Maya VII: Lo Real

Para Wiseman, editar era el equivalente a escribir. Era en esa etapa del proceso donde tenía el control del material, pero no usó ese poder para comunicar sus propias ideas. No tenía agenda política, aunque todas sus películas son retratos de instituciones.

febrero 28, 2026

Por Raúl Quintanilla Alvarado

Frederick Wiseman falleció el 16 de febrero del 2026. Él siempre se resistió a definir su trabajo más allá del término películas. La idea de que el cine pueda alcanzar una verdad, como lo sugiere el término cinéma vérité, le parecía una broma. Presionado por el documentalista Errol Morris, describió su estilo como “películas de ficción basadas en eventos no planeados”. Para Wiseman, editar era el equivalente a escribir. Era en esa etapa del proceso donde tenía el control del material, pero no usó ese poder para comunicar sus propias ideas. No tenía agenda política, aunque todas sus películas son retratos de instituciones. En sus palabras, sus modelos políticos eran los hermanos Marx, pues se sentía más cercano al teatro de lo absurdo que al documental.

En sus películas abordó cada una de las instituciones sabiendo muy poco de ellas. Decía que le parecía deprimente ir a un lugar y sentir que estaba perdiendo material potencial, prefería enfrentar la situación de lleno y sin ideas preconcebidas. Apostaba por su intuición, confiando en que, durante el rodaje, encontraría algo valioso. El comportamiento humano era su verdadero interés; las instituciones sólo eran excusas que le ayudaban a limitar las inmensas posibilidades. La otra depuración del infinito llegaba en la edición, un proceso que él describió como maníaco-depresivo, pues a ratos pensaba que lo que estaba haciendo era basura y otras algo brillante, pero nunca se detuvo. Hizo 47 largometrajes; el último, a los 93 años.

En la superficie sus películas podrían parecer sobrecargadas de una realidad banal y burocrática, con imágenes que no llaman la atención sobre sí mismas y con una extensión demandante. Esta forma es necesaria precisamente para poder revelar lo que Lacan llamaría lo Real. No es algo que pueda forzarse temáticamente o estilizarla, de lo contrario, no tendría ese efecto de hallazgo, de algo innombrable que surge de las grietas de la realidad. Para ello, Wiseman borró todas sus huellas de la obra, por eso no hay narración ni entrevistas, ni música ni edición expresionista. El mejor equivalente sería Shakespeare. Poco sabemos de ambos autores. Parecen comprender todo tipo de personalidades, sin mostrar predilección por alguna. Uno puede proyectar en ellos distintas personalidades.

Si los extraterrestres llegaran a la Tierra y tuvieran que elegir la obra de un solo artista para entender el planeta, elegirían la de Frederick Wiseman. Quizás sean más sensibles y a la vez la distancia les otorgue una visión más amplia y comprensiva de las complejidades y ambigüedades del comportamiento humano, que es la gran aportación del director. Para mí sus películas son como una noria de agua interminable, con interpretaciones tan vastas como la vida misma. Cada institución es un microcosmos de la sociedad. Si estoy distraído apenas puedo percibir el sentido de cada situación, mas en momentos, cuando estoy abierto, puedo atisbar un Orden. Uno tan complejo como el de la secuencia de hexagramas del I-Ching o el presente en una hebra de ADN.

Hay una cita de Voltaire según la cual «Dios es un comediante que actúa para un público demasiado temeroso de reír». Me parece que Wiseman comparte el mismo sentido del humor. Al final de su película Welfare hay un monólogo de un hombre desamparado, pidiendo unos dólares para poder comer, pero el sistema lo ignora. Divaga durante unos 5 minutos en un diálogo que el mismo Samuel Beckett desearía haber escrito, pero sólo Wiseman tuvo la paciencia de escucharlo y elevar esa plegaria a Dios en el cierre de su película:

Señor, no sé por qué, pero todavía no quieres que viva. Todavía no quieres que haga nada de lo que yo quiero hacer. Todavía quieres que haga lo tuyo y que sufra. Supongo que debo sufrir por todos los que se han ido antes… Está bien, si eso es lo que quieres, así será. Hemos tenido este acuerdo desde hace tiempo. Yo no voy a echarme atrás. Si tú quieres hacerlo, es asunto tuyo. Yo me mantendré firme hasta que esto termine, cuando sea que termine. Y si no quieres que coma, si no quieres que duerma, si no quieres que trabaje, no lo haré. Y si quieres que siga vagando como hemos estado vagando durante 5,735 años, seguiré vagando. Sabes que eso no me molesta. Aunque no haya nadie en todo este mundo que me escuche, vagaré hasta que estés listo para decidir dónde pertenezco. Un lugar, un hogar, personas, amigos, cuando sea que eso ocurra. Tengo todo el tiempo del mundo y, gracias a Dios, toda la paciencia, la fuerza y la comprensión. Gracias.

Raúl Quintanilla Alvarado (Monterrey, 1982). Desde los 17 años se ha dedicado a la producción audiovisual, con una filmografía de más de 500 cortometrajes y 7 largometrajes, en donde ejerce los puestos de productor, guionista, director, actor, fotógrafo, editor y colorista. Recibió el premio de adquisición en la Bienal Artemergente 2012 y el Premio Nacional de Poesía Carmen Alardín 2023. Actualmente es Vocal de Cine en Nuevo León, produce el podcast sobre arte y cultura Rodar el Trueno y la serie web La Generación del Sueño.

Compartir:

Usamos cookies para mejorar tu experiencia y personalizar contenido. Al continuar, aceptas su uso. Más detalles en nuestra Política de Cookies.