Por Arturo Roti
El 22 de febrero tenía una cita con The Warning. Las hermanas Villarreal, aquellas niñas que muchos vimos crecer desde aquel video viral donde interpretaban un cover de Metallica, estaban de vuelta en casa. Su ascenso ha sido meteórico: de tocar en pequeños foros a pisar escenarios imponentes como Wacken Open Air, y este año, rumbo a Hellfest y Graspop. Pero antes de conquistar Europa, hoy, la historia se escribía en Monterrey, en un Auditorio Citibanamex completamente agotado desde meses atrás.
La ciudad nos recibía con un frío brutal. El viento cortaba la piel, y mientras nos dirigíamos rumbo al recinto junto con mi querida amiga y fotógrafa Maricela, hicimos una parada obligada en el estacionamiento. Ahí llegó la primera sorpresa de la noche: $200 pesos de tarifa. Miradas de «¿qué demonios?» y resignación. Para ponerlo en perspectiva, en la Arena Monterrey nos han cobrado $50 en otras ocasiones. En fin, esa fue la excusa perfecta para no comprar una cerveza extra.
Ya en el lugar, las filas parecían interminables. Hombres, mujeres, niños, familias enteras, todos temblando de frío, pero con una energía inquebrantable. Sus rostros reflejaban emoción pura, ese tipo de felicidad que solo da la música cuando esperas ver a tus ídolos en vivo. Congelados, sí, pero entusiasmados como nunca.
La espera terminó: Monterrey recibe a sus hijas prodigio
Dentro del recinto, pasé primero al área de comedores, ese pequeño refugio donde los colegas de la prensa se reencuentran para compartir risas y expectativas. De fondo, Holy Wars, la banda abridora, ya calentaba motores. Pero todos sabíamos que el verdadero estallido estaba por venir.
A las 9:00 PM, tomé mi asiento. O mejor dicho, intenté encajar en ese infame espacio reducido que es «la eterna queja» de los asistentes del Citibanamex. Pero qué más da. A las 9:30 se apagaron las luces y el telón blanco se iluminó con proyecciones gigantes. Entonces, cayó de golpe, y ahí estaban ellas: The Warning en toda su gloria.
Sin más preámbulos, arrancaron con «Six Feet Deep», y el Auditorio se transformó en un mar de euforia. Brincos, gritos, brazos en el aire, la gente estaba lista para entregarse. Yo, en cambio, me dediqué a observar, a grabar cada detalle en mi memoria. Me encantaba ver a los fans divertirse como niños, cantar a todo pulmón. Y es que si algo he aprendido es que los seguidores de The Warning no son solo apasionados, son aguerridos. Así como las defienden en el escenario, también lo hacen en redes sociales. Son una familia.
Y sí, lo admito. Sentí ese orgullo paternalista de haberlas visto crecer, de recordar cuando Alejandra apenas podía sostener el bajo, cuando Paulina casi no se asomaba tras la batería y cuando Daniela era solo una niña con guitarra. Hoy son unas titanes.
Un solo inolvidable y una frontwoman imparable
Conforme avanzaba el setlist, olvidé por completo la incomodidad de los asientos. La única opción era ponerse de pie, de lo contrario, no vería nada. Y fue ahí cuando dos momentos se quedaron grabados en mi cabeza.
El primero: el solo de guitarra de Daniela. No fue un solo cualquiera, fue una obra de arte. Cada nota caía con una delicadeza y precisión asombrosa, pausada, armoniosa, casi hipnótica. Por un momento, me hizo recordar a David Gilmour. Por supuesto, guardando proporciones, pero el camino que tomaba era claro: no era cuestión de velocidad, sino de sentimiento. Cuatro minutos de pura belleza musical.
El segundo: Paulina transformándose en una bestia del escenario con «Consume». Siempre la hemos visto brillar tras la batería, pero esta vez se adueñó del micrófono como una auténtica frontwoman. Fuerza, energía, garra, presencia, lo tenía todo. Caminaba por el escenario como si estuviera devorándolo, desatada, libre, imparable. El público estaba rendido ante ella.
Por supuesto, los momentos épicos no paraban ahí. Con «Money», Daniela y Alejandra nos regalaron una divertida guerra de coros entre el público: «Cash!» vs. «Money!», un duelo que hizo retumbar el auditorio. Y cuando llegó «Qué Más Quieres», me di cuenta de que los fans enloquecen con las canciones en español.
A mi lado, un par de chicas cantaban tan fuerte que pensé que mis oídos estallarían. Pero en vez de molestia, me contagiaron su felicidad. Miré sus rostros y lo entendí: no solo estaban cantando, estaban viviendo cada palabra, cada acorde, cada segundo.
El cierre no pudo ser mejor. «Martirio», «Evolve» y «Narcisista» transformaron el Auditorio en un volcán en erupción. El frío que traíamos desde afuera se evaporó por completo. Las luces, los gritos, la conexión banda-público era tan intensa que parecía que el recinto ardía.
Y entonces, «Automatic Sun» marcó el gran final.
El regreso a casa con el frío en los huesos y el corazón ardiendo
Salí rápido del recinto, evitando la marea de gente. Apenas puse un pie fuera, el aire helado volvió a golpearme, como si quisiera recordarme que el mundo exterior seguía siendo gélido.
Pero algo había cambiado. Mi cuerpo estaba caliente, mi mente estaba en paz, y mi corazón seguía latiendo al ritmo de la música.
Mientras caminaba rumbo a la salida del Parque Fundidora, pensé en todos esos fans que, como yo, volvían a casa con el alma encendida. ¿Cuántos de ellos habrán sentido lo mismo? ¿Cuántos habrán salido con la certeza de que presenciaron algo inolvidable?
The Warning no solo ofreció un concierto, ofreció una noche de magia pura. Una de esas que, aunque pasen los años, siempre se recordará con una sonrisa.
Y así, entre el frío de la madrugada y el calor de la música aún resonando en mi cabeza, me fui a casa. Satisfecho. Completamente satisfecho.
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Foto: The Warning | Tadeo Gómez. Cortesía de MILENIO.



