bases que sostienen su poder.
Eduardo Ramírez es editor, autor, maestro y asesor de proyectos. Escribe porque no aprendió a andar en bici y ve la televisión tratando de entender al ser humano y no aburrirse. Editó velocidadcrítica de 2000 a 2007. Publicó los libros El Triunfo de la cultura y El Cuauhtémoc de Troya. Ha escrito columnas y capítulos de libros en México y España. Lo han corrido de todas las universidades de Monterrey.
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