Hebras, I

London describe su Casa Bella, Woolf, un cuarto propio. Yo encuentro que envolver el espacio de instrumentos, hilos, libros; unos cuantos tesoros recolectados y otros que he ido recibiendo, me llenan cálidamente. Se han integrado el taller y el hogar en un mismo baile.

febrero 28, 2025

Por Alexandra Ruiz

Desde hace algunos meses, persiste un imán que me lleva a seleccionar títulos relacionados a la construcción de un hogar, desde el estudio-taller. Vínculos con la selección de los espacios que habitamos y visitamos.

Entre la sociedad se conversa sobre los propósitos y las resoluciones de un nuevo año, a lo que respondo sentir una continuidad de la que no he cortado el hilo, ni pretendo hacerlo. Pero sí extraer las pelusas que se enredan entre la trama; tomar una pausa hacia lo que nos conduce e ir descartando los sobrantes. Simplicidad. Anteriormente, existía una expectativa de cambios que sucederían “mágicamente” al saltar de un número a otro. Pero no hay evidencia de ello en mis quehaceres, hasta ahora. Esa idea de continuar enredada en cáscaras de alergia crónica y humedad no me resultó ventajosa. La clave, descubrí, estaría en comenzar por observar el espacio. Transformar sus cimientos a los míos, aceptar el disgusto y cambiar de trayecto.

Hay una familiaridad que reconozco en las mudanzas, una cercanía que ha quedado suspendida en los últimos cincos años. Percibo con extrañeza el largo período de tiempo que he permanecido en este lugar y, a la vez, me resulta manejable con un leve grado de incomodidad, que sea un espacio que en otros momentos ya fue habitado por mí, estar rodeada de vestigios de otros seres y objetos relacionados a mí. Esa extrañeza resurge en los momentos más inoportunos, esos que no me permiten avanzar en el color de la pintura, la destrucción de las paredes o en la selección de la tela de cortinas que decoran las ventanas. Pienso en el ritual de empacar; en los cambios, el movimiento, los comienzos… y en qué es lo que me provoca esa sensación de anhelar otros ambientes.

Para la selección de mi primer departamento, advertí la regla de los dos cuartos: tener como base en toda ocasión el estudio u oficina y una estricta separación con las habitaciones de reposo. Aparentemente, esto no funcionó. La improvisación de fundir los muebles, las herramientas, y el olor de los materiales en mis recorridos diarios se propagó a las tres viviendas posteriores. Y fue tras esto, que decidí aceptarlo. London describe su Casa Bella, Woolf, un cuarto propio. Yo encuentro que envolver el espacio de instrumentos, hilos, libros; unos cuantos tesoros recolectados y otros que he ido recibiendo, me llenan cálidamente. Se han integrado el taller y el hogar en un mismo baile. Y, en quietud, iré levantando mi refugio.

Alexandra Ruiz (1990) es una artista multidisciplinaria mexicana. Fue acreedora a una mención honorífica por su pieza «Landscape #12» en la Décima Muestra de Iberoamericana de Arte Miniatura y Pequeño Formato (2024). Estudió en el Instituto di Moda Burgo (2010). Actualmente cursa una licenciatura en Psicología y es editora asociada del periódico digital www.lostubos.com.

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