Por Teresa Martínez
El Monasterio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas, en Sevilla, está cargado de historia. Tan solo entre 1509 y 1537 albergó en su interior la tumba de Cristóbal Colón.
Desde 1997, el complejo construido entre los siglos 15 y 18, alberga el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, institución creada en 1990. El edificio fue rehabilitado en 1992 para la Exposición Universal, un acontecimiento cultural que marcó a Sevilla y donde aún se pueden admirar los pabellones de los distintos países participantes en distintos puntos de la ciudad.

En el CAAC, los azulejos antiguos y nichos se combinan con pinturas, instalaciones, esculturas e intervenciones. Es interesante cuando la arquitectura antigua o industrial, es adaptada como recinto para exposiciones, resultando ser espacios más retadores que el cubo blanco.
Desde la entrada, las esculturas se combinan con el área exterior del edificio, una de ellas es Alicia (2009), una interpretación del famoso personaje de Lewis Carrol, creada por Cristina Lucas (Jaén, 1973), que inicialmente formó parte de una exposición colectiva organizada en los patios cordobeses, utilizando la tradición de este sitio.
La generosa extensión del recinto le permite mostrar siete exhibiciones simultáneamente. En su interior se encuentra la Capilla Santa Ana, que data del siglo 15, sitio donde estuvo la tumba de Colón y dos miembros de su familia.
En este espacio ahora convertido en sala se encuentra la exhibición Kupinduka, de Virginia Chihota (Zimbahue, 1983). Combinando elementos folclóricos y jugando con los límites de la abstracción y lo figurativo, la artista despliega sus pinturas en gran formato colocadas como si fuesen mamparas, permitiendo al espectador apreciar la doble cara de las obras. Su exploración pictórica ahonda en preocupaciones emocionales y sociales, como el duelo y el matrimonio, representadas con cuerpos femeninos en medio de imágenes fragmentadas que recuerdan al collage. Al reverso de cada pintura, el cuerpo femenino amorfo se encuentra en un trazo más caricaturesco, con líneas en negro sobre la tela.

El recinto dedica también una exhibición del Cachito Vallés, titulada El eterno presente, en alusión a la idea del filósofo Byung Chul-Han en su ensayo La salvación de lo bello, donde plantea que “lo bello invita a demorarse”. El originario de Sevilla pertenece a un grupo de artistas interesados por la ciencia, la tecnología y la física, logrando obras con mecanismos y sistemas complejos con luz, movimiento o sensores. Varias de sus obras se activan con la presencia del público, mientras que otras se encuentran en constante acción. Predominan sus esculturas geométricas de luz y color, también se encuentran sus dibujos que exploran las formas de los circuitos electrónicos.

Su obra recoge el legado de las prácticas desarrolladas en el contexto del Centro de Cálculo de Madrid durante 1960 y 1970, donde se promovía una concepción del arte como sistema regido por estructuras lógico-matemáticas.
Otra de sus exposiciones en sala es Améfrica, una revisión de la Colección de Jorge M. Pérez que estará hasta febrero del próximo año. El curador Hélio Menezes seleccionó 128 obras partir del concepto Améfrica, acuñado por la intelectual afrobrasileña Leila González, que ahonda la presencia de la comunidad africana en el mundo y la diáspora; participan 99 artistas de más de 130 países no solo de África y América, también de Australia y Europa. y se divide en secciones relacionados a los procesos identificados por la autora en las comunidades del continente americano: Adaptación, Resistencia, Reinterpretación y Creación de nuevas formas, y una sección de retratos titulada Amefricanas. Ocupando varias salas del recinto, la exposición reúne obras de distintas disciplinas que ahondan en asuntos como la lucha contra el racismo, la religión y espiritualidad, las travesías y migraciones, así como las herencias culturales, entre otros. Entre las piezas se encuentra Camino al exilio (2018), de Barthélémy Toguo (Camerún, 1967), una instalación compuesta por una barca que no solamente refiere a las crisis migratorias contemporáneas, especialmente del 2010, sino que es parte de una exploración del artista quien se ha interesado por abordar los desplazamientos a través de su producción.

Al recorrer el CAAC, el público podrá encontrar una propuesta curatorial de rigor en sus salas, que contempla tanto la producción de arte contemporáneo español, como colecciones internacionales y propuestas de artistas extranjeros. Además que es un disfrute admirar su arquitectura: entre sus patios, las estructuras que antes pertenecían a una función religiosa, como los altares, los mausoleos; todo eso combinado con las intervenciones y obras comisionadas a creadores contemporáneos.
Lejos de las angostas calles sevillanas y de los tumultos turísticos, el CAAC resulta ser una gran sorpresa guardada en un monasterio, un sitio que permite contemplar las más recientes propuestas artísticas a través de un ambiente silencioso y apacible.

Teresa Martínez (Nuevo León, 1985) es periodista freelance que ha colaborado en distintos medios corporativos y culturales como El Norte, Reforma, La Tempestad, Revista Replicante, Vida Universitaria y Leer Mejora tu Vida. Es egresada de la licenciatura de Artes Visuales de la UANL. Organizó y editó un diálogo que moderó entre los colectivos de artistas Tercerunquinto y marcelaygina, publicado en el libro Nos gustaría contestar algunas preguntas. Colectivo marcelaygina 1997-2010 (MARCO-UANL, 2023). Se desempeñó como reportera durante 14 años en el periódico El Norte, donde produjo y realizó el programa Visita Guiada, una serie de videos acerca de las exhibiciones en museos, y en 2019 editó la revista Miradas. En 2016 fue galardonada con el Reconocimiento a la Excelencia en el Desarrollo Profesional de la UANL. Actualmente, es coordinadora de atención a medios en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey.
Fotos: cortesía de Teresa Martínez.



