Curarse

Aunque es una novela breve y han pasado un montón de cosas, siguen sucediendo muchas más que no voy a contar para no spoilear a Sayaka Murata.

septiembre 29, 2026

Notas sobre La dependienta de Sayaka Murata

Por Gilma Luque

Seguro se ha dicho de muchas formas, pero yo recuerdo Los anormales de Foucault —dictado en el College de France en 1975—, donde habla de cómo en el siglo XIX la desobediencia, la insurrección, los inadaptados y los locos se volvieron un peligro para la higiene social y con ello se dictó lo que es normal y anormal. La psiquiatría antes de ser una ciencia médica, se institucionalizó como un dominio de la protección social contra los peligros que vienen desde la sociedad (la locura como enfermedad) como  los monstruos, los incorregibles y los onanistas. En fin, Foucault no hablaba de una anormalidad en apariencia simple de no hacer lo que hacen todos (crecer, estudiar, trabajar, casarse, tener hijos… etcétera), sino de enfermedades mentales y criminalidad, de una represión por medio del poder., sin embargo, todo aquello que no es como la mayoría dicta es anormal. Yo tenía veintitantos años cuando leí a Foucault por vez primera, a veces me pensaba como una víctima del poder y otras quería ser tan distinta a toda costa, que yo misma buscaba la forma de no encajar. Otras simplemente no sentía ni era como el resto y tenía cierta culpa de no ser “normal”.

Otro libro que recuerdo de una época anterior a los veinte años es El loco de Gibran Khalil Gibran, sí, leía lo que la mayoría y me impresionó de igual forma. Envenenan el pozo de un reino del que todos toman agua y enloquecen, menos el rey que no toma agua de ahí. Todos creen que  el rey está loco. Un día el rey toma agua del pozo y enloquece. Todos festejan que haya recobrado la cordura. (Por cierto que habrá una serie (poco) original de Netflix, pero en ésta el agua envenenada del pozo hace que todos los que toman agua de él vean gente muerta… o algo así). Aunque ser anormal parece ser la normalidad, creer que uno debe curarse de una forma de ser nata (como el caso de Keiko Furukura, la protagonista de La dependienta) para, sino pertenecer, al menos hacer que los otros (los cercanos) dejen de sufrir por nuestra “anormalidad”, es una tarea difícil.

Keiko Furukura, tiene 36 años y lleva 18 trabajando como dependienta de una tienda de conveniencia. Conoce al dedillo los procedimientos desde que llega casi una hora antes de su turno, el acomodo de los productos, las compras según la temporada, e incluso el clima, los faltantes, promociones, los Bienvenido, muchas gracias y vuelva pronto, hasta el momento que deja la tienda para volver a su muy pequeño departamento y cenar los productos caducos o en mal estado (como latas abolladas) y dormir con los ruidos de la tienda en sus oídos como una canción de cuna que la arropa para el día siguiente regresar a su trabajo y refugio.

Todo está bien, está controlada, y es que desde pequeña le costó ser “normal”. Nunca se trató de un acto de rebeldía contra el mundo y sus reglas. No, era su genuina forma de ser. Recuerda un par de momentos de su infancia, como la escena en que ella y otros niños niños envuentran un pájaro muerto. Los niños lo miran llenos de compasión. Ella lo toma entre sus manos y se lo muestra a su madre, quien (llena de compasión) le dice que lo ven a enterrar. Ella dice “¿Por qué si lo podemos comer?”. Todos, incluso la madre, la miran con desaprobación y hasta con miedo. A ella le parece normal,y como el pájaro es pequeño y no alcanza para la familia completa, sugiere atrapar otros.

Crece y encuentra un orden para sí misma en la tienda de conveniencia, pero los otros cuestionan su falta de metas más altas, a pesar de haber estudiado la universidad; que no se haya casado “a su edad”; que no tenga hijos… Keiko se da cuenta que no basta imitar la normalidad ni mentir sobre sí  misma. Tiene que curarse, por eso le pide a un hombre frustrado y triste (ex empleado de la tienda), además de patán, que viva con ella. Los demás, sin importar que el hombre sea un mantenido, y sin saber nada en concreto de él, se sienten aliviados de que Keiko haga lo que debe de hacer.

Aunque es una novela breve y han pasado un montón de cosas, siguen sucediendo muchas más que no voy a contar para no spoilear a Sayaka Murata.

¿Recobrará la normalidad que tanto desean los otros o seguirá siendo la anormal de siempre?  Para saberlo tendrán que leer el libro.

Sayaka Murata nació en Inzai, Prefectura de Chiba, Japón, en 1979. Su primera novela Lactancia materna ganó el Premio Gunzo para nuevos escritores. En 2016, su décima novela, La dependienta ganó el Premio Akutagawa. Vendió más de sesenta mil copias en Japón. Trabajó como empleada de tiendas de conveniencia en Tokio. Actualmente trabaja en la cafetería de la editorial que la pública.

Gilma Luque (Ciudad de México, 1977) es autora de Hombre de poca fe (Mondadori, 2009), Mar de la memoria (Ediciones B, 2014), Obra negra (Almadia, 2016) y El hombre en el jardín (Hachette, 2025), entre otros libros. Fue miembro del Sistema Nacional de Creadores del año 2020 al 2023.

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