Por Minerva Reynosa
Mentiras que no te conté (2021) de Elma Correa fue acreedor al Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola 2021 de la Universidad de Guadalajara. Es un libro de ocho cuentos de una potencia textual aguda y precisa. Aunque cada uno de los textos que lo contienen son en sí su propia galaxia, se puede identificar un elemento principal. La presencia de una geografía tan particular como diversa: la frontera del noroeste mexicano. No es para menos que estos cuentos nos sitúen en este territorio. Esta región no solo se representa como paisaje, sino también como un gesto simbólico muy cercano a la autora. Nos otorga indiscutibles postales fronterizas: un espacio estigmatizado por las violencias (fuera y dentro de la prosa de Elma Correa), pero que florece como un organismo vivo. Un oasis vernacular donde fluyen personajes y anécdotas entre escenarios muy disímiles, pero que se van compenetrando hasta formar un macro tejido social y afectivo. Cuentos realistas de una pertinencia feroz, porque en ellos los personajes son cercanos, auténticos y entrañables. La geografía repito, es vitalísima porque esos sujetos narrativos no son los hegemónicos y tienen un lugar en el relato, en su contexto y en un relato global. Por ejemplo, el cuento titulado «La balada del Two-Face», narra la historia de cuatro amigas: la protagonista, Mica, Pao y Brenda. Las cuatro pasan un fin de semana en turismo de borrachera en la ciudad vecina de Ensenada. La narradora sufre mal de amores, ha roto con Omar, su ex novio. Por solidaridad, las amigas deciden animarla y llevarla a despejarse. En la primera noche de fiesta y ya habiendo recorrido muchos bares; muy de madrugada abordan, sin pensarlo mucho, un camionetón de doble cabina que iba a su vez patrullado por otra camioneta oficial, sin luces ni placas. Como parte de la diversión, las amigas de la narradora están eufóricas, insisten, quieren seguir la fiesta. La narradora por el contrario, está apesumbrada por su fracaso amoroso. Justo cuando comienza la aventura en el camionetón lleno de desconocidos, ésta se besa con el hombre que va a su lado:
Tenía una gran mancha de vitiligo que le cubría la mitad exacta del rostro y así, como David Bowie, los ojos de diferente color. Las manchas en la cara no lo afeaban, al contrario, lo hacían parecer enigmático y lo envolvían de un halo como de intriga.
El Two-Face o Said, es un hombre tijuanense que se cree sinaloense; y que invita a las chicas a vivir el exceso, entre música banda y él despilfarrando muchos billetes de cien dólares. Al final, la fiesta tiene un momento de tensión cuando Mica, cínica, se refiere al Two-Face como «Pinche Doble Cara». En ese momento, la historia se torna angustiante y el Two-Face encañona a Mica, pero sopresivamente y por otras circunstancias, comienza un tirtoteo. Las chicas logran salir y no ven, pero entienden la magnitud del conflicto. El cuento no termina de manera catastrófica, pero sí muy decantado:
Lloré las tres horas de carretera, lloré mirando las vinícolas del Valle de Guadalupe, las montañas de Tecate. Lloré cuando bajamos La Rumorosa y cuando Mexicali nos recibió con su aroma a podrido. Esa noche dejamos de ser jóvenes y nos convertimos en adultas. Lloré porque entendimos que la violencia era solo el principio.
Me parece importante ilustrar con este cuento su estructura. Ya que a partir de saltos cronológicos, se desarticula la causa-efecto y conforme avanza la historia, vamos sintiendo la tensión, el pasmo y el asombro. Asimismo, las acciones siempre se anteceden o suceden con digresiones de la narradora; donde reflexiona sobre la heterocromía del iris del Two-Face o cuando nos pone en contexto sobre el año en que sucedió ese viaje:
Era el verano de 2007 en una playa triste del Pacífico y el mundo se veía nublado por un tufo de clandestinidad pública. Fue el año en que Santiago Meza López empezó a disolver cuerpos en sosa cáustica para el Teo, uno de los lugartenientes más sádicos que han tenido los Arellano Félix. El año de la guerra contra el narcotráfico y los corridos alterados. También fue el año en que supe, por primera vez, lo que era tener roto el corazón.
Además de yuxtaponer el texto principal con intertextos, lo hace sobre todo con canciones del pop mexicano y del regional norteño. Así, los cuentos abordan anécdotas de personajes triviales pero que en un contexto más amplio, nos avisa de la temperatura de la época. Con una prosa fluida, la hipérbole de las distintas temáticas y los problemas que se develan; se acentúan lo irónico, poético, desesperanzador, nostálgico, violento. Me entusiasma que Elma Correa hable de lo que le importa y lo que la atraviesa. Historias de su lugar de origen, su territorio, de las personas que conoce por su atenta observación. Elma Correa no cae en los clichés de la narconarrativa o la narrativa de frontera. Más bien le da la vuelta y nos ofrece una perspectiva más fresca, más lúdica y sobre todo, feminista. A lo largo de su obra, Elma Correa se ha destacado por dar lugar y espacio a la presencia de los personajes femeninos. La voz de las mujeres (también de grupos minoritarios y vulnerables), son un aspecto que desarrolla claro, estéticamente, pero donde evidencia su postura ante el estado de las cosas:
… en lo más intenso de la euforia y la falsa alegría me pegó el bajón de las tachas chafas de Pao y me puse a llorar abrazada de una mesera madura, con aires de matrona. Como mis amigas estaban enajenadas, la señora me sirvió un poco de agua y se sentó conmigo a escuchar mi drama. La quise mucho, muchísimo, durante unos veinte minutos, con un intermedio para levantarme y cantar «Baila mi corazón, baila para los dos», imitando los falsetes de Denisse de Belanova, subiéndome la ya de por sí corta falda de burbujas mientras la hermosa mesera me aplaudía, y la quise mucho más cuando no aceptó la propina que traté de dejarle cuando nos corrieron porque ya iban a cerrar.
Elma Correa es un must y más ahora que nos sorprende con el Premio Seix Barra Biblioteca Breve en el género de novela con el libro Donde termina el verano. La quinta mexicana, y la segunda mujer mexicana en ganar este premio. Y es por ello que debemos seguirla leyendo. Y claro, larga vida a la literatura norteña.

Elma Correa, Mentiras que no te conté (2021) XX Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola. México: Universidad de Guadalajara, 2021.



