Gallo Armado: corrido militante para una ciudad posible

Juan José Zapata, en entrevista con Gallo Armado, apunta sobre su primer disco: «La ciudad es nuestra», es una declaración de intenciones para un Monterrey en crisis.

marzo 24, 2026

Por José Juan Zapata

Fernando Ríos, alias Gallo Armado, es una de las nuevas voces del sierreño tumbado que defiende la importancia del corrido para exponer sus preocupaciones y activismo social. Su primer disco, «La ciudad es nuestra», es una declaración de intenciones para un Monterrey en crisis.

A Fer Ríos la música siempre lo ha encontrado en las calles. Una noche, luego de salir de una tocada, pasó caminando al lado de las grúas del retén de una antialcohólica y comenzó a tararear una vieja canción que había escrito hace un tiempo: «Ya me torció eI antialcohol, yo creo que hoy no Ia voy a librar, doscientos metros me separan del oficial».

Encendió la cámara del celular y comenzó a grabarse cantando y lo subió a Tik Tok. A la mañana siguiente se dio cuenta que ya tenía más de cien mil reproducciones. Ese fue el puntapié definitivo para su proyecto Gallo Armado.

Pero Fer no es un recién llegado. Desde los 18 años tiene el oído inquieto, haciendo diferentes proyectos que van del Hip Hop al R&B y ahora con el Sierreño. Diez años después (ahora tiene 28) encontró su voz dentro de la música como uno de los cantautores más interesantes de Monterrey, y no tiene miedo de usar esa voz a su favor.

En el entre se forjó cantando en la calle, en fiestas, sacando repertorio y se dio cuenta la manera en que el corrido pegaba de manera distinta en vivo. A la par, desarrolló una cercanía con diferentes colectivos y grupos que enarbolan causas sociales en la ciudad de Monterrey, lo cual también ayudó a perfilar el tipo de canciones y el mensaje que deseaba compartir. Ya tiene un corrido dedicado a los grupos que ayudaron a detener el mega proyecto de viaducto elevado en el río Santa Catarina, y está por presentar uno dedicado a las madres de los mineros de Pasta de Conchos.

Conversamos por videollamada, yo desde Buenos Aires y él en la Ciudad de México, donde estuvo haciendo una serie de presentaciones antes de viajar a Estados Unidos para seguir con la difusión de su primer disco. El título no puede ser mejor: La ciudad es nuestra, una verdadera declaración de principios, con una portada en blanco y negro donde aparece en el río Santa Catarina, rodeado de diferentes militantes y luchadores sociales. El Gallo está armado y listo para la pelea.

«Hace cinco años, con la música de Natanael Cano, de Junior H, cuando empezó a sonar lo tumbado, me empecé a clavar mucho con ese rollo. Y pues de rebote llegué a Ariel Camacho y fue ahí cuando me impacté por cómo sonaba la guitarra», dice en la entrevista.

Ese furor internacional del corrido tumbado lo hizo volver a la guitarra, a escribir canciones y a salir a cantar a la calle, afuera de Interplaza, donde el contacto directo con la gente le ayudó a fortalecer su interpretación.

Luego del éxito inesperado de «El Antialcohol» (que estrenó video hace unos meses), decidió por fin dejar su trabajo como copy en una agencia de publicidad y concentrarse en el proyecto de Gallo Armado, donde no ha parado de crecer, respaldado por un público que demandaba otro tipo de corridos, más allá de las temáticas asociadas al narcotráfico que han sido moneda corriente de discusiones y polémicas a nivel nacional. Hacia allá tenía que ir, inevitablemente, la entrevista.

JJ: A lo largo de estos años el corrido tumbado ha estado envuelto una discusión que tiene que ver con el narcotráfico, la manera en que retrata a la gente que está dentro del narcotráfico. En tu caso particular haces un abordaje distinto en las letras del corrido, ¿cómo ha sido tu acercamiento a la escritura? ¿Cómo es que decides darle la vuelta y empezar a tratar otros temas, a las causas sociales? ¿Cómo fue ese llegar a tu propia voz dentro del corrido?

GA: Desde que empecé a tomar la música en serio ya estaba un poquito radicalizado, por así decirlo. Ya tenía unas convicciones o ideas políticas muy claras, desde mis primeros proyectos de Hip Hop o el trabajo con colectivos que tenían que ver con la desaparición forzada. Yo empecé a escuchar esta música por Junior, por Nata, y después fui profundizando en lo clásico y todo. Siempre me gustaron las melodías, las letras, y las canto, pero no sentía que fuera mi lugar para narrar. Y como nunca he sido de escribir canciones de amor o de desamor, mi gran pregunta con este tipo de canción era: ¿Cómo lo hago? ¿Cómo cuento estas historias que me importan? Porque al final lo que narro es lo que me importa, ¿no? Esas historias que siento que no se están contando. Me importa que se hable del aire, me importa que se hable de la crisis del transporte público, me importa que se hable de las madres buscadoras, me importa que se hable de la juventud de Nuevo León precarizada. Son temas que tengo muy claro que me importan.

Entonces, más allá de querer ser una respuesta a lo que estaba escuchando —porque al final esa gente me influyó un chingo y me gustan esos corridos— soy como una tangente. Están todas esas historias del narco y todo chido, pero yo no siento que fomenten el narcotráfico ni que hagan que los morros se metan ala maña. Hacer cuatro horas en el transporte público a tu casa fomenta más que te metas a la maña que un corrido.

No estoy peleado con esa idea, pero sí siento que mis historias son otras y que quiero contar estas historias. Yo lo que hago en mi lenguaje, en el lenguaje de lo tumbado, es poner esta realidad, y quiero que todo el mundo lo pueda entender, que todo el mundo lo pueda cantar y que todo el mundo pueda conectar. Que esté chida la melodía, que esté chida la letra. Las melodías de los tumbados y de lo bélico están pasadas de lanza, están bien chingonas. Y muchas letras también. Pero no no me queda a mí narrar eso, por eso no lo cuento ni lo narro yo.


La ciudad es nuestra, su primer álbum, es producto de una campaña de financiación colectiva, y se acaba de lanzar en formato físico, accesible en las presentaciones de Gallo Armado. En las plataformas de streaming estará a mediados de marzo. Son 9 tracks producidos por Ricky Molgado, donde el lenguaje del sierreño tumbado se despliega a lo largo de canciones fiesteras, orgullosas y militantes.

El narrador desfachatado de «El Antialcohol» aparece también en «Barrio Armado» y «Buenos Muchachos» (en versiones 1 y 2, donde se da el lujo de incluir un fragmento de la célebre «Se vale soñar» del Tigrillo Palma, pero en plan regiomontano). Y si el ethos del tumbado bélico ensalza a personajes de ingresos ‘sospechosos’, en «Lokeron citrícola» prefiere cantar a los productores de naranja y limón del Mercado de Abastos. Pero es en «Corrido del aire» y «Ciudad de nadie», donde el Gallo más militante aparece: “Mi esperanza es la raza que protege el río / somos de una montaña y un río que están vivos”, canta en la primera, mientras que en la otra sentencia: “Ciudad de todos, ciudad de nadie / nos quieren rotos, pues que batallen”,

JJ: Por el lado musical, ¿cómo fue la producción de este primer disco? ¿Quiénes fueron los músicos que estuvieron ahí colaborando contigo y cómo fue todo el trabajo en en grabar este este material?

GA: El disco lo financiamos con el apoyo económico de más de doscientas personas. Hicimos un Kickstarter y juntamos 150 mil pesos en un mes. Desde el inicio fue a través de mucha gente y ya tengo un cuadro de músicos que tocan conmigo en vivo. Son puros musicazos. El músico que se tiene que poner más al tiro soy yo. El disco tiene tololoche, requinto, bajo eléctrico, trombón, trompeta y tuba. Y todo lo que son metales está escrito, lo hace un arreglista que es Ricky Molgado, que estudió jazz en Xalapa.

Somos seis músicos: estamos los que tocamos por acordes y armonía, y conocemos mucho la tradición. Hugo en el tololoche e Iván en el requinto son unas máquinas para tocar. No leen como tal, pero tienen una noción de armonía muy cabrona. Y por ejemplo, los metales, si no está escrito no tocan. Ricky y los metales traen una escuela más de salsa y de jazz; y nosotros una escuela más de músico de hueso, de dedicarnos a tocar en eventos privados y sacar repertorio, las rolas que están de moda.

Siento que el proyecto es donde se encuentra lo clásico por lo contemporáneo, el aprecio clásico por los Cadetes, los Invasores, con ese lenguaje más moderno y contemporáneo de Ricky y del jazz y de todos los ritmos latinos con el corrido. Es una combinación de ambos mundos. No estamos peleados con el presente, mucho menos con el pasado. Simplemente nos toca hacerlo a nuestra manera.

JJ: Volviendo al tema de las letras, muchas de ellas tocan temas de problemáticas que están sucediendo en la ciudad, de activismos que hay en Monterrey. En ese sentido, ¿cómo ves tú la ciudad en este momento? ¿Cómo ves los movimientos sociales que hay en la ciudad en los últimos años?

GA: Siento que estamos luchando contra dos cosas. La primera es contra el olvido histórico de la lucha. Creemos que la lucha es nueva, y hay mucha gente joven que cree que el activismo en Monterrey es reciente, cuando en realidad tenemos una historia de lucha bien perra. La Liga Comunista 23 de Septiembre, los movimientos de los sesentas, los sindicatos mineros. En Monterrey luchamos contra ese olvido histórico de la gente que cree que la lucha es nueva y que no tiene una tradición y una historia.

Lo segundo contra lo que luchamos es que hay una planeación de ciudad que no contempla a los ciudadanos. Una planeación que sólo sigue intereses personales y políticos, construída alrededor de los carros y la industria, alrededor de actividades que no van a ser sostenibles a largo plazo.

Como que hay un repudio del gobierno por el obrero, por el trabajador, y lo ves en el transporte, lo ves en las condiciones laborales, en la calidad del aire. Monterrey es una ciudad que ha hecho todo lo posible por borrar su historia. La misma clase empresarial es responsable de que se borre todo ese pasado de luchas, de huelgas, todo ese pasado de activismo.Y yo tengo esperanza porque siento que hay un florecimiento, una conexión intergeneracional.

Yo ahorita me cotorreo mucho con la Alianza de Usuarios, que es un grupo que lucha por un transporte más digno y más justo. Y la gente que va a los mítines son más viejones, son gente que ha logrado muchas cosas, como que haya clima en los camiones, la tarifa preferencial. Lo que está pasando en el activismo es que se están juntando las perspectivas generacionales de gente que apenas se está identificando con la lucha y gente que tiene más recorrido, más bagaje. El colectivo Un Río en el Río es un gran ejemplo de lo que ha pasado cuando se mezclan las generaciones para crear una mesa de trabajo y parar la construcción de un mega proyecto.

Y bueno, el transporte es una causa mucho menos «bonita» para defender. O sea, el río, lo natural, la gente entiende al verlo, pero en el camión van todos aplastados y nadie quiere estar ahí, todos quieren llegar a su casa. Es una causa un poquito menos «glamurosa», pero para mi lo más grave ahorita en Monterrey me parece que es la movilidad.

JJ: La portada de tu disco va por esa por esa tónica también, ¿no? Una foto tomada en el río Santa Catarina, rodeado de gente que pertenece a diferentes colectivos. ¿Cómo fue la idea de esa portada? Que también un poco me recuerda a Kendrick Lamar.

GA: Sí, sí, es una gran gran inspiración. Creo que la razón por la que me decanté por el hip-hop al principio fue porque hubo un tiempo que me obsesioné con el Kendrick. Leía sus letras y las traducía y sentía que era el ejemplo perfecto de lo que yo quiero hacer, de cantar algo que es importante, pero cantarlo con estilo, con flow.

Y bueno, lo de la portada yo desde hace tiempo me empecé a involucrar primero con los colectivos de madres de desaparecidos por un proyecto que hicimos y luego más adelante con Alianza de Usuarios. Iba todos los sábados a los mítines con ellos. Lo que me gusta de los mítines es que no es sólo protestar, sino también cotorrear con la banda. Me fui haciendo amigo de todos ellos y fui conociendo más: gente que está defendiendo el Parque Libertad, gente que está defendiendo el Topo Chico, gente de Tierra y Libertad, activistas trans, mucha banda que está metida en diferentes luchas. A mi me inspira mucho hablar con esa gente.

Entonces, cuando iba a hacer la portada dije: me gustaría que toda esta gente que apoya mucho el proyecto, que va a los eventos, que escucha las rolas y que es parte importante del público, que estén todos ahí. No quiero que sea sólo estética, sino que sea un documento histórico, y que en veinte años la veamos y digamos: «Mira, aquí está Eugenia Rodríguez que hizo el plantón trans más largo de todo de todo el estado, o aquí está la banda de Alianza de Usuarios, que hicieron que el transporte fuera accesible para niños y adultos, o aquí está la banda de Un Río en el Río, que detuvieron un mega proyecto, o la banda de Anarquistas del Norte». Ver esa foto 20 años después y preguntarnos qué ha sido de toda esa banda y qué ha pasado con la ciudad. Y encima con una frase tan contundente como «La ciudad es nuestra».

JJ: Es una búsqueda de recuperar la ciudad, ¿cómo lo ves tú?

GA: Sí, La ciudad es nuestra se refiere a que nadie tiene derecho a decirnos qué hacer y qué no hacer. Nosotros somos quienes elegimos qué hacer con nuestra ciudad desde lo público a lo privado. Quien decide si se hace un carril encima de un río no es el gobierno, somos nosotros, y decidimos que no. Quien decide que se haga movilidad que vaya de cierta manera somos nosotros. Vivimos en una ciudad donde quien decide por nosotros es alguien que ni siquiera habita esos espacios, que ni siquiera usa el transporte, que ni siquiera está en esas zonas donde más se necesita un cambio. Y eso, la ciudad es nuestra, como yo y toda esta banda decidimos cuál es nuestro futuro. Esa es la premisa.

José Juan Zapata (Torreón, México, 1984). Periodista. Vive y trabaja en Buenos Aires, Argentina. Ha colaborado en medios de ambos países. Trabaja como profesional de accesibilidad audiovisual en canales de TV estatales en Argentina. Formó parte del proyecto Los 600 Discos de Latinoamérica.

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