Por Lorena Sanmillán
Me acuerdo; sí me acuerdo.
Me acuerdo cuando pensaba que Jimmy Carter era cartero y no presidente de USA.
Me acuerdo cuando el escritor Vicente Alfonso me puso en mi lugar al hacer un comentario sarcástico sobre el texto de un compañero en un taller literario.
Me acuerdo de la angustia al esperar el resultado de una biopsia de mama.
Me acuerdo que mi abuelo Eulogio era bueno para redactar las cartas que se iban a enviar.
Me acuerdo del cine Lírico en la Calzada Madero.
Me acuerdo de los Magicuentos.
Me acuerdo que confundía “Íñigo” con “Índico”.
Me acuerdo cuando comí tamales de venado.
Me acuerdo que teníamos dos guantes de beisbol de color rojo, uno largo de jardinero y uno acolchado, de catcher.
Me acuerdo cuando iba al beisbol y hasta tenía mi casaca de los Sultanes.
Me acuerdo cuando decían que “se la iban a cantar…” cuando algún compañero de la secundaria iba a declarar su amor.
Me acuerdo que en mi graduación de primaria mi padre me regaló un reloj CASIO de calculadora.
Me acuerdo que los domingos vestía de blanco para ir a la iglesia.
Me acuerdo que mis hermanos escuchaban el American Top 40 en la onda corta.
Me acuerdo cuando me inyectaba mi tía Narcisa.
Me acuerdo de la mermelada de naranja que preparaba mi madre.
Me acuerdo del rechinido de las máquinas de la tortillería.
Me acuerdo de las paletas de dulce con círculos de los colores de los semáforos.
Me acuerdo del secuestro y asesinato de Hernán Marcelo Villarreal Urrutia en noviembre de 1986.
Me acuerdo que una vez se descompuso la puerta del refrigerador de casa y mi cuñado le puso una cerradura. Cuando iban visitas pensaban que lo teníamos con llave.
Me acuerdo que pensaba que el color azul de Prusia era un error; pensaba que debería decir azul de Rusia.
Me acuerdo de una frase del monólogo del “Merolico” con Sergio Corona: ¡Újule, lástima de ropita!
Me acuerdo de los chocolates Tikal.
Me acuerdo de los refrescos de Casa Guajardo: Pep, Del Valle, Hit, Doble Cola, Barrilitos y London Club.
Me acuerdo de Benitín y Eneas.
Me acuerdo que recibí el 2003 en la Puerta del Sol, en Madrid, con la canción de Mecano Un año más de música de fondo, acompañada de Graciela.
Me acuerdo que los sábados mi mamá me compraba un yogurth Chambourcy de fresa.
Me acuerdo que mi tía Celia nos regalaba galletas sin levadura.
Me acuerdo cuando saqué mi tarjeta de crédito en Liverpool.
Me acuerdo de cuando descubrí la palabra arcano en una canción de Sasha que se llamaba “La leyenda”. Corrí a buscar el diccionario y me quedé horas leyéndolo.
Me acuerdo de los cursos por correspondencia de la Hemphill Schools que se anunciaban en algunas revistas en los ‘80s.
Me acuerdo cuando pretendí ser rubia y lavaba mi cabello con shampoo Organics de Fabergé.
Me acuerdo cuando tenía bonito el cutis.
Me acuerdo que los domingos muy temprano pasaban en la televisión el programa “Cosmos” de Carl Sagan.
Me acuerdo del miedo que me daban las Poquianchis.
Me acuerdo que una amiga de mi mamá le decía “Corazón santo…”
Me acuerdo que me encantaban los prólogos de los libros de primaria, escritos por Armida de la Vara.
Me acuerdo de los pantalones Sergio Valente con las costuras blancas.
Me acuerdo del programa XETU con René Casados y Érika Buenfil.
Me acuerdo del concierto de Menudo en el Estadio Universitario en 1982.
Me acuerdo que el grupo de teatro de la Preparatoria 1 se llamaba Art es vita.
Me acuerdo de la disquera dlv -de larga vida- y sus viniles de 45 rpm con el logo verde con blanco.
Me acuerdo del programa Esta noche se improvisa conducido por Verónica Castro. La conductora tenía cartoncitos con palabras y los participantes tenían que decir una canción que las incluyera; mientras tanto, en una cabina en silencio, un compositor trabajaba en una canción: todo en media hora.
Me acuerdo del taller de escultura al que me inscribió mi mamá en la Casa de la Cultura. Hice la canoa de Popeye.
Me acuerdo que el 1 de septiembre mi papá se sentaba a ver el Informe presidencial. Se encadenaba la transmisión y no había nada más que ver. Era el día del Presidente. Todo el día se hablaba de él. Por la mañana el Informe, el besamanos al llegar y salir de la Cámara de diputados y después un breve desfile por la plaza de la Constitución. El resto de la tarde eran repeticiones y comentarios acerca de las cosas dichas por el presidente y por la noche más opiniones en los noticieros. Me gustaba organizar una representación de toda esta parafernalia política con mis monitos.
Me acuerdo de la serie Los años maravillosos.
Me acuerdo de la ciclopista del Parque Niños Héroes.
Me acuerdo del trompo que me regaló don Víctor porque le barría la calle.
Me acuerdo de mi yoyo Duncan.
Me acuerdo que en la ceremonia de graduación de primaria desfilamos en el patio danzando La marcha triunfal de Aída.
Me acuerdo de la cena entre arquitectos y Dulce en el Trece Lunas; de madrugada bailamos Claridad escuchándola desde mi celular.
Me acuerdo del vecino de atrás de casa de mamá que todas las tardes de los sábados ponía música.
Me acuerdo que mi tía Lupe trabajaba de acomodadora en los cines de Organización Ramírez y muy seguido nos llevaba a ver películas gratis.
Me acuerdo de Juan Pestañas y su canción “A ti que cumples años hoy”.
Me acuerdo que los domingos por la tarde mi papá nos compraba papitas.
Me acuerdo que para ver la final del Mundial México ‘86 mamá preparó hamburguesas.
Me acuerdo del restaurante El Sanmillán, de Madrid.
Me acuerdo del anuncio del yoyo Duncan: Si no es Duncan, no es un yoyo.
Me acuerdo de que fui al concierto de Sting en el Estadio de Béisbol Monterrey el 18 de octubre de 1991. Me acuerdo que gané el boleto en Stereo 7.
Me acuerdo que a mi mamá le gustaban mucho los pavorreales.
Me acuerdo de los colores Fantasy que nos compró mi papá a plazos. Eran finos, nos dijo que los cuidáramos mucho. Venían en una cajita de latón y tenían grabado el nombre de cada color en letras doradas.
Me acuerdo cuando recorrí en Italia todos los lugares que menciona Susana Guzner en su novela La insensata geometría del amor y creía encontrarme con Eva y María en cada espacio. Fue mágico.
Me acuerdo de las paletas de fresas con crema que Chuy vendía en cuaresma.
Me acuerdo cuando Lizbeth me dijo que probablemente estaba embarazada.
Me acuerdo que de niña cazábamos chicharras para ponérselas en la boca a mi hermano Eliseo y que pudiera hablar.
Me acuerdo de las cámaras espía que vendían a la salida de la primaria.
Me acuerdo de la noche que cené jamón serrano sentada en la alfombra de un hotel elegantísimo.
Me acuerdo cuando visité Tlaquepaque y probé la nieve de piñón.

Universidad Autónoma de Nuevo León
ISBN: 978–607–27–2687-1
168 páginas



