Por Sergio Ernesto Ríos
Sergio Ernesto Ríos: ¿Cuál fue el contexto donde creciste? ¿La ciudad y tu familia guardan alguna relación con tu búsqueda en el arte?
Rubens Akira Kuana: Crecí en una ciudad en el medio oeste de Santa Catarina, al sur de Brasil. Era una ciudad pequeña, sostenida en esa época por el sector agropecuario. Mis padres siempre me incentivaron a leer y buscar nuevas formas de expresión, como la música. La música y la lectura siempre estuvieron presentes en mi casa. Pero, en especial, escuchar la letra de las canciones me planteaba pensar cómo el mundo es mucho más vasto que una ciudad de provincia, cómo existen muchas personas diferentes en el mundo. Y fue gracias a ese contacto con la música que comencé a escribir. Yo también quería componer canciones, pero no conseguía terminarlas o dejarlas de una forma en que quedara satisfecho. Me obsesionaba que las palabras de las canciones tuvieran algún significado más profundo que el de la melodía en sí.
SER: ¿Tienes algún recuerdo significativo sobre tu comienzo en la poesía?
RAK: De mi adolescencia, recuerdo cuando un amigo falleció en un accidente automovilístico. Yo ya había atestiguado la muerte de personas conocidas, pero nunca la de una persona a la que yo era más cercano y, adicionalmente, de mi edad. Aquello me marcó bastante y me colocó en un proceso de cuestionamiento sobre el sentido de la vida. Al mismo tiempo, crecía mi interés por la forma de la poesía, a través de la lectura de formación del «canon brasileño» y de toda aquella gente que ya estaba muerta y enterrada. Algunos meses después descubrí blogs de poesía contemporánea y comencé a reflexionar sobre lo que podría significar escribir poesía actualmente. En ese momento quedé muy sorprendido por el hecho de que existían poetas vivos (risas) y porque algunos de esos poetas estaban por ahí en el Facebook, Myspace, etcétera. En mi percepción de pueblerino aquello simplemente nunca se me hubiera ocurrido. La poesía era una forma de arte abandonada, decadente. Obviamente, fui aprendiendo que la poesía puede ser muchas cosas.
SER: Me parece que hay una historia particular en tu incursión en la literatura brasileña, en cierto modo con una mirada hacia el exterior, hacia otras literaturas, otras formas de arte no necesariamente escrito, también hacia otras lenguas, por ejemplo, como traductor y autor para la revista Modo de Usar & Co. o la publicación de tu libro Digestão en un proyecto internacional muy importante que mezclaba arte y poesía joven de todas partes. ¿Qué recuerdos tienes de esto y cómo ha conformado tu visión poética?
RAK: Como mencioné, la revista Modo de Usar & Co. fue justamente mi puerta de entrada a la poesía contemporánea, la poesía escrita por gente viva que estaba en Facebook, en Twitter, etcétera. Conocí a muchas personas a través de esta revista en particular y una de ellas, el editor Ricardo Domeneck, me puso en contacto con la producción de Poetry Will be Made by All, el proyecto internacional que me llevó incluso a la publicación de mi primer librito, Digestão. Fue un acontecimiento muy feliz para mí. Finalmente, hasta poco tiempo atrás yo pensaba que los poetas no existían más. A partir de este librito comencé a percibirme como poeta y a pensar con mayor cuidado en cómo un poeta observa el mundo moderno. Por otro lado, creo que fue una época en que comencé a romantizar demasiado la figura del poeta y de la poesía. Esa cháchara del poeta como un «héroe» o un «revolucionario», como alguien que tendría algún acceso «mágico» al mundo, tipo la «antena de la raza» de Ezra Pound. Creo que hasta cierto punto esto se ajusta al quehacer poético, aunque fui observando la forma en que muchos artistas en realidad se preocupaban más en construir una mitología personal a su alrededor que algún cambio social. Recuerdo que por esos años también estaban ocurriendo las manifestaciones de junio de 2013 en Brasil, la primavera árabe, el movimiento Occupy. Fue una época bastante optimista para los jóvenes artistas. Romantizar todos estos movimientos sociales, para bien o para mal, se mezcló entre lo que prometían y lo que en realidad lograron. El proyecto Poetry Will be Made by All, por lo tanto, cabía en ese escenario en que el internet prometía grandes cambios estructurales y que la poesía, así como las revoluciones y las revueltas, sería hecha por todos. Tristemente, no fue eso lo que pasó. Y menos si consideramos la ascensión de la extrema derecha en el plan global desde entonces. Aunque siempre habrá nuevos acontecimientos y nuevas posibilidades. Y la poesía continuará siendo hecha, tal vez no por «todos» y tal vez tampoco por las supuestas «antenas de la raza».
SER: En tu labor como traductor, ¿qué destacarías de la poesía inglesa y norteamericana, alguna afinidad o alguna atmósfera distinta a la brasileña? ¿Qué autores te han marcado y por qué?
RAK: Creo que la poesía norteamericana, especialmente la contemporánea, me influyó en el sentido de intentar incluir más elementos de la teoría académica, es decir, de cosas que aprendí leyendo teoría académica, como hablar de raza o política, por ejemplo. Claro que la poesía habla de estas cosas, pero el ambiente académico tiene otra forma particular de hablar sobre esto. La poesía norteamericana, sobre todo, me influyó para intentar cosas más experimentales y acotadas. Sin duda, escribí muchas cosas malas a partir de estos ejercicios, cosas que tal vez no hubieran sido expresadas mejor a través de la poesía, sino, quizá, por medio de un artículo académico o tirados a la basura (risas). Algunos autores que me marcaron mucho fueron Theresa Hak Kyung Cha y Natalie Diaz, por la forma en que hablan sobre la raza y la sensación de no pertenecer; Alice Notley, por la forma en la que habla de la vida cotidiana, y Christian Bök, por la manera en que usó restricciones radicales para escribir poemas. Pienso que la poesía estadounidense acabó superando a la brasileña cuando comencé a buscar autores de ascendencia asiática. Contenido que en Brasil tuve cierta dificultad de encontrar, incluso en el medio académico, mientras que en Estados Unidos ya existía una tradición de escritura y de investigación de los llamados «Asian American Studies».
SER: Cuando Octavio Paz habla de la obra del arquitecto mexicano Luis Barragán refiere que tanto como un poeta trabaja o crea el silencio, un arquitecto trabaja o crea los espacios. ¿Qué piensas sobre esto? ¿Cómo se han relacionado tus estudios en arquitectura, urbanismo y filosofía con la escritura, con la poesía?
RAK: Creo que mis estudios de arquitectura, urbanismo y filosofía acabaron influyendo la escritura de poesía de modo que me forzaron a pensar más en el sesgo político de lo que se escribe, de lo que es publicado y de lo que es leído y así sucesivamente. Fue un poco lo que Deleuze habla en una entrevista, sobre percibir primero los contornos, percibir primero el mundo, los continentes, un país específico, Brasil, hasta llegar a la calle donde estoy. Incluso fue por medio de estos estudios que comencé a desvincularme de una idea romantizada del quehacer artístico (sea en la arquitectura, sea en la escritura). Aquella idea de «cambiar el mundo» con el arte y al mismo tiempo construir una mitología personal alrededor, a fin de atraer publicaciones, antologías, contratos, invitaciones a ferias de libros, etcétera. Es decir, por un tiempo yo quise colocar en mis poemas muchas referencias que consideraba cultas o intelectuales, que provenían de la sociología, del urbanismo, del comunismo, etcétera. Referencias académicas, en resumen. Yo quería probar que «sabía lo que hacía». Y creo que la mayor parte de lo peor de lo que escribí fue en ese intervalo. Sin embargo, conforme estudiaba más, percibí que era una gran estupidez intentar impresionar a alguien a través de poemas o incluso artículos académicos. Después que pasé a observar más lo ridículo del acto de escribir —y esto curiosamente fue durante mi maestría en filosofía—, siento que fui más feliz con mis experiencias literarias. Fue durante la maestría que surgieron los libros Nem tão amarelo assim y O trabalho destrói o mundo. Recuerdo que me divertí mucho escribiendo esos dos libros. Al final, estos estudios acabaron conduciéndome al camino de no tomarme algunas cosas tan a pecho.
SER: Como poeta del siglo XXI, ¿cómo vives el intercambio entre archivos digitales, la intermitencia de las páginas web, la aparición de lectores inesperados y el tráfico literario marginal? Buscando tu libro Digestão a una década de distancia ya es imposible de encontrar, descargar o leer. ¿Cómo piensas esa caducidad?
RAK: El acceso a un medio digital y a una biblioteca virtualmente infinita fue esencial para mi formación como lector y escritor. Tuve acceso a muchos textos que probablemente nunca serán traducidos y editados en Brasil. La velocidad para ponerse al día en tendencias contemporáneas o descubrir un pequeño movimiento literario de décadas atrás era muy inspiradora para mí. Me producía una sensación constante de que era posible descubrir algo capaz de cambiar tu vida en cualquier momento. Obviamente, creo que esto también tiene que ver con la juventud, igualmente cuando el mundo parece prometer cambios radicales en pocos años. Con el pasar de los años uno acaba percibiendo patrones históricos y desarrollando una cierta incredulidad o desconfianza, a través de la conclusión un tanto melancólica de que ciertos cambios estructurales no suceden tan rápido en el sentido que deseamos. Creo que la desconfianza acaba surgiendo aún como una forma de protección personal. Después de todo es un sentimiento incentivado por el estado actual del internet, extremadamente individualista. Por ejemplo, el internet comenzó como esa enorme promesa de «aldea global», de intercambios sin fronteras, sin burocracias extenuantes, donde cada persona podría crear su sitio y aglutinar sus intereses, ejercer su creatividad y crear comunidades (piensa en plataformas como blogs y foros). Fue una vida corta, pues surgieron empresas para restringir esta libertad y la sensación de esta libertad. Hoy la mayor parte de lo que conocemos como internet está concentrada en las «redes sociales» (Facebook, Instagram, TikTok, etcétera). Hacer una búsqueda en Google es una tarea miserable, pues los resultados están alineados con patrocinadores y herramientas de «inteligencia artificial». Entonces, la caducidad que comentas parece inevitablemente trágica, pues el control sobre el internet no es democrático, millares de contenidos desaparecerán porque las personas no tienen la «posesión» o la «propiedad» de lo que crean o consumen —y tampoco consiguen opinar sobre la forma como es distribuido—. Algunos contenidos están por ahí, pero están simplemente escondidos de las personas, no hay una forma orgánica de acercarse a ellos. Mientras los gobiernos consiguen llegar y mantenerse en el poder por la manipulación y vigilancia de lo que es publicado en internet, el modelo de negocios predominante es el de suscripciones. Pagas una mensualidad para tener acceso a un contenido específico de un catálogo que puede ser perfectamente cancelado y retirado de circulación sin más. Mi libro Digestão surgió de un proyecto que creía en un internet libre y democrático. Resulta natural que si ese internet acabó (o está en vías de acabar) el libro sencillamente desaparezca, que sea «digerido» por el sistema capitalista. La cuestión es que nada de esto está definido. El internet todavía puede ser un sueño de libertad y conexión genuina con las personas.
SER: Siguiendo con el tema de la edición, ¿qué tan difícil es publicar en Brasil? ¿Te sientes parte de una generación, encuentras búsquedas estéticas comunes con algunos otros autores? ¿Cómo es escribir en Brasil hoy?
RAK: Creo que entre las dificultades de publicar en Brasil destaca el alto costo de producción de los libros. Cosas como el precio del papel, la impresión, la distribución de los libros. El libro es un objeto caro para la mayoría de la población brasileña. La población adulta brasileña, en marzo de 2026, está con casi 50% de impago, según datos de Serasa (empresa de análisis de crédito). Hubo una redistribución de renta y aumento de poder adquisitivo a partir del comienzo de los años 2000, con el primer gobierno de Lula. Pero hoy la situación es otra. La población económicamente activa está endeudada y un diploma de enseñanza superior no garantiza más un buen empleo, tampoco estabilidad financiera. Las editoriales, por lo tanto, van a querer publicar un material que sea comercial. La poesía puede estar en el catálogo, pero, con rarísimas excepciones, vende mal. Es bastante lógico para mí que a pesar de haber más personas escribiendo poesía hoy en día (o por lo menos existe esa impresión con el advenimiento de las redes sociales), no hay espacio para que todo mundo publique sus libros físicos. Editoriales más pequeñas entraron en el mercado en los últimos años influyendo positivamente el escenario literario nacional. Sin embargo, estas editoriales dependen muchas veces del dinero de los propios autores para financiar sus publicaciones. Autores que deben entrar allí en aquella estadística de endeudamiento. Por lo tanto, publicar libros físicos en Brasil es hoy: 1) o tienes contacto con las grandes editoriales (localizadas principalmente en el eje Río-São Paulo; 2) o tienes contacto con las editoriales pequeñas y experimentas en algún momento ese modelo de autofinanciamiento. Obviamente, quien depende del segundo modelo también va a depender mucho más de la autopromoción y del uso intensivo de las redes sociales.
Fue en el segundo grupo que acabé encontrando más afinidades estéticas. O, mejor dicho, fue en este segundo grupo que acabé haciendo mis mejores amistades dentro de los círculos de la poesía brasileña. Pues la amistad es algo más feliz de buscar y de encontrar que la estética. Cuando conversábamos sobre lo que significa escribir en Brasil en la actualidad, acostumbrábamos considerar qué tipo de trabajo había que tener para encajar en este o aquel modelo de publicación de libros físicos: ¿profesor universitario?, ¿funcionario?, ¿heredero?, ¿beneficiario de un mecenas? ¿O hace falta juntar dos o tres empleos informales para mantenerse? Además, ¿cómo franjas de raza, género, sexualidad, geografía, etcétera, interfieren en lo que será escrito, leído y publicado? En conclusión, el asunto era que hablar sobre lo que significa escribir en el Brasil actual era también hablar sobre lo que es leído y publicado en el Brasil del presente. Al fin y al cabo, tengo la sensación de que la mayoría de los lectores de poesía también son escritores de poesía. Y aquella persona que está con sus dos o tres empleos, estadísticamente endeudada, tendrá mucho menos tiempo para leer y dedicarse a las artes. Por otro lado, puedes perfectamente escribir y no publicar cosa alguna. O publicar solamente en un medio digital, donde el costo de producción es más bajo. Pero donde el glamour asociado a la escritura es mucho más bajo también. Las personas aún buscan el renombre de las editoriales y del material físico para la validación «de aquello que vale la pena ser leído en el momento»: las listas, las premiaciones, las antologías, los pasajes pagados, los eventos, etcétera. Las personas buscan reconocimiento. ¿Quién quiere escribir y jamás ser reconocido en vida? ¿Quién quiere escribir y sentirse un miserable, un desgraciado gruñendo por los rincones «ay, por qué nadie lee poesía, ay nadie lee mis poemas?». Las personas buscan reconocimiento. Y creo que los escritores buscan todavía más, con mucho más ansia y angustia. Esto, a pesar de que ese reconocimiento venga por medios que destruyen la propia poesía. Es fácil observar el maleficio de una red como Instagram (una empresa estadounidense) que promueve la inmediatez, la falta de archivo e indexación. Si Instagram acabara hoy, ¿adónde irían los poetas que publican en la plataforma? ¿Para dónde iría su público? Porque las premiaciones y antologías son más sutiles. Aportan reconocimiento, pero también forman un mercado consumidor. Un libro con la etiqueta «finalista del premio No Sé Qué Cosa» llama más la atención, va a parar a las góndolas centrales de las pocas librerías que todavía existen en este país. Finalmente, si la editorial es una empresa y la escritura es un trabajo, la poesía es un producto, una mercancía. Una mercancía entre otras del mundo capitalista. La diferencia es que se paga muy mal por esa mercancía. Los poetas aprenden a venderse más allá de sus poemas. Esto tal vez incomode a quien gusta mantener aquella imagen romantizada del poeta que mencioné antes. Y no le veo mucho sentido entrar en una discusión sobre cuál poesía sería supuestamente más «revolucionaria» que la otra o «menos» capitalista que la otra. El punto que tengo en mente es que el acto de escribir y publicar —sean poemas, novelas o artículos académicos— está envuelto en este paradigma económico que atraviesa prácticamente todas las esferas de nuestra vida. Teniendo en cuenta la catástrofe climática que vivimos, consecuencia directa del colonialismo y del extractivismo que construyó las bases del capitalismo, este cruce se vuelve aún más violento. La escritura que parece o intenta no sentir esto me es, por lo menos, extraña. Y las mismas ganas de publicar libros y acabar entrando, voluntaria o involuntariamente, en la lógica que involucra la publicación de libros me comenzó a parecer extraña también.
SER: En la crítica literaria en México, en los últimos tiempos existe una pugna contra los libros y las voces de las disidencias: feminismo, aborto, LGBTQ+, pueblos indígenas, minorías o que denuncian la desigualdad. Temas que todo el siglo XX fueron borrados y descalificados, hoy también quieren ser borrados desde la etiqueta de la ideología versus literatura pura. ¿Cuál ha sido tu experiencia publicando un libro como Nem tão amarelo assim?
RAK: En primer lugar, la recepción del libro me sorprendió bastante. Circuló mucho más de lo que imaginaba. Sobre todo, considerando que fue publicado solo en formato digital, sin ningún tipo de marketing o patrocinio. Circuló a través de recomendaciones orgánicas. Y creo que este pequeño éxito fue debido al acontecimiento de que encontró resonancia entre eso que mencionas como «voces de las disidencias». Por aquí algunos críticos y autores han etiquetado estas voces como «identitarias», lo cual es gracioso porque, principalmente, estos críticos eran hombres blancos sudestinos. Es decir, existía una identidad bien definida para quien se incomodó y aún se incomoda con estas voces. La elección de Jair Bolsonaro en 2018 dejó todavía más claro el tamaño del hoyo, ya que, dentro de la izquierda, muchos hasta llegaron a culpar de la derrota en las urnas a ese «identitarismo» de las mujeres, personas negras, LGBTQ+ e indígenas. En la época que publiqué el libro, en 2020, también estaba creciendo una ola en el mercado editorial brasileño en un paquete que, en síntesis, vamos a llamar como «decolonial» o «antirracista». Por lo tanto, las editoriales estaban surfeando esa demanda de voces «disidentes», «menores», lo que ayudó a enriquecer el debate público respecto a esa tontería de que existe una diferencia bien demarcada entre una supuesta «literatura pura» y una «literatura ideológica», una literatura mezclada con ideas. ¿Pero qué literatura no es ideológica? ¿Quién consigue escribir sin compartir por lo menos una visión del mundo? Bueno, por otro lado, fue también una época en que comencé a darme cuenta de una serie de actitudes performáticas al grado del ridículo entre las comunidades artísticas y académicas que yo acompañaba. Mucha gente señalaba los absurdos del gobierno de Bolsonaro, aunque parecía no mirarse en el espejo o parecía usar un cinismo muy curioso, un mecanismo psicológico para ignorar lo que veía. Por ello, la experiencia de publicar Nem tão amarelo assim fue una mezcla de desahogo, de dar salida a ciertas frustraciones en medio a mi intento de no tomarme tan en serio la escritura y la literatura.
SER: En la charla «Decolonialismo da pele amarela: um debate da esfera pública» hablas de la política persecutoria de Getúlio Vargas hacia los migrantes asiáticos en Brasil. ¿Qué sucede en la política de estado de hoy, con Lula, un gobierno de izquierda? ¿Hay un contraste para bien?
RAK: El gobierno de Vargas deseaba unificar a la masa trabajadora de un país bajo una bandera, una identidad nacional. Vargas realizó medidas consideradas populistas con el objetivo de darle un disfraz civilizador y acogedor al Estado, tanto que ganó el apodo de «padre de los pobres». Él instituyó el salario mínimo, la jornada de trabajo de ocho horas, vacaciones remuneradas, el permiso de trabajo. Para esto, mandó cerrar las escuelas de japonés dentro de las comunidades migrantes. Era una gestión de territorio. La lengua oficial era el portugués y era esta la que debería ser enseñada con el uso de los recursos públicos. Realmente el gobierno de Lula no hace ninguna prohibición o persecución de ese tipo. Al contrario, las presidencias petistas (del Partido de los Trabajadores) fueron las que más se esforzaron para acoger y atender las demandas de las voces olvidadas y minoritarias. Esto, curiosamente, hizo a Lula también ganarse el apodo de «padre de los pobres», gracias a su carisma y a sus programas sociales (la Beca Familia, por ejemplo).
SER: ¿Tienes nuevos libros? ¿Hacia dónde va tu escritura?
RAK: Mi último libro publicado fue O trabalho destrói o mundo por Acne Press y hasta el momento no tengo interés en escribir otro libro. No escribo un poema por lo menos desde hace dos años. Y, hasta ahora, estoy satisfecho así. Gracias por la traducción del libro y por la entrevista.
Rubens Akira Kuana (Videira, Brasil, 1992). Es arquitecto, urbanista y maestro en Filosofía. Autor de digestão (LUMA Foundation, 2014), nem tão amarelo assim (Shiva Press, 2020), o trabalho destrói o mundo (Acne Press, 2023) y recién apareció México Ni tan amarillo (Grafógrafxs, 2026).
Sergio Ernesto Ríos (Toluca, Estado de México, 1981). Es director de la revista de literatura Grafógrafxs y miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Publicó los libros: PoeCIA (Herring Publishers, 2024), El ganador del primer premio del centro de estudios interplanetarios (Periferia de escribidores forasteros, 2019)y Larga Oda a la salvación de Osvaldo (Universidad Autónoma de Nuevo León, 2019) en coautoría con Minerva Reynosa. Tradujo del portugués: Ni tan amarillo (Grafógrafxs, 2026) de Rubens Akira Kuana, Poemas (7letras, 2025) de Heyk Pimenta y Pasen las legiones con los huesos expuestos + Algunos prefieren batallas perdidas apuntes para una poética de Donizete Galvão (Viralata, 2024).
[1] Esta entrevista y su traducción fue realizada con el apoyo del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales (FONCA), a través del programa Sistema Nacional de Creadores de Arte 2024- 2027.



