Locas de atar

María Luis Mendoza e Hilda Hilst pudieron haber sido fácilmente amigas. Me las imagino fumando y carcajeándose frente al cuaderno, pícaras; mientras tratan de evitar la coherencia lógica y lineal de sus textos. Magas y locas.

noviembre 13, 2025

Por Minerva Reynosa

Segunda parte

I

María Luis Mendoza e Hilda Hilst pudieron haber sido fácilmente amigas. Me las imagino fumando y carcajeándose frente al cuaderno, pícaras; mientras tratan de evitar la coherencia lógica y lineal de sus textos. Magas y locas. Locas, loquísimas de atar. Y lo digo como un cumplido. Un par de escritoras contemporáneas tan cercanas como lejanas. Una en el estado mental de Guanajuato y la otra, en Campinas, Brasil. A las dos las persiguió el sol.

II

El sol testerea al animal lomo amielado, lo adelanta y baila tarantelas silenciosas en la alfombra, besa el pelerío leonado: María Luisa Mendoza.

En 1982 María Luisa Mendoza publicaba su tercera de cinco novelas: El perro de la escribana o las Piedecasas, en la editorial Joaquín Mortiz. El perro de la escribana es una novela de nueve residencias como capítulos, que cuenta desde la perspectiva infantil, la historia de una familia de tantas; registrando específicamente los permisos y limitaciones de las mujeres, referidas como Las Piedecasas. La narradora, Leona Piedecasas o “esta que escribo y hablo” o “la que escribe”; nos lleva de la mano a husmear los aparentes rincones de esas majestuosas como ya viejas moradas. Residencias donde los protagonistas y sus cosas van mutando a propósito del propio trayecto subjetivo de Leona. La estructura de la novela, con estos nueve domicilios, nos proporciona la oportunidad de reconocer el estilo formal de la autora. Esa manera personal y rebelde de su escritura, se muestra en las descripciones minuciosas de esos paisajes tan ficticios como reales; invitando a reconfigurar una memoria del pasado. Empleando, ya como marca  personal de su estilo, la reiteración, la digresión, la hipérbole, los neologismos, anacronismos e intertextos; para darle a su forma de narrar y discurso, un sentido más plástico, con más movimiento. Porque eso lo constatamos, la narrativa de María Luisa Mendoza es por capas, estratos y nada tiesa: Todavía estás bien, tú, quién lo iba a decir, la que no era gran cosa, feucha, huesuda, de hombros que se miden, y tan inteligente, mal de pocos, lucerón apabullante de ternura, impertinencia, descaro, atrevimiento, descalabro; imaginería: “está loca”, lecturas: “habla como novela”; tu necio pedir amor. Muchos mejor que las demás, multiparidas, gordas, como si una goma las hubiera borrado, como ojales sin botones, tediosas, sin ideas, ignorantes, entretenidas con fichas, naipes, rizadores, copas o quizá amantes, en la dejadura de irse carcomiendo cual viejas rancheras, incólumes a la vejez real, a las quemaduras, sin menear un dedo para complacer los incendios de la carne que ruge como un toro, torito mío condenado; compañeras de banca, colegio, universidades, secretos, violaciones, adulterios, de luciendo cueros escamosos, chongos y caireles, hediendo inopinantes y católicas en sus viajes a Las Vegas. Pérperas. Así, las Piedecasas o la misma narradora, son observadas y contadas por el desprecio histórico de lo femenino. En un ir y venir subjetivo, donde la cotidianidad perturba a la narradora y a la vez, su forma de pensar está atravesada por la carga moral, social y cultural. Lo cual, la hace una escribana segregada e incorrecta, que elucubra enfáticamente en soledad, los prejuicios del costo de ser ella misma. El perro de la escribana se contextualiza en distintos momentos históricos del México del siglo XX. Geográficamente sucede entre el estado de Guanajuato y la Ciudad de México; haciendo la contraposición constante entre la vida saludable de provincia y la azarosa, sin costumbres del espacio urbano. Realizando saltos temporales y cambio de voz narrativa —de tercera a segunda y algunas veces a primera. Haciendo descripciones vastas y puntuales de objetos, escenarios, modos. Así pues, los saltos temporales, la reconstrucción de la memoria y estas descripciones detalladas, son elementos que vincula con otros pasajes de anteriores textos; como su libro de cuentos Ojos de papel volando o la novela Con él, conmigo, con nosotros tres. Una escribana que escribe esta novela sobre su perro o sus perros, porque son dos, Dimes y Diretes; eternos acompañantes que observan pasar de generación en generación la turba familiar y sus historias, que es la historia mexicana y sus costumbres: Habría que no volver al pueblo nunca más. Se han borrado los apellidos que oí toda mi vida y con los que fueron a la escuela mis gentes de atrás, mis padres, mis abuelos, o se enlazaron con ellos, se multiplicaron cientos de vasos comunicantes-venas-niveles de mina. Vamos siendo los —las— Piedecasas nada, desconocidas, reproduciéndose y la alborada de la severa católica ciudad iluminada inundación de excrementos, vómitos, basuras, botellas vacías sobre los escalones del teatro más bello del Bajío; ruedan por los callejones cuerpos drogados, boquean en los túneles desconocidos viajeros, braman en inglés acuchillada, mujeres violadas. La vileza. Ya ni los pasos suenan igual.

III

Con mis ojos de perro me detengo frente al mar. Trémulo y enfermo. Arqueado, flaco, olfateo un pez entre maderas. Espina. Cola. Miro el mar pero no sé su nombre. Me quedo parado, chueco, y lo que siento tampoco tiene nombre. Siento mi cuerpo de perro. Hilda Hilst.

No me atrevería a escribir sobre Hilda Hilst, pero en todo caso lo intento. Porque las pocas lecturas que he hecho de su vasta obra, desde los títulos de los libros La obscena señora D, Cartas a un seductor, Cuentos de escarnio, El cuaderno rosa de Lori Lamby, Pequeños discursos. Y uno grande, Con mis ojos de perro; y sus primeras líneas, me siguen produciendo asombro y extrañeza. Sobre todo por el despojo de las categorías jerárquicas a nivel de la frase. Para unos será una excéntrica difícil, pero para mí, es más bien toda una insobornable. La novela corta Com os mes olhos de cao (1986) o en español, Con mis ojos de perro de Hilda Hilts; fue editada este 2025 por el Fondo de Cultura Económica y traducida por Paula Abramo. Esta novela cuenta la historia de Amós Kéres, un matemático profesor universitario que tiene una revelación, un día cualquiera, en lo alto de un colina. El narrador se da cuenta que la universidad, su profesión y la vida que lleva, no tienen ya ningún sentido para él. Estructuralmente, la obra tiene cambios en la voz narrativa, que salta de tercera a primera persona. Asimismo, la autora integra muchos neologismos inusitados y emplea una puntuación peculiar; tal como lo menciona Paula Abramo en la nota de traducción. Con mis ojos de perro es una novela compleja porque no cuenta linealmente sino fragmentariamente, la historia de un hombre con una profunda crisis moral en un estado de llamado místico. El matemático Amós Kéres, en ese estado de epifanía y claridad, resuelve el sentido de su vida; plasmando en poemas herméticos como reflexiones filosóficas, donde se entrevé la transgresión de su deber ser masculino, en la locura de la Búsqueda. Un texto intrincado que muestra la condición humana de manera cruda y grotesca. Una lectura imperdible para preguntarnos el qué, dónde, aquí: Amós Kéres. Desde aquí donde estoy puedo oírlo pensar desde la lucidez de un instante hasta la opacidad de infinitos días, puedo oírlo pensar en las diversas formas de locura y suicidio. La locura de la Búsqueda, ésa que está hecha de círculos concéntricos y nunca llega al centro, la ilusión encarnada ofuscante de encontrar y comprender. La locura del rechazo, de decir todo bien, estamos aquí y eso nos basta, nos negamos a comprender. La locura de la pasión, orden que aparenta ser luz en la carne, el caos que sabe a delicia, la idiocia que simula afinidades. La locura del trabajo y la posesión. La locura de ir hacia el fondo y luego mirar alrededor y ver el mundo sumergido en masacres y vanidad, estar absolutamente solo en los más hondo. ¿Está Amós? Desde aquí donde estoy puedo oírlo pensar ¿cómo debo matarme? ¿O cómo debo matar en mías las diversas formas de locura y ser al mismo tiempo compasivo y lúcido, creativo, paciente, y sobrevivir? ¿Cómo debo matarme?

María Luisa Mendoza (Guanajuato, Guanajuato; 1930-2018). Ensayista y narradora. Estudió Letras Modernas en la FFyL de la UNAM y Escenografía en la Escuela de Arte Teatral del INBA. Escenógrafa, periodista, comentarista de televisión cultural, diputada federal por el estado de Guanajuato, fundadora de El Día y Mujer de Hoy. Fue becaria del Centro Mexicano de Escritores en 1968 y miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Premio Magda Donato 1971 por su novela Con él, conmigo, con nosotros tres. Premio Nacional de Periodismo y Premio Bernal Díaz del Castillo 1972 por Crónicas de Chile. Premio de la SEP 1973 al mejor comentario televisivo sobre la drogadicción. Premio 1974 con mención honorífica a la serie de reportajes enviados desde la URSS a El Universal. Premio con mención honorífica Francisco Zarco 1975 para trabajo periodístico de mayor interés nacional. Presea Miguel Hidalgo y Costilla 1983, Congreso del Estado de Guanajuato. Premio Nacional de Periodismo 1984 por su programa Un Día un Escritor y por su trayectoria profesional. Premio Nacional de Novela José Rubén Romero 2001 por De amor y lujo. De Ausencia se reeditó en el 2019 en la Col. Vindictas, de la Dirección General de Publicaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Hilda Hilst (Jaú, 21 de abril de 1930-Campinas, 4 de febrero de 2004). Fue una dramaturga, cronista y poeta brasileña. Se graduó de la Facultad de Derecho de la Universidad de São Paulo en 1952; pero la lectura de la obra de Nikos Kazantzakis la influyó de manera profunda, por lo que comenzó a alejarse de la agitada vida de la ciudad. En 1964, dentro de la finca de su madre, comenzó la construcción de la llamada Casa del Sol, un espacio dedicado a la inspiración y la actividad literaria, donde residió hasta el final de su vida. Su obra de estilo propio, escritura libre y sin moldes; precoz para la época. Es considerada una de las más influyentes del siglo XX en lengua portuguesa.
Minerva Reynosa. Poeta, profesora y gestora cultural. Es autora de más de diez títulos de poesía. Su obra ha sido merecedora al Premio Regional Carmen Alardín 2006 y Premio Nacional de Poesía Clemencia Isaura 2020. Actualmente colabora con Benjamín Moreno en el proyecto de experimentación textual, visual y tecnológico Benerva! Tiene con la poeta y traductora Paula Abramo; y Efraín Velasco, poeta y diseñador, Muiraquiā: Proyecto Fanzinero de Poesía. El cuál se dedica a publicar poesía brasileña al español en México y otras poéticas liminales. Es docente online, consultora de literatura, gestora de distintos proyectos de sensibilización de la poesía y pertenece al Sistema Nacional de Creadores de Arte. IG: @minerva.reynosa

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