I Bienal de Arte Sacro Contemporáneo: El Sagrado Corazón de Diamantina González

Lejos de su bagaje religioso, el tema propuesto para la Bienal tomó cauce a través de la pieza de González mucho más que en la de cualquier otro participante.

mayo 19, 2025

Por Violetta Estefanía Ruiz

Texto recuperado del archivo de la revista Posdata, año 2009.

Tal vez por ser la primera edición, la I Bienal de Arte Sacro Contemporáneo se topó con lo que podríamos interpretar como confusiones en su sintaxis. Más propiamente en el trabajo curatorial y selección de las piezas, pues abarcaron desde la joyería hasta el diseño industrial, disciplinas orgánicas al hiperconsumo de nuestros días, más no necesariamente su contexto se emplaza al discurso del arte plástico, mucho menos al del contemporáneo.

Sin ampliar mi percepción respecto a la curaduría de la muestra, me parece importante destacar “el milagro” ocurrido la noche de la inauguración: el performance realizado por Diamantina González con la repartición de un monumental pastel con la forma del Sagrado Corazón.

Para crear la pieza, la artista tuvo que estudiar cómo modificar un molde base de pastel para que éste obtuviera la forma deseada y además en proporción titánica, de modo que también pudo ostentar un nivel de detalle equiparable a las más cuidadas piezas de diseño participantes —recalco “diseño”, no arte.

Durante la inauguración del certamen, el pastel fue repartido entre los espectadores, que a su vez participaron como los míticos discípulos en la última cena. Más que comulgantes de una idea proveniente del catolicismo, los asistentes se comieron una rebanada de ‘arte’, una interpretación voraz y ‘canibalesca’ del amoroso acto de compartir los alimentos. Diamantina, la Sacerdotisa —la Madre— ofició la entrega del Sagrado Corazón, uno a uno, a los asistentes.

Lejos de su bagaje religioso, el tema propuesto para la Bienal tomó cauce a través de la pieza de González mucho más que en la de cualquier otro participante. Siendo el centro de la filosofía católica y del misterio del Sagrado Corazón —el sacrificio, la entrega y la carnicería— fueron representados en su totalidad: Si los aztecas sincretizaron su cosmovisión con la del Cristo europeo no fue por una simbiosis accidentada. Ellos comprendían la esencia de un “dios sol” que se entrega a sus fieles para ser devorado por su entendimiento de la antropofagia ritual como puente hacia lo sagrado.

Diamantina González nos acercó al mito, haciéndonos a todos partícipes del cuerpo, o bueno, de la representación de una parte fundamental de la narrativa católica y sus vasos comunicantes en la cultura mexica.

Vale la pena “remixear” una cita de Asimov: Por agradable que sea el papel de espectador, participar es mejor.

Violetta Ruiz. Artista y escritora con estudios en Artes Visuales (UANL). Fue becaria del Centro de Escritores de Nuevo León (2008) en la categoría de narrativa. Tiene una certificación en Teoría Crítica por 17, Instituto de Estudios Críticos (2015) y una Maestría en Neuroeducación por UNIR México (2021). Sus textos e ilustraciones han aparecido en revistas como Posdata, Residente, Vocero, Armas y Letras, la revista de arte Pola y en diversas publicaciones de la editorial Tres Nubes.

Foto: Diamantina González.

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