La frágil distancia entre papel y basura

Las redes sociales –por su brevedad y la “democratización” que introdujeron en la publicación–, ¿se convirtieron en post-its digitales/inmateriales que, sin perder su condición efímera, mantienen también la característica del mosquito que contagia/viraliza toxicidad?

marzo 27, 2025

Por Eduardo Ramírez

A través del papel para escribir medio, soporte y demás herramientas necesarias para la escritura entramos al mundo de los signos, incluso antes siquiera de trazarlos.

Roland Barthes, El imperio de los signos

19/02/25. En algún momento, como humanidad, confiamos nuestra memoria al papel, a la escritura. Hoy esta confianza se cuestiona.

Personalmente encuentro en las papelerías (sea de barrio, un Office Depot o Michaels) un campo de juego que detona mi imaginación sensible.

Cada que puedo y encuentro una combinación de colores que me agrada, compro cubos de ‘post-its’ de diversos tamaños que se van acumulando en mi mesa de trabajo, sin usar.

También soy vulnerable a los cuadernos. Debo tener unos 30 cuadernos esperando a ser usados (más de 50 llenos de apuntes inútiles).

Constantemente me aseguro de tener papel tamaño carta y folders de distintos colores, no para imprimir documentos; sino para trazar diagramas, “mapas conceptuales” y esquemas con la esperanza de ordenar mi mente dispersa y caótica.

Solo pensar en los distintos formatos del papel, me viene la duda sobre cuál es la distancia entre el papel y la basura y si ésta es directamente proporcional a ellos.

¿Los post-its son insectos de papel de vida efímera?

En ellos apunto sobre todo listas (nombres, quehaceres pendientes, recordatorios para comprar el mandado, canciones, números de teléfono, claves) que me ayudan a revisar y resolver algunas situaciones en el momento.

No los pego en ninguna pared o tablero. Solo los dejo en la superficie de su cubo hasta que pienso que cumplieron su función.

¿Son más perdurables los cuadernos?

Algunos, lo son. Otros se diseñan desechables. ¿Los de pasta dura y/o pliegos tejidos implican longevidad? Los, sin pasta y con hojas “precortadas” o encuadernadas con una espiral, ¿ya sugieren y facilitan su corte y desprendimiento?

Durante mucho tiempo, mi espacio de escritura era un bar, a la hora de comer. En ese momento empezaba un cuaderno de espiral y me (im)puse un “proyecto”: cada día, durante las cien hojas que tiene el cuaderno haría un “inventario de escrituras”. Cien textos que registraran los diferentes signos o “escrituras” que enfrentara cada día.

Había escrito solo cuatro páginas cuando en ese bar se me acercó una mujer y me pidió una hoja. Tragándome la frustración de cómo esta simple petición alteraba mi “proyecto”, arranqué la hoja como se arranca una costra de la piel (más tarde escribo, “la sola idea de desprenderme de una hoja pesa sobre todo el cuaderno como si su valor fuera el conjunto, la suma; arranco la hoja como si me despidiera de las palabras que todavía no la habitaban”).

Al entregársela, me doy cuenta que la conocía, por mi pareja de años antes. Menciono su nombre. Se sienta en mi mesa y compartimos la comida y una larga charla en que nos ponemos al día de ese tiempo sin coincidir.

Cuando se levanta para regresar a su trabajo, torpemente le pido esa hoja que no utilizó. Una vez solo, la reacomodo en la parte final de mi cuaderno y escribo en ella esta historia.

Actualmente los post-its se han resignificado gracias a las metodologías de innovación que capitalizan la creatividad de los empleados (en vez de su “fuerza de trabajo”) para racionalizar los procesos productivos. A pesar de esto –o para no dejar ninguna huella–, no han salvado su cercanía con la basura.

Las redes sociales –por su brevedad y la “democratización” que introdujeron en la publicación–, ¿se convirtieron en post-its digitales/inmateriales que, sin perder su condición efímera, mantienen también la característica del mosquito que contagia/viraliza toxicidad?

¿Se puede pensar que la palabra se volvió más contundente en ellas, que modificaron su relación entre el texto y su soporte (la materialidad del texto/concepto)?

¿Su soporte, desmaterializado, efímero –ingenuo, incluso– inaugura otra trascendencia sin papel o se acerca más a la basura?

¿Tan pronto se vuelven medio de denuncia y cuestionamiento, se vuelven aparador del ego y lugar de la basura mediática que se alimenta del morbo?

No sé. Yo, mientras, sigo acumulando listas, apuntes en post-its y “reflexiones” en cuadernos. Sigo sin querer asumir la cercanía que mis palabras tienen con la basura, tan pronto las trazo.

Eduardo Ramírez es editor, autor, maestro y asesor de proyectos. Escribe porque no aprendió a andar en bici y ve la televisión tratando de entender al ser humano y no aburrirse. Editó velocidadcrítica de 2000 a 2007. Publicó los libros El Triunfo de la cultura y El Cuauhtémoc de Troya. Ha escrito columnas y capítulos de libros en México y España. Lo han corrido de todas las universidades de Monterrey.

Foto: Tara Winstead | Pexels.

TAGS

Compartir:

Usamos cookies para mejorar tu experiencia y personalizar contenido. Al continuar, aceptas su uso. Más detalles en nuestra Política de Cookies.