Por Daniel Faria
El hijo es el carrusel alrededor de la madre
El carrusel en el corazón de la madre
La luz de los carruseles y la música
Y lleva a la madre en su caballo
El caballo gira alrededor viudo
La madre es la fiesta siempre en luto
Por eso aviva la luz como quien se sumerge en ella
Y conoce la oscuridad como quien ya solo relumbra
En el niño
Y busca un brillo, el metal que no oxida
Ellos son una ruleta en vueltas sucesivas
El tambor de un revolver
La explosión de una bala repentina
La viudez es un hoyo en el centro de la cabeza
La familia es un hoyo absurdo sobre la casa
—una gruta sin acceso—
Hay un cadáver en los ojos del azar
Apesta a pólvora como el instante que dispara
Y está inmóvil como un día sin salida
El carrusel tiene un caballo que galopa
El niño tiene las riendas y espera
La edad de la despedida
(De Homens que são como Lugares mal Situados)
Hombres que son como lugares mal situados
Hombres que son como casas saqueadas
Que son como sitios fuera de los mapas
Como piedras fuera del suelo
Como niños huérfanos
Hombres sin huso horario
Hombres agitados sin brújula en que reposen
Hombres que son como fronteras invadidas
Que son como caminos atrincherados
Hombres que quieren pasar por los atajos sofocados
Hombres sulfatados por todos los destinos
Desempleados de sus vidas
Hombres que son como la negación de las estrategias
Que son como escondrijos de los contrabandistas
Hombres encarcelados abriéndose con cuchillos
Hombres que son como daños irreparables
Hombres que son sobrevivientes vivos
Hombres que son como sitios desviados
Del lugar
Hombres que son como proyectos de casas
En sus balcones inclinados al mundo
Hombres en los balcones destinados a la vejez
Demasiado deteriorados por las intemperies
Hombres llenos de vasijas esperando la lluvia
Detenidos a la espera
De un compañero posible para el diálogo interior
Hombres muy ensimismados en un modo de ver
Un mirar fijo como quien viene caminando al encuentro
De sí mismo
Hombres tan mal preparados tan desprevenidos
Para recibirse
Hombres bajo la lluvia con las manos en los ojos
Imaginando relámpagos
Hombres abriendo fuego
Para secar el rostro para cerrar los ojos
Tan mal preparados tan desprevenidos
Tan confusos a la espera de un sistema solar
Donde sea posible una sombra mayor
Hombres que trabajan bajo la lámpara
De la muerte
Que cavan en esa luz para ver quien ilumina
La fuente de sus días
Hombres muy doblados por el pensamiento
Que llegan despacio como quien corre
Las persianas
Para ver en lo oscuro la primera primavera
Hombres que cavan día tras día el pensamiento
Que trabajan en la sombra de la copa cerebral
Que podan la piedra de la locura cuando aplastan las pupilas
Hombres todos blancos que abren la cabeza
A la búsqueda de esa piedra definida
Hombres de cabeza abierta expuesta al pensamiento
Libre. Que llegan despacio a abrir
Un lugar donde amanezca.
Hombres que se sientan para ver una mañana
Que excavan un lugar
Para la salida.
No levantemos a los hombres que se sientan a la salida
Porque se mueven en sus caminos interiores
Equilibran con dificultad una idea
Cualquier cosa demasiado nítida, semejante
A una hoja vacía
Y ponen nidos en los árboles para liberarse
De la jaula terrible, invisible muchas veces
De tan dura
No nos acerquemos a los hombres que ponen sus manos en las rejas
Que recargan la cabeza contra los hierros
Sin otras manos en que agarrar sus manos
Sin otra cabeza en que recargar el corazón
No los toquemos sino con los materiales secretos
Del amor
No les pidamos entrar
Porque su fuerza se apagó y su espera
Es la fe inquebrantable en el misterio que inclina
A los hombres hacia adentro
No los levantemos
Ni nos sentemos al lado de ellos. Sentémonos
En el lado opuestos, donde ellos pueden venir para erguirnos
en cualquier instante
(De Homens que são como Lugares mal Situados)
PIEDRA DE SÍSIFO I
Carga el agua amotinada
En los ojos de Narciso, pequeño Sísifo,
Pequeña luciérnaga adentro de la roca
Pequeña luz adentro del prodigio.
Rueda la semilla, sosiega en las terrazas
El viaje siempre repetido
De dar vueltas la piedra es redonda
La vida
PIEDRA DE SÍSIFO II
Ahora mediré el tiempo
Por la vara erguida al mediodía
Por la arena descendiendo el corazón
Y el sueño
Por la ceniza en el cabello de Jacob
Por las agujas en el regazo de Penélope
Ahora lavaré mi rostro
Sin perturbar los círculos del agua
Mediré el tiempo por el peso de la piedra
De Sísifo, cerca de la cima
Y por el musgo que dificulta
La firmeza de sus pies
Partiré solo en el viaje
Sin ninguna piedra o senda repetida
Y en el tiempo repetido hallaré una salida
Una mañana después de una mañana
(De Explicação do labirinto)
Traducción de Sergio Ernesto Ríos



