Por Eduardo Ramírez
Fue entonces cuando una simple nota a pie de página puso en marcha la investigación que condujo al descubrimiento de estos Diarios secretos.
Wilhelm Baum, Introducción a los Diarios Secretos de Wittgenstein
12/03/26. Conozco gente que puede leer todo un libro sin «perder el tiempo» en leer las notas a pie de página. En alguna época yo mismo lo hice.
Ahora disfruto mucho las notas que van más allá de la referencia bibliográfica y se atreven a hacer comentarios y acotaciones personales que despiertan mi curiosidad a veces más que el cuerpo del texto.
Nos encontramos en un café. Teníamos más de treinta años sin coincidir. Me cuenta que está escribiendo un libro. La lectura le cambió la vida. En la adolescencia, leyendo en una edición barata de un libro de Papus, encontró una nota a pie de página en la que se citaba un libro y un autor que llamó su adolescente atención.
La curiosidad lo llevó a confirmar esa cita y a buscar el libro de ese autor.
Lo extraño es que al buscar más información (en época pre-internet) la cita se mostraba esquiva. Incluso, parecía no existir. Desconfiando de su recuerdo (perdió el libro original), compró el libro donde originalmente encontró la cita. Al buscarla se dio cuenta de que ya no aparecía. Buscó en otras ediciones de ese mismo libro. La nota a pie parecía un invento de su imaginación.
Esta búsqueda lo llevó por años, a viajes y lecturas de cientos de libros. Finalmente, hace unos meses encontró una edición fascimilar del libro citado en la Bibliothéque Nationale de France.
Dedican el podcast español Todopoderosos del 12 de marzo de 2026, a los hermanos Grimm. Escucho que la primera edición de la recopilación de sus cuentos (1812-1815) estaba plagada de notas críticas al margen dada la profesión de estos hermanos. Eran filólogos y germanistas y su intención era hacer un estudio erudito del folklor.
Es a partir de las siguientes ediciones que estas notas se imprimen aparte, para diferenciar intenciones y audiencias. En la edición definitiva (1857), estas notas desaparecen y el registro de estas narraciones se corrige y su estilo se estetiza hasta volverse más literatura que documento antropológico.
Al prescindir de las notas, hay quien piensa que algo se ganó.
Leo una novela. El personaje, al escribirle una carta a su hija para pedirle perdón, recuerda un situación sobre el perdón que leyó en la biografía de Wittgenstein. Busco entre mis libros escritos personales de la vida de Wittgenstein. Solo encuentro sus Diarios secretos.
En la introducción, Wilhelm Baum, estudioso de la obra de Wittgenstein, cuenta sobre su descubrimiento de estos diarios.
Cuenta que en el Tratactus encontraba una influencia espiritual que le recordaba a Tolstoi. Para comprobar esto, consultó varias fuentes. En una nota a pie encontró una cita de los diarios donde el mismo Wittgenstein lo reconocía.
Al consultar directamente los archivos de los textos de Wittgenstein no pudo dar con estos pasajes. Descubrió que, a la muerte del filósofo, los administradores de su legado literario se guardaron algunos pasajes personales de los diarios que había escrito en las trincheras, «para resguardar su imagen», declaran.
Después de muchos trámites y negociaciones, por fin tuvo acceso completo a estos diarios secretos que la nota a pie le había revelado. A pesar de darle permiso de consultarlos y citarlos en sus estudios, los albaceas literarios seguían negando públicamente estas referencias personales: sus creencias espirituales y preferencias sexuales.
Borges utiliza en sus cuentos las citas a fuentes de literaturas antiguas y fantásticas para sembrar referencias y así generar una tensión entre la certeza y el enigma. Y, de pasada, capturar en esas redes a sus ingenuos lectores. Así lo hace en Tlön, Uqbar, Orbis Tertuis.
Este juego de erudición lo utiliza también en El acercamiento a Almotásim en el que aparenta una reseña de una novela inexistente y sus falsas fuentes e interpretaciones.
Este recurso se reduce a 1) una fuente encontrada detona una curiosidad; 2) al citarla o investigarla más adelante se dificulta encontrarla, es esquiva 3); al reencontrarla y confrontar la fuente, se evidencia una certidumbre escamoteada/falsedad o un gran hallazgo.
No sin ironía este recurso le sirve para desmantelar o cuestionar al campo académico y erudito en el que se resguarda cierta literatura.
La letra chiquita regularmente abre el texto hacia otras fuentes y lecturas. Otras veces oculta estas mismas fuentes.
¿Qué objetivos secretos hay detrás de esta diferencia?
¿El único valor de las citas a pie es cuestionar lo que sucede en el cuerpo del texto en vez de justificarlo a través de referenciarlo a autores con autoridad?
¿A qué búsquedas y aventuras nos conducen algunas notas más allá que el cuerpo del texto que se presenta amplio y amigable a nuestra lectura? ¿Qué pasajes secretos nos oculta?
Evidenciar, subir al discurso principal y aumentar la fuente unos cuantos puntos, ¿no es un paso para, por fin, liberarnos de estos límites en la búsqueda por crear un conocimiento colectivo?
¿Tendremos que ficcionar las referencias y las fuentes para dejar que sean la estructura y los límites del lenguaje los que tracen lo posible?
Dado el burocratismo y conservadurismo de la academia, ¿esta desaparición de las notas —y del tono científico— de los textos académicos es lo que hoy nos lleva a buscar otras maneras de escribir?
Eduardo Ramírez es editor, autor, maestro y asesor de proyectos. Escribe porque no aprendió a andar en bici y ve la televisión tratando de entender al ser humano y no aburrirse. Editó velocidadcrítica de 2000 a 2007. Publicó los libros El Triunfo de la cultura y El Cuauhtémoc de Troya. Ha escrito columnas y capítulos de libros en México y España. Lo han corrido de todas las universidades de Monterrey.
Imagen: Página de las notas de Wittgenstein para el Tractatus, fechada el 16 de agosto de 1916. (Wittgenstein 103, f. 46).



