Colección de insectos

Una línea de hormigas siempre me ha parecido una escritura trazándose sobre cualquier superficie. La estructura de patas y antenas finas pegadas al exoesqueleto convierte el cuerpo de cualquier insecto en un signo caligráfico.

enero 23, 2026

Por Eduardo Ramírez

Qué fácil sería para esa mosca / con cinco centímetros de vuelo / razonable, hallar la salida.

Rubén Bonifaz Nuño

Cuando finalmente mueras es probable, y triste, que baste una mosca para llevar quién puede decir a dónde, tu pobre alma distraída.

Augusto Monterroso

10/12/25. Los insectos, en su insignificancia, dan dimensión a ciertas experiencias de la vida.

Siempre me han fascinado esos paneles llenos de insectos de distintas clases, fijados por alfileres. La contradicción entre lo sutil de la vida y la contundencia del metal cruzando su leve cuerpo constituye un diálogo perfecto. Además, está esa repetición en mínimas variaciones que representan perfectamente cualquier obsesión.

Su frágil presencia, cargada de oscuridad, en las naturalezas muertas pide una atención al detalle para no dejarnos ganar por las exuberancias sensoriales y materiales.

Una línea de hormigas siempre me ha parecido una escritura trazándose sobre cualquier superficie. La estructura de patas y antenas finas pegadas al exoesqueleto convierte el cuerpo de cualquier insecto en un signo caligráfico.

Cada palabra, un alfiler queriendo fijar un sentido en la pizarra de viento.

*

En la mañana veo el pesado vuelo del mosquito que picoteó mi sueño toda la noche. Con un golpe de mis manos lo mato. Me perturba darme cuenta que es mi propia sangre lo que mancha mis manos.

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Somos crisálidas y nos alimentamos de miedo. El silencio nos corrompe sin llevarnos a las alas.

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Toda historia es ya mentira. La vida es un cuarto oscuro en el que se amontonan los sucesos. Un ejército de luciérnagas —en sus temblores— la conciencia.

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Interrumpo con el dedo el tránsito de las hormigas. La nítida línea se convierte en superficie oscura. Negro parpadeante. Hemorragia de mil patas.

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Mi sombra es una nube de insectos que me siguen.

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Estamos sentados en un rincón de ese café. Nuestros gestos y palabras se tejen con el vuelo de mosquitos insistentes. Sin darnos cuenta, y por más que quisimos evitarlo, dentro de alguno de esos mosquitos —desde entonces— se consagró un milimétrico pacto de sangre.

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En el pecho, una esfera finamente tejida por arañas donde la oscuridad anida. A cada respiro, cientos de huevecillos extienden su dominio.

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La noche es una plaga de insectos. Una nube de luciérnagas resignadas al silencio.

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En el cable que sostiene el foco, por la noche, se cuelgan las moscas para dormir o prolongarse en la eterna cópula. Escritura oscura que desemboca en luz. ¿Cada una, un signo efímero de su inminente muerte y un aroma del estiércol?

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Construiría con palabras su capullo. Lentamente. Tejiéndolo alrededor de su cuerpo. Un texto que lo abarcara, que lo cubriera. Encerrado en sí mismo, seguiría nutriéndose de él. Recreándolo. El capullo se rompería. No saldría ni mariposa ni mosca. Su escritura quedaría atrás como una cáscara inútil. Silencio inerte.

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La soledad es el zumbido de un mosquito dentro de un cuarto donde dos personas viven.

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La telaraña tiembla con un gotear de sangre. Al tejer el vacío, las polillas manifiestan lo invisible. Un ejército de hormigas cubre mi piel y me carcome la mirada.

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Al cerrar los ojos, estoy a merced de los insectos. Lo más cruel es la omnipresencia de sus sutiles patas. Esa liviandad insoportable que nos pisotea sin poder ponerle freno. Siempre salimos perdiendo en esta eterna lucha contra los insectos.

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¡Bienaventurados los insectos que en un día derraman toda la intensidad de su vida! La conciencia del tiempo prolongado lo empolva todo, lo vuelve todo amargo.

Eduardo Ramírez es editor, autor, maestro y asesor de proyectos. Escribe porque no aprendió a andar en bici y ve la televisión tratando de entender al ser humano y no aburrirse. Editó velocidadcrítica de 2000 a 2007. Publicó los libros El Triunfo de la cultura y El Cuauhtémoc de Troya. Ha escrito columnas y capítulos de libros en México y España. Lo han corrido de todas las universidades de Monterrey.

Foto: Yaşar Başkurt | Pexels.

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