d.IA.rio reflexivo

El mérito artístico, al basarse en la individualidad, gesta su “sistema de promoción” en el “estilo” y su posibilidad de, por la reproductibilidad, hacerlo accesible/mercantilizarlo.

mayo 9, 2025

Por Eduardo Ramírez

La asignación de las obras a un nombre propio […] no es válida sino para ciertas clases de textos. Es característica del modo de existencia, circulación y funcionamiento de ciertos discursos en el interior de una sociedad.

Roger Chartier

27/04/25. La originalidad y la individualidad están sobrevaloradas en la época de la capitalización de la creatividad y la innovación. 

Circula el rumor de que un texto publicado, con una amplia aceptación y celebración pública, no lo escribió quien lo subió a sus redes y lo firma; sino que es resultado del ChatGPT.

¿Cuál es realmente el problema con este fenómeno: escritura/creación personal, celebración pública y juicio moral a voces, a espaldas?

Cuando la narrativa se basaba en la tradición oral (leyendas, mitos, cuentos de hadas), ciertos “pasajes” se repetían en distintas narraciones sin que a nadie le preocupara la cuestión de la autoría. Lo que se privilegiaba era el sentido que estas narraciones cumplían a nivel sociocultural.

Los “derechos de autor”, surgieron sobre todo como “derechos de edición”. Protegían la capitalización/venta de libros por parte de la naciente industria editorial potenciada por la imprenta.

La defensa de la autoría y su capitalización, nunca fue su objetivo. A la fecha, ni el encargo de textos ni las regalías por la venta de libros son pagadas justamente a los autores en general. Solo a quien ocupa la cima de la pirámide (bestsellers por temas de nicho, autores consagrados o con la posibilidad de tramas serializables/capitalizables en las plataformas audiovisuales).  

Tanto en la huelga del sindicato de guionistas de Hollywood (2023), como en el temor de ciertos autores de ser sustituidos por la IA, se percibe un terror por ser apartados de la capitalización de la reproducción industrial de “guiones de éxito” (Hollywood), y una inseguridad de aquellos productores creativos/artistas que a duras penas sobreviven gracias al sistema de pequeños circuitos independientes que aspiran a una jerarquía que los mantenga a flote.

Ya no un esquema de sentido, sino una fama provinciana; un pertenecer a (y sacar provecho de) esas relaciones de poder, de ciertos habitus e intereses que mantienen al campo del arte cerrado, jerárquico (Bourdieu lo dice).

Además de estos falsos “derechos de autor”, el concepto de “estilo” relacionado a la individualidad/unicidad y mérito artístico, traza una línea insostenible en vez de una basada en el gremio/oficio, que privilegia una economía de la autoría individual frágil/vulnerable. Dado que las características estilísticas se definen públicamente pensando que este “estilo” da valor a la firma (no al sentido).

El mérito artístico, al basarse en la individualidad, gesta su “sistema de promoción” en el “estilo” y su posibilidad de, por la reproductibilidad, hacerlo accesible/mercantilizarlo.

El estilo, garante de la autoría en la teoría moderna de la literatura, una vez detectado, evidencia un mercado para las falsificaciones. Así lo evidencia la película ¿Podrás perdonarme? (Heller, 2018) o la posibilidad de producir guiones que satisfagan al mercado audiovisual que hoy se explota a través de la IA.

Barthes, incluso, da un giro de timón entre su defensa del “estilo” como base de la literatura (de autor) El grado cero de la escritura en 1953 y La muerte del autor en 1968.

El engaño del capital sigue basándose en hacer parecer que la creación es resultado del individuo (derecho moral), aunque desde hace siglos el beneficiario económico (derecho patrimonial) lo recibe la industria.

¿Cuál es la respuesta/”refugio” de los “productores creativos” ante la tecnología?

¿Renunciar a la firma/autoría? ¿Refugiarnos en lo comunitario, lo gremial, la sindicalización?

¿Refugiarnos en “crear” desde lo emotivo como fuente de nuestra personal reflexión, algo que no tenga (o no, todavía) este “minado” de datos personales que cotidianamente proporcionamos a la red?

¿Lo confesional, el diario reflexivo?

Cómo cambiaría la lectura –el sentido– de estas palabras, si te confesara que el origen de este texto:

  1. Es resultado de dos diálogos que en días cercanos entablé.
  2. O, ¿fue producido por el ChatGPT? 
Eduardo Ramírez es editor, autor, maestro y asesor de proyectos. Escribe porque no aprendió a andar en bici y ve la televisión tratando de entender al ser humano y no aburrirse. Editó velocidadcrítica de 2000 a 2007. Publicó los libros El Triunfo de la cultura y El Cuauhtémoc de Troya. Ha escrito columnas y capítulos de libros en México y España. Lo han corrido de todas las universidades de Monterrey.

Foto: Tom Krach | Pexels.

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