Hay algo podrido en Los Santos: Grand Theft Hamlet

La metáfora de Calderón de la Barca del mundo como un gran teatro, que resonó también en el famoso monólogo de Macbeth, un lugar común, tiene una reinterpretación novedosa cuando hablamos del mundo caótico de GTA.

abril 28, 2025

Por Daniel Espartaco Sánchez

De buenas a primeras, pensar en una representación de Hamlet dentro del mundo virtual de Grand Theft Auto (mejor conocido como GTA) suena a un mero truco, un gimmick para atraer audiencias atiborradas, pero sedientas de novedades. Cualquiera que haya jugado GTA sabe de qué estamos hablando: un gigante y caótico lugar donde todo el mundo quebranta la ley, donde los jugadores se disparan los unos a los otros (gran parte de ellos niños asiáticos de cinco años), roban autos, helicópteros, y maltratan a los cada vez más realistas NPC (non playable character), que algún día espero se rebelen contra los humanos. Hablamos de un tema que han desaprovechado tristemente, dentro de la ficción, intentos como Free Guy de Ryan Reynolds o Ready Player One. Pero Grand Theft Hamlet es diferente, se trata de un documental acerca de dos actores que, durante el lockdown de Londres durante la pandemia de Covid-19, se quedan sin trabajo y recurren a GTA para hacer más llevaderas las horas de tedio y ansiedad, junto con otros millones de jugadores virtuales en todo el mundo (yo sobreviví gracias a Legend of Zelda: Breath of the Wild y al menos sofisticado Space Invaders) y ya se sabe, tomorrow, and tomorrow, and tomorrow creeps in this petty pace from day to day to the last syllable of recorded time… No puedo sino expresar mi entusiasmo por Shakespeare en todas sus formas, y el entusiasmo que alguna vez tuve por GTA.

            Sam Crane y Mark Oosterveen son dos actores sin empleo que en el pináculo del tedio se reúnen a jugar dentro del mundo virtual de Grand Theft Auto. Deprimido, Crane es perseguido por la policía dentro del juego y en su huida descubre el teatro al aire libre de Vinewood en Los Santos, la versión del juego de Hollywood. Es ahí donde a Crane, como buen inglés, se le ocurre la aparentemente ociosa idea de representar a Shakespeare. Pero lo que comienza como un juego se vuelve un proyecto más que serio e irrealizable. Crane invita a su esposa, Pinny Grylls, a dirigir un documental sobre esta muy difícil tarea, si tomamos en cuenta, por ejemplo, la tosquedad de los llamados avatares, su nulo manejo expresivo y que, no puedes andar por ahí queriendo representar a Shakespeare en un oeste salvaje donde en cualquier momento puede aparecer un niño asiático de cinco años en un helicóptero o en un caza Harrier y volarte la tapa de los sesos de un tiro o un misil a chorro. El resultado al principio es hilarante, Crane y Oosterveen intentan convencer a un montón de locos de que los ayuden a representar Hamlet y como premio reciben puñetazos y disparos en medio del caos del servidor. Existen toda clase de momentos decepcionantes también, pero a fuerza de perseverancia se van encontrando, poco a poco, con esa otra clase de locos, los entusiastas de Shakespeare (bendícelos, Dios), toda clase de desempleados que también están padeciendo el encierro. Comienzan los ensayos en diferentes lugares de Los Santos mientras se forja una amistad. Cabe cuestionar hasta qué punto se trata de un documental, pues el filme cumple sospechosamente con los ires y venires de una trama de ficción, incluyendo el giro en donde todo-está-perdido cuando, quien interpreta al melancólico príncipe de Dinamarca, consigue un empleo en la vida real y debe dejar la obra (Why should I play the roman fool and die on my own sword?); cabe cuestionar también sí esto importa realmente… no puedo describir el resultado sino como encantador.  

            Pero más allá de lo pintoresco o anecdótico de lo anterior, o que incluso resulte vulgar a los puristas, el formato escogido pone a prueba a William Shakespeare en tiempos tan convulsos. El texto es tan poderoso que se abre camino entre tanto galimatías para imponerse con la resonancia de siempre. La metáfora de Calderón de la Barca del mundo como un gran teatro, que resonó también en el famoso monólogo de Macbeth, un lugar común, tiene una reinterpretación novedosa cuando hablamos del mundo caótico de GTA, que no es sino un simulacro del real de Jalisco, Michoacán, Gaza, Ucrania, Sudán; del mismo Estados Unidos, donde puedes comprar un fusil de asalto y munición en un supermercado y volverte el asesino de masas del momento, ya sea en un concierto, un cine o una escuela —un cuento contado por un idiota— lleno de sonidos y furia, y que nada significa. Luego de una supuesta pelea con su esposa, Pinny Grylls, que le recrimina pasar tanto tiempo dentro de GTA, Crane decide que él tendrá que interpretar a Hamlet. Y es en esta parte, cuando el monólogo del príncipe resuena con notas nuevas dentro del simulacro. Grylls hace un excelente trabajo al seleccionar los hermosos paisajes que ofrece el juego, en donde hasta el clima puede variar, con tomas del atardecer y el amanecer en diferentes locaciones, y los diálogos tomados al aire de los NPC; también al capturar distintas tomas del rostro de los mismos, que simulan ser empobrecidos drogadictos de la América profunda o rural, cuyas patéticas expresiones de la pobreza nos hacen cuestionarnos como cultura qué sentido tiene esta representación naturalista, si no habrá cierto cinismo o sadismo en los desarrolladores del juego enriquecidos por sus millones de usuarios. GTA es un negocio billonario. En Grand Theft Hamlet hay crítica, por supuesto, pero no hay respuestas sencillas. The rest is silence.

¿Vale la pena verla?  Sí, es más realista que Shakespeare enamorado.

Daniel Espartaco Sánchez (1977). Es autor de varios libros, el último se llama Los nombres de las constelaciones. Ha ganado muchos premios literarios, pero no le gusta presumirlos. Lleva más de un año con la Clínica de Narrativa, un espacio virtual y físico de lectura y reflexión acerca de la escritura creativa. Vive en la colonia Narvarte, el único territorio con el que se identifica hasta el momento.

Foto: Tull Stories | Mubi.

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