Siempre nos quedarán las costas de Guerrero

Mala resina es un libro de diez relatos —a decir por su autor— que nacen de la inquietud de narrar la manera de vivir y hablar de los habitantes de la costa de Guerrero.

agosto 19, 2025

Por Minerva Reynosa

Me encontré fortuitamente con Paul Medrano, narrador tamaulipeco avecinado en Zihuatanejo, en los pasillos de la UANLeer 2021. Tenía más o menos catorce años de no verlo. Antes me había invitado a Acapulco, donde vivía y trabajaba para un periódico. En ese entonces, ambos, como jóvenes escritores, teníamos proyectos editoriales independientes y gestionábamos eventos literarios. Tal vez lo conocí por el blog, ya que en el 2005 buscaba escritores jóvenes norteños en la red. Inmediatamente nos comenzamos a seguir y nos firmábamos las entradas de nuestros diarios electrónicos. Pronto nos hicimos amigos. Decía, me invitó al puerto de Acapulco a presentar una revista que editaba, pero al final no se pudo. De esos días no recuerdo mucho, pero sí a un Paul de habla serena y movimientos sosegados. Contaba parsimoniosamente de los vaivenes de la vida cotidiana, de la creciente violencia en la zona y por supuesto, de su empeño por seguir escribiendo desde la periferia. Y eso es justo lo que sigue Paul Medrano haciendo: observar detenidamente y escuchar de forma cuidadosa. Luego, otra vez me lo encontré en la UANLeer 2025, donde presentaba su libro de cuentos más reciente: Mala resina.

El libro Mala resina del narrador, profesor y periodista Paul Medrano; fue acreedor del Premio Nacional de Cuento José Alvarado 2024, el cual otorga y publica la Universidad Autónoma de Nuevo León. Un libro de diez relatos —a decir por su autor— que nacen de la inquietud de narrar la manera de vivir y hablar de los habitantes de la costa de Guerrero. Diez cuentos que nos afirman las búsquedas temáticas y formales del autor. Temas como el deseo insatisfecho, el mal de amores, la decantación, la masculinidad tóxica o la violencia; son narrados con oficio, ingenio y destreza. Cada una de las historias, aunque con su planteamiento particular; están hilvanadas para representar pasajes de la vida humana, delimitados al paisaje de esta parte de la costa del Pacífico. Destaco por supuesto, el uso de la prosodia costeña, resaltando un lenguaje cotidiano que se escapa de la lógica meramente comunicativa. Con un empleo de localismos, jergas y arcaísmos propios de la zona y que dan sentido al territorio geográfico que Medrano mapea. Él mismo, nos hace partícipes de su festín lingüístico; nos envuelve del real divertimento de la creación literaria y de la compleja rítmica. Paul Medrano ha escuchado tan bien y por qué no, no tan bien, que ha tropicalizado al trópico:

Clientes…, clientes…, bocineaba mi suegra desde su maca con los ojos enchumbados de sudor. Clientes…, clientes., esa voz de temolchi amellaba hasta los sueños más espichados, como los míos. Tal vez un puño de chicatanas le sabaneaban el gaznate o tal vez no. Clientes…, clientes…, de su cogote escurría un sonido calilloso igualito a un barandal enmojecido, así era su voz que retumbaba hasta la calle pa dejar en claro quién era la del cencerro en aquella tienda de pescado del centro de Teipán.

Los diez cuentos de este libro son de relevancia, pero subrayaría para este comentario, el primer cuento que le da título al libro. Mala Resina cuenta la historia de un joven de clase media y estudiante de contaduría, que se enamora de la supuesta hija de una comerciante de pescados y mariscos en la ciudad ficticia de Teipán. Llevado con falsas ilusiones sobre casamiento y un préstamo para que inicien su propio negocio; la supuesta hija es contratada por la dueña para que consiga marido de una de sus dos hijas solteronas y la embarace. El hombre, al llegar al pueblo, rápidamente es capacitado para destripar todo tipo de mariscos y pescados; contrario a lo que le prometía la enamorada, una vida sin dificultades económicas, gracias al negocio familiar. Éste, al mismo tiempo de rendir con las arduas jornadas de trabajo, también rendía con las atribuidas actividades sexuales con la verdadera hija de la comerciante; las cuales acepta como moneda de cambio:

Sin más, le dije que aceptaba el trato. Pues apúrele a pegar su chicle, pues. Que mija no va estar joven pa siempre. Pasaron los días y con Gertrudis planeamos una manera de cumplir con nuestra parte. Gertrudis iba a mi cuarto, me llevaba una docena de ostiones, luego me calentaba y ya con el fierro berrenque, me pasaba al cuarto de la Tomasa, donde vaciaba mi resina entre sacudimientos enerviados. Había noches que regresaba al cuarto y Gertrudis me volvía a poner a tono y allá iba otra vez al cuarto de la hermana. Desde fuera, la vida en aquella casona verde transcurría como sin nada. Trabajaba mucho y cogía aún más, aunque no con quien yo quería. Una extraña depresión nació en mí. Una que me unía a esos cuches verracos que van de chiquero en chiquero preñando hembras. Mi función en aquella casa no era ayudar sino, simplemente, engendrar descendencia. Pegar mi resina. El calor y la cogedera me pusieron pilinque de lo que ya era. Sí, me daban un caldito de cuatete de cucaracha o mi bolillo con relleno, pero coger es coger. Te chupa la vida. El embarazo no llegaba y de pronto las palabras de mi madre empezaron a cascabelear en mi mente ¿Y si de verdad era estéril?

El tormento de no tener la capacidad de procrear, hace que dude de su virilidad. Pues el personaje tenía monorquismo o la condición de tener solo un testículo. Así, la familia de la supuesta hija y todos los trabajadores de la marisquería se enteran de sus circunstancias y le comienzan a apodar el chiclán. Tras esta preocupación, la comerciante opta por echar mano de los remedios ancestrales y le embarra una pomada en los genitales para que ya pudiese embarazar a su hija. Así, finalmente se cumple el cometido de procrear descendencia y es cuando Gertrudis desaparece de la vida de todos; su trabajo había terminado. Después, la comerciante le confirma al hombre que todo el enamoramiento y planes de Gertrudis hacia él, eran parte de su trabajo; el cual consistió en conseguir marido que embarazara a las hijas: Sentí que se me abría un caño en la cabeza hasta el pecho. Un caño por donde se iba Gertrudis. Un caño por donde escurría una mala resina. Un caño por donde también bajaba el recuerdo de mi padre. No lo pensé mucho, tomé la daga filetera y la degollé ahí mismo, en su maca mugrienta.

Desde este primer cuento, podemos observar el interés del autor por no atender al diálogo con la historia nacional, sino más bien, tener un enfoque más local; donde se cuentan las vicisitudes de las pasiones de los personajes comunes en su colectividad. También, es interesante que en este imaginario universo costeño, las violencias que se muestran, no son las hegemónicas; sino aquellas, producto de la dominación o la fuerza: de las transnacionales, de los políticos o de la maña. Todo lo contrario, la violencia que figura en cada uno de los cuentos de Mala resina, es el resultado de sistemas y estructuras fallidas que generan circunstancias muy particulares. Por ejemplo, en el cuento anterior, el chiclán es simplemente un hombre enamorado que, para cristalizar su amor sin preocupaciones económicas, accede a cristalizar también los deseos de los demás. Asimismo, la manifestación de su baja autoestima complica la idea de su virilidad; le acarrea inquietudes sobre el abandono de su padre y dudas sobre su propia paternidad. El personaje muestra la falta de herramientas para gestionar sus emociones; el amor lo lleva a la frustración y a la ira, y al final comete un acto violento. Para concluir, Mala resina es un libro que atiende el tema de la violencia pero no al estilo de la narcoliteratura; lo cuál considera hasta cierto punto, muy manido. Más bien, repara a esas microhistorias que cuentan lo inusitado del amor, la vulnerabilidad, el humor negro, y como ya mencioné, las muchas violencias. Festejando al propio lenguaje y el territorio de la costa de Guerrero; y por el que venturosamente fue premiado en el norte de México.

Paul Medrano. Mala resina. Universidad Autónoma de Nuevo León, 2025.

Paul Medrano (Ciudad Victoria, Tamaulipas; 1977) Narrador, profesor y periodista. Ha publicado Dos Caminos (UNAM, 2010), Flor de Capomo (Tierra Adentro, 2011), Noches de yerba (Tarántula Dormida, 2011), Deudas de fuego (ITCA/Conaculta, 2013), Vicio final (Secultura/Praxis/Marvis, 2015), Balada de testaferro (Secutura/Marvi, 2016), Nieve de mango (Praxis, 2017) y El Acapulco punk (UANL, 2020). Mala resina fue acreedor al Premio Nacional de Cuento José Alvarado 2024, que otorga y publica la Universidad Autónoma de Nuevo León. Vive en Zihuatanejo con sus esposa y sus dos hijos.
Minerva Reynosa. Poeta, profesora y gestora cultural. Es autora de más de diez títulos de poesía. Su obra ha sido merecedora al Premio Regional Carmen Alardín 2006 y Premio Nacional de Poesía Clemencia Isaura 2020. Actualmente colabora con Benjamín Moreno en el proyecto de experimentación textual, visual y tecnológico Benerva! Tiene con la poeta y traductora Paula Abramo; y Efraín Velasco, poeta y diseñador, Muiraquiā: Proyecto Fanzinero de Poesía. El cuál se dedica a publicar poesía brasileña al español en México y otras poéticas liminales. Es docente online, consultora de literatura, gestora de distintos proyectos de sensibilización de la poesía y pertenece al Sistema Nacional de Creadores de Arte. IG: @minerva.reynosa

Imagen: Cultura UANL

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