Por Eduardo Ramírez
I stood alone upon the highest cliff-top
Looked down, around, and all that I could see
Were those that I would dearly love to share with
Crashing on quite blindly to the sea…
Peter Hammill
Did I fall or was I pushed?
And where’s the blood?
Thom Yorke
3/08/26. El acantilado dibuja un lugar y un paisaje fascinantes.
Es una respuesta del orgulloso terreno ante la grandiosidad y la furia del mar. Es un faro desde donde podemos observar a la distancia y es una gran tentación que nos llama al despeñadero.
¿Escribir un artículo breve nos pone ante la tentación de escoger un tema y desarrollarlo lógicamente, de inicio a fin?
La vida y el sentido no son así. En ellos se mezclan, se agolpan y tejen una serie de sensaciones, situaciones estímulos y temas que nos piden responder también con decisiones poco simples, amplias y complejas.
Mientras leo/escribo veo de fondo en YouTube un video sobre la historia del disco Pawn Hearts de Van Der Graft Generator (1971). Pongo poca atención a la narración en inglés. De pronto, frente a mí pasan las imágenes de una multitud de roedores lanzándose por un acantilado hacia el mar. Alcanzo a escuchar “el documental de Disney…”.
El mito sobre el suicidio de los lemmings se hizo mundialmente famoso por el documental para televisión Disney White Wilderness (1958). En una de sus escenas se mostraba a los lemmings cayendo por un precipicio, presentándolo como un comportamiento natural. Con una voz en off que, acompañada por música dramática, narraba “estos roedores son una leyenda viviente. Se dice de estos pequeños animales que cometen suicidio masivo corriendo hacia el mar en manada. […] Frenéticamente cayendo en cascada por los acantilados. Creando pequeñas avalanchas de tierra y rocas deslizándose. Alcanzan el precipicio final. Esta es la última oportunidad de regresar. Sin embargo, siguen. Arrojándose físicamente al vacío.”
Con esta información vuelvo a ver el video sobre Van der Graft y, en lo que yo estaba distraído/escribiendo, ahora escucho que el impacto de este documental de Disney trascendió a la letra de su canción Lemmings (including Cog).
La canción, en los setenta, usa a los lemmings como metáfora de la humanidad que sigue a la multitud hacia un destino destructivo. La letra de Peter Hammill critica el conformismo, el liderazgo fallido y a la tendencia de la sociedad industrial avanzando colectiva y violentamente hacia el desastre.
Décadas después se descubrió que el documental de Disney era falso. La secuencia de los lemmings lanzándose al vacío había sido manipulada: los animales fueron trasladados a un lugar donde no vivían y los empujaron solo para filmar la escena. Resultado: la idea del “suicidio colectivo de los lemmings” pasó a formar parte de la cultura popular, por algún tiempo, aunque fuera falsa.
El suicidio y la manipulación mediática se mezclan con el acantilado y su mediación. Por eso fue utilizada en ese momento sin esperanza de la humanidad –los setentas–, donde se percibía un destino dirigido por los poderes mediáticos y políticos.
Unas semanas después, veo la película The Rebel in the Rye (Strong, 2017), que narra la vida de J. D. Salinger. En ella se evidencia la motivación de su mítica novela, A Catcher in the Rye (1951). A través de Holden, el personaje de la novela, Salinger mira a la sociedad desde fuera. Imagina un campo de centeno donde los niños juegan cerca de un precipicio, y quisiera estar allí para impedir que caigan. La posición de Holden/Salinger es incómoda, impotente. Ve algo que los demás no son capaces de ver, pero no puede advertirles o salvarlos de vivir cada uno su propia experiencia.
Décadas después, Thom Yorke en la canción Harrowdown Hill (2006) utiliza el acantilado como metáfora (“¿Me aventé o fui empujado?”). inspirada en el caso de David Kelly, científico experto en armas biológicas que contribuyó con el informe que confirmaba que Irak estaba “a 45 minutos” de fabricar armas biológicas y nucleares, y fue encontrado muerto en condiciones raras. Este informe justificó el ataque de Estados Unidos e Inglaterra a Irak. Semanas después de comenzada la guerra, Kelly se suicidó en un paseo cotidiano.
¿Qué acantilados construyen las mediaciones y nos hacen percibir un mundo irreal, placentero; los que afectivamente dibujamos dentro de nosotros y al que siempre estamos a punto de abalanzarnos con un paso más delante?
¿Frente a cuál acantilado nos encontramos jugando y disfrutando inconscientes del riesgo?
¿Estar en al borde del acantilado implica también cierta responsabilidad?
¿Nos instauramos como guardianes para que lo otros no se despeñen o somos los que los conducen al despeñadero?
¿Estar al borde del acantilado es una posición de privilegio o de riesgo?
No somos lemmings, ¿somos los que construyen el acantilado y manipulan la información para hacer creer que existe algún escape?
¿Escribir, aunque sea un pequeño artículo, nos expone al borde del acantilado, arriesgando, en una pobre asociación libre de imágenes, la lógica arquetípica y la disparatada?, ¿es un despeñarse en el contrasentido solo para renovar la interpretación cultural o solo contribuimos a la saturación de información que nos ciega?
En tierras planas, en vidas simples, siempre nos espera un acantilado que, invisible, nos impide traspasar territorios o costumbres. ¿La conciencia permanente del acantilado es la que nos permite mantener la esperanza de un vuelo libre?
Eduardo Ramírez es editor, autor, maestro y asesor de proyectos. Escribe porque no aprendió a andar en bici y ve la televisión tratando de entender al ser humano y no aburrirse. Editó velocidadcrítica de 2000 a 2007. Publicó los libros El Triunfo de la cultura y El Cuauhtémoc de Troya. Ha escrito columnas y capítulos de libros en México y España. Lo han corrido de todas las universidades de Monterrey.
Fotografía: Toby Christopher | Pexels.


