“Death on Two Legs”: El rugido olvidado de Freddie Mercury, a 33 años de su partida

“Death on Two Legs” no era solo un tema más de Queen; era una declaración de guerra, un ajuste de cuentas que Freddie Mercury plasmó con una honestidad brutal. Dedicada a Norman Sheffield, la canción es un ataque despiadado contra los abusos, la explotación y la traición que Queen sintió durante sus primeros años en la industria.

noviembre 22, 2024

Por Arturo Roti

Se cumple un aniversario más de la muerte de Freddie Mercury, uno de los mayores genios de la música y un verdadero revolucionario del rock. En cada rincón del mundo, su legado sigue vivo gracias a la magia de su voz, su imponente presencia escénica y, sobre todo, las canciones que nos dejó, esas piezas eternas que siguen tocando las fibras más profundas de nuestros corazones. Sin embargo, en medio del aluvión de clásicos inmortales como “Bohemian Rhapsody”, hay joyas que han quedado un tanto olvidadas en el tiempo, ocultas bajo la sombra de sus éxitos más masivos. Hoy quiero hablarles de una de esas gemas: “Death on Two Legs”, el mordaz y visceral grito de Freddie Mercury incluido en el álbum A Night at the Opera.

¿Por qué hablar de esta canción hoy? Porque no solo es un tema feroz que muestra una faceta menos conocida de Freddie, sino que también marcó un momento clave en la historia de Queen. Además, hay algo personal en esta canción, un recuerdo que me transporta a mi infancia y a los días en los que mi amor por la música comenzó a florecer.

Corría el año 1977 cuando Queen lanzó al mercado el First EP, un pequeño recopilatorio que incluía cuatro canciones de la banda. Mi hermano mayor lo compró emocionado, y aunque lo guardaba como un tesoro, en sus ausencias yo aprovechaba para “tomarlo prestado” y colocarlo con cuidado en la tornamesa del estéreo de nuestra casa. Tenía algo de magia el ritual de colocar ese disco, escuchar el crujir de la aguja y dejar que las notas inundaran la sala. Pero hubo un momento que quedó grabado para siempre en mi memoria. Era el turno de “Death on Two Legs”, y de inmediato, fui golpeado por el rugido abrasador de la guitarra de Brian May. Luego, como una tormenta implacable, llegó la voz de Freddie. No estaba cantando, estaba mordiendo, escupiendo cada palabra como si quisiera devorar a alguien con pura furia. Ese tema me impactó como ningún otro. Era distinto, visceral, cargado de una energía que casi podías tocar en el aire. Con el paso de los años, entendí el trasfondo de esta canción y su verdadera fuerza.

Antes de alcanzar la fama mundial, Queen trabajó bajo la representación de Norman Sheffield, quien era copropietario de los estudios Trident en Londres y fungía como su mánager. En aquellos años, la banda tenía dificultades económicas a pesar de haber comenzado a ganar notoriedad. Según los miembros de Queen, el trato que recibieron por parte de Sheffield y su equipo era explotador, pues mientras ellos trabajaban arduamente para construir su carrera, gran parte de las ganancias se las quedaba la compañía, dejando a los músicos prácticamente en la ruina.

A pesar del éxito inicial de álbumes como Queen (1973) y Queen II (1974), los integrantes vivían en condiciones precarias y sentían que estaban siendo manipulados financieramente. Esto generó una profunda frustración y resentimiento hacia Sheffield, quien, según la banda, representaba una figura autoritaria, fría y despiadada.

Cuando finalmente lograron separarse de él y firmar con un nuevo mánager, Freddie decidió plasmar todos esos sentimientos en una canción que, sin lugar a dudas, es una de las más agresivas en su lírica.

“Death on Two Legs” no era solo un tema más de Queen; era una declaración de guerra, un ajuste de cuentas que Freddie Mercury plasmó con una honestidad brutal. Dedicada a Norman Sheffield, la canción es un ataque despiadado contra los abusos, la explotación y la traición que Queen sintió durante sus primeros años en la industria. Las palabras de Freddie no son sutilezas, son dagas directas al corazón:

«You suck my blood like a leech» («Me chupas la sangre como una sanguijuela»).

«Do you feel like suicide? I think you should» («¿Piensas en el suicidio? Creo que deberías»).

«You’re a sewer rat decaying in a cesspool of pride» («Eres una rata de alcantarilla pudriéndote en una fosa séptica de orgullo»).

El nivel de furia contenido en la canción era tan extremo que, según Brian May, el propio Freddie la describió como «una canción tan cruel que me da miedo cantarla». La banda incluso dudó en incluirla en el álbum debido a lo explícita que era, pero finalmente decidieron que era importante expresar esa emoción.

Norman Sheffield, al escuchar la canción, no tuvo dudas de que iba dirigida a él. Aunque Queen nunca confirmó públicamente que Sheffield era el destinatario, él presentó una demanda por difamación contra la banda debido a las claras insinuaciones en la letra. Sin embargo, la situación nunca escaló del todo, y la canción se mantuvo en el álbum.

Años después, Sheffield negó muchas de las acusaciones y publicó un libro titulado Life on Two Legs: Set The Record Straight, donde intentó limpiar su nombre y explicar su versión de los hechos. Sin embargo, para los fans de Queen, la canción ya había definido la percepción de su relación con la banda.

En A Night at the Opera, “Death on Two Legs” abre el álbum con un golpe de autoridad. Es como si Queen estuviera diciendo: “Aquí estamos, y no vamos a escondernos”. Y, sin embargo, esta canción ha sido opacada por el brillo de Bohemian Rhapsody, el tema que se convirtió en el estandarte del disco y probablemente de toda la carrera de la banda. No me malinterpreten, Bohemian Rhapsody es una obra maestra inigualable, pero a veces siento que “Death on Two Legs” merece más reconocimiento, porque representa a una banda que peleó por su lugar en el mundo, enfrentándose a quienes intentaron detener su ascenso.

Hoy, al recordar a Freddie Mercury, quiero rendirle homenaje a esta canción y al hombre detrás de ella. Freddie no solo era un cantante extraordinario, era un contador de historias, un maestro de las emociones y un artista sin miedo a mostrar su vulnerabilidad o su rabia. “Death on Two Legs” es la prueba de ello, un tema que desafía, que duele y que, para quienes lo escuchan con atención, revela una parte esencial de lo que era Queen en sus años formativos: una banda dispuesta a luchar por su arte, sin importar las consecuencias.

Al poner ese disco en la tornamesa de mi infancia, no sabía que esa canción cambiaría mi perspectiva de la música. Hoy, tantos años después, sigue siendo un recordatorio de que el arte, cuando es honesto, puede ser tan feroz como hermoso. Así era Freddie Mercury, y así lo recordamos, no solo por su voz o su carisma, sino por su valentía para gritarle al mundo lo que llevaba dentro, incluso si eso significaba escupir veneno en forma de poesía.

A Freddie, gracias por las canciones, por los rugidos y por mostrarnos que incluso en la furia puede haber belleza.

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