Por Eduardo Ramírez
Captain Fantastic raised and regimented, hardly a hero
Just someone his mother might know.
Bernie Taupin
Cuando te acuestes con una mujer, sé amable, escúchala, trátala con respeto y dignidad, aunque no la ames. Sigue el camino de la verdad y la honradez. Vive cada día como si fuera el último. Exprímelo. Sé aventurero. Sé osado, pero saboréalo porque pasa rápido.
No te mueras.
Despedida del padre a su hijo mayor en la película Capitain Fantastic
25/08/25. Ser padre es cuestionarme permanente sobre un rol que desconozco y que de antemano sé que me voy a equivocar.
Tal vez por eso digo permanentemente que educar a los hijos es escoger la manera en la que los vamos a traumar.
Hace años vi la película Capitain Fantastic (Matt Ross, 2016).
Por la generación a la que pertenezco me identifiqué con la visión idealista del padre (Viggo Mortensen), tratando de darle a sus hijos una sólida formación cultural, con una visión crítica hacia la sociedad materializada y superflua. Me identifiqué también —al trascurrir la trama— con el dilema y consecuencias de enfrentar, vivir dentro, una sociedad tradicional y darse cuenta de algunas carencias en las habilidades sociales que pueden ubicar a los hijos como frikies inadaptados debido a esa misma visión.
Las altas expectativas sobre la paternidad la predisponen hacia una amplia probabilidad de frustración. Pretender ser el padre perfecto nos encamina al fracaso. La paternidad luce fantástica, pero al ser realizada por un ser imperfecto, se convierte en una ruta antiheroica.
Las únicas herramientas con que cuento para ser padre es que previamente he sido hijo y hermano.
Por ser un cuestionamiento vivo y cotidiano, ¿los hijos, con su actuar, necesidades y conductas «moldean», dictan, modifican el tipo de educación que cada uno requiere y, ser padre solo es estar atentos a ese diálogo afectivo?
¿La paternidad nos ubica entre el Saturno devorando a sus hijos y el matar al padre?
¿Para evitarles el trabajo a mis hijos, siguiendo a Freud, yo mismo me he encargado de matar al padre que soy?
Como padre, ¿qué les doy, qué les dejo?
¿Los abandono en medio del bosque con migas de pan en sus bolsillos?
¿A veces el no darles es una forma de enfrentarlos a límites y posibilidades que los preparan mejor que solucionarles siempre las situaciones que enfrentan y se inventan?
¿Sigo la falacia clasemediera: ya que no puedo heredarles bienes, me voy por abstracciones como dejarles una educación profesional, ciertos valores y mucho afecto?
¿Saber que lo que elijo para mí, es diferente a lo que elijo para ellos?
Mi práctica tal vez no me ha llevado a una vida cómoda o tranquila, ¿por eso tengo que arrastrarlos a ellos hacia esa misma intranquilidad?
¿Hasta dónde habrá que darles una formación que les genere preguntas o certezas, afirmaciones que les den seguridad absoluta, sólida, incuestionada?
¿Mandamientos incuestionables o la flexibilidad para esquivar y avanzar en este campo de minas que es la vida?
¿Hasta dónde debo obligarlos/conducirlos a ser una reproducción de mis problemas, ideologías, laberintos y hasta dónde debo liberarlos para que construyan y resuelvan los suyos?
La vida nos enfrenta a una infinita y permanente petición de decisiones, de asumirlas y hacerse responsables. A dilemas morales y diálogos con los otros que limitan nuestro actuar.
¿Cómo enseñarles el límite entre la tolerancia y la negociación sin nombrar o definir una lista de lo que se tiene que tolerar y a lo que no se puede ceder en cualquier negociación?
¿Como padre me define más lo que no he hecho que ante lo que dudo en este permanente cuestionamiento?
Desde niños, donde me he sentido más cercano a su afecto es a través del juego. Abrevando en esa magia de imaginación y azar que tal vez es la que nos prepara para responder a los vacíos y presiones de la vida.
¿La paternidad es siempre una aceptación de nuestra ingenuidad?
Eduardo Ramírez es editor, autor, maestro y asesor de proyectos. Escribe porque no aprendió a andar en bici y ve la televisión tratando de entender al ser humano y no aburrirse. Editó velocidadcrítica de 2000 a 2007. Publicó los libros El Triunfo de la cultura y El Cuauhtémoc de Troya. Ha escrito columnas y capítulos de libros en México y España. Lo han corrido de todas las universidades de Monterrey.
Foto: MuffinLand | Pexels.



