Por Francisco J. Serrano
Era roja, tenía la pintura
gastada por el sol, corta la caja,
de lujo para el hombre que trabaja;
tanques de gas y víveres traía;
ya era un modelo viejo en esos años;
si se descomponía
siempre mi padre pudo repararla.
Cómo no recordarla:
cuando traía redilas
jugábamos en ella los huerquillos,
y era de diversión una locura;
cuántos juegos brutales y sencillos
y carcajadas como retahílas.
Un día, en mi cumpleaños,
de ella bajaron una bicicleta:
con esa bici extraña trucos hice
y fui el niño más raudo del planeta.
Varias veces, cual tribu de gitanos,
bajo el camper viajé con mis hermanos,
y hasta el perro se fue de vacaciones
(se fue siguiéndonos y lo subimos).
Nunca lujos tuvimos
pero esa troca vieja
era de la familia, nunca quise
que tuviéramos una más reciente.
Después, cuánta congoja, cuánta queja.
Me llena de ilusión si hay una en venta
y más si la conservan reluciente
de arriba a abajo y de derecha a izquierda,
no la olvido por miles de razones,
y hasta la marca siempre me recuerda
a mi padre y su vieja Ford 70.
Francisco J. Serrano escribió los libros de poesía Bóreas y el sol y Plaza de la luz, publicados por Posdata Editores. Su obra aparece en la antología Sextinas. Pasado y presente de una forma poética, editada por el sello español Hiperión. Es miembro del grupo de improvisación musical y poética Rib Eyes Band. Conserje.
Imagen: Tom Fisk | Pexels.



