Por Teresa Martínez
Ya pasó una semana desde el concierto de David Byrne en Monterrey y aún no lo puedo superar.
Ese mismo día lo vi entrar al museo. Aturdido por el calor, se quitó el sombrero de pescador y se acomodó el cabello, que rápidamente recuperó la forma de su clásico peinado.
Llevaba varias semanas agobiada: cosas que no salían, un gasto tras otro, mi papá enfermo, sin dinero y sin ánimos. Estuve a punto de no ir al concierto, pero después de verlo ese día por la tarde me decidí.
Hace ocho años me arrepentí de no haber asistido a uno de los conciertos de su American Utopia World Tour. Después vi los videos: un escenario delimitado por tres cortinas de cadenas. Los instrumentos y micrófonos inalámbricos permitían tanto a Byrne como a sus colegas desplazarse con libertad. Todos vestían trajes grises; el color del espectáculo provenía de los cambios de luces.
Para esta gira, con la que promueve su más reciente álbum Who Is The Sky?, el escenario estaba rodeado de pantallas donde se mostraban gráficos e imágenes. Abrió con “Heaven” y el fondo era el de la Tierra vista desde la Luna. “El planeta es lo único que tenemos”, dijo el vocalista tras la canción, y le siguió con “Everybody Laughs”. Su setlist mezcló canciones de su carrera como solista con algunos éxitos de Talking Heads: “Strange Overtones” con un paisaje citadino de fondo, luego “Houses in Motion” con un gráfico de un suburbio norteamericano en movimiento.
Para este nuevo show, todos estaban uniformados de color anaranjado. La vestimenta tiene que ver con homogeneizar al artista, a los músicos y a los bailarines. A veces se destacaba a Byrne mediante la iluminación, o en otras, se concentraba en alguno de los músicos que realizaba un solo o en algún bailarín que acompañaba al cantante. Era una forma de resaltar la colaboración que implica la música en vivo: Byrne es el famoso, pero se asegura de darle crédito a sus compañeros de escena.
La tecnología inalámbrica era parte fundamental del espectáculo: los músicos se desplazaban y en varios momentos se unían a la coreografía de los bailarines, sincronizándose con los gráficos y la música. Cuando tocaron “Psycho Killer”, una enorme equis blanca resaltó en el escenario y todos estaban en su posición. Durante “Independence Day”, en la pantalla se mostraron los nombres de cada individuo en escena, moviéndose dependiendo de su ubicación. También, en “Like Humans Do”, la coreografía del video, donde la banda portaba cabezas de diferentes animales, era casi idéntica a la que realizaban en vivo.
Tanto esa proyección como otras resultaban casi envolventes: el paisaje de un bosque en “This Must Be the Place” o la imagen de 360 grados del apartamento del artista, cuando cantó “My Apartment is My Friend”. En esta canción compartió una anécdota: durante la pandemia disfrutó su departamento y notó ese privilegio cuando presenció una pelea en el supermercado.
Y, aparte del espectáculo, el escocés demostró ser un buen narrador. Habló de cuando, en Italia, los cantantes ofrecían espectáculos desde sus balcones durante la pandemia, también de cómo había confundido la arquitectura de Barragán con la de Legorreta. Esa fue otra manera de conectar con el público, pues además fue atendido por una buena parte de la escena cultural de Monterrey: artistas, escritores, productores, cantantes, DJs, músicos, editores y camarógrafos.

Salí del concierto estimulada. En Byrne hay un sentido optimista hacia la vida y lo cotidiano, sin dejar a un lado los problemas sociales. Apuesta por la humanidad pese a sus defectos y debilidades. Da esperanza en medio de un mundo atravesado por tensiones políticas y sociales, como lo mostró en los mensajes durante “T-Shirt” o en las escenas de las protestas por la migración, que no dejaron de ser contundentes, pero con una estética bien cuidada.
Después de todo el agobio, pude ir al concierto y pensar que, en realidad, no todo está tan mal. Son cosas que pasan. Lo importante sigue presente, sigue funcionando, sigue de pie y sigue latiendo.
Teresa Martínez (Nuevo León, 1985) es periodista freelance que ha colaborado en distintos medios corporativos y culturales como El Norte, Reforma, La Tempestad, Revista Replicante, Vida Universitaria y Leer Mejora tu Vida. Es egresada de la licenciatura de Artes Visuales de la UANL. Organizó y editó un diálogo que moderó entre los colectivos de artistas Tercerunquinto y marcelaygina, publicado en el libro Nos gustaría contestar algunas preguntas. Colectivo marcelaygina 1997-2010 (MARCO-UANL, 2023). Se desempeñó como reportera durante 14 años en el periódico El Norte, donde produjo y realizó el programa Visita Guiada, una serie de videos acerca de las exhibiciones en museos, y en 2019 editó la revista Miradas. En 2016 fue galardonada con el Reconocimiento a la Excelencia en el Desarrollo Profesional de la UANL. Actualmente, es coordinadora de atención a medios en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey.
Fotos: Teresa Martínez


